Deportes
elsalvador.com

deportes@elsalvador.com
Contáctenos

Bajo un cielo de estrellas

Colonia recibe a sus visitantes con la imagen de Beckham, Kaká, Ballack y Messi, entre otros, en una pintura al estilo de los frescos de la Capilla Sixtina

Publicada 7 de junio de 2006

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez


Parece Roma. Pero no, es Colonia. Apenas uno pone un pie en la estación de trenes de Colonia, una de las 12 ciudades sedes del Mundial, es imposible evitar la tentación de imitar al resto y mirar hacia arriba.

Después de levantar la vista, uno entenderá por qué más de un centenar de personas hacen lo mismo. Como si fuera uno de los frescos de la Capilla Sixtina, aparecen en la cúpula las figuras de David Beckham, Lionel Messi, Zinedine Zidane, Kaká, Juan Román Riquelme y Michael Ballack, entre otros. Se trata de una publicidad de Adidas que evidentemente ha logrado su propósito: captar la atención de los viajeros.

A dos días del arranque de la Copa del Mundo, los viajeros -al menos en Colonia- todavía no son los que vienen a ver los partidos. Esos, como siempre, llegarán a lo sumo un día antes del primer juego aquí, que es el domingo. El tránsito de gente lo componen alemanes que van y vienen de sus trabajos y también los turistas tradicionales, esos que de casualidad coincidirán con el Mundial. De hecho, entre los pocos que ignoraron por completo las monumentales pinturas de Beckham y compañía en el techo se encontraba un numeroso grupo de ciudadanos de la India. A ellos les importa el cricket y nada más. No sabrían distinguir a Zidane de Mario Elías Guevara.

Cuando el recién llegado atraviesa la sala central, paso obligado antes de salir a la calle, una orquesta integrada por nueve personas entona el himno de la FIFA. Como para que no queden dudas de que aquí se jugará un Mundial. La única que parece no celebrar esas melodías es la señora que atiende el puesto de venta de café y de croissants ubicado a unos metros de allí. Está cansada de escuchar todo el tiempo lo mismo. Casi al lado está el stand de la FIFA en forma de pelota, donde el visitante recibe todo tipo de instrucciones menos la más importante: cómo conseguir un boleto para ver un juego.

En Colonia todavía quedan cosas por hacer antes del Mundial. En la plaza contigua a la famosa catedral -la misma donde el año pasado Benedicto XVI reunió a cientos de miles de jóvenes- tendrá lugar la fiesta paralela, donde además de observar los partidos habrá música y baile hasta que se ponga el sol. Los trabajadores están poniendo a punto el escenario.


En tanto que en el estadio, a unos 20 minutos en carro desde el centro, sólo se hacen retoques: están instalando las expendedoras de gaseosas y también los scanners donde deberán pasar todos los espectadores, tal como si estuvieran en el aeropuerto. El centro de prensa y otros salones, en cambio, ya habían sido montados hace un año, cuando fue una de las sedes de la Copa de Confederaciones.

Tampoco ha sido masiva la llegada de periodistas, a tal punto que el chofer destinado a transportar a los representantes de los medios de comunicación entre la estación de trenes y el estadio -hay un carro cada hora- viaja completamente solo la mayoría de las veces.

Mientras esperan la invasión de aficionados para los próximos dos días, el debate de los locales pasa por la situación de la selección de Alemania y sus altibajos. “Estos no pasan de la primera ronda...”, asegura Hamil, un inmigrante tunecino que es empleado en un cyber café, y señala al dueño del lugar, que está de espaldas, y es alemán hasta la médula. Ya en confianza, aunque no se lo cree ni él, concluye con una sonrisa: “Este es el Mundial de Africa... Túnez va a ser el campeón del mundo”.


| Portada | Subir |