
JAPÓN
El brasileño Zico confía en una buena actuación.
Zico rebosa confianza: el brasileño cree que Japón llevará un "equipo ideal" a Alemania 2006 y que llegará aún más lejos que en el Mundial anterior, del cual fue co-organizador con Corea del Sur, y en el que alcanzó los octavos de final.
A diferencia de su antecesor en el puesto, el francés Philippe Troussier, amante de la táctica y la estrategia, el brasileño Zico prioriza como entrenador de Japón la libertad en el campo de juego y fuera de él: deja que los futbolistas se juzguen a sí mismo, repasen las jugadas y resuelvan los problemas conversándolos entre compañeros.
Zico -en sus tiempos de jugador llamado "el Pelé blanco"- nunca había dirigido un equipo antes de asumir la conducción de Japón, tras el Mundial 2002. Y supo ganarse la confianza de la prensa y de los hinchas al lograr sin inconvenientes el pasaporte para Alemania 2006.
Sin embargo, también se dejan oír algunas críticas: algunos puntualizan que la actitud de Zico de mantener el mismo equipo durante todo el partido -salvo en caso de lesión- limita las posibilidades de los miembros del plantel que no son titulares.
Además, ciertos críticos objetan que Zico cambie su estrategia imprevistamente, lo cual -dice- llevaría confusión a los jugadores.
El entrenador brasileño mantiene prácticamente la misma formación de su predecesor, aunque con una diferencia: ha apostado por la sociedad entre la estrella del Bolton Wanderers inglés Hidetoshi Nakata y Shunsuke Nakamura, del Celtic Glasgow, algo evitado por Troussier.
Nakata es más fuerte físicamente, tiene explosión y hace un mayor aporte a la hora de defender, mientras que Nakamura descolla por sus variantes técnicas. La idea de Zico es que ambos se complementen en el rol creativo, sin que por ello se neutralicen las mejores armas de cada uno.
El optimismo de Zico de cara a Alemania 2006 se cimenta además en el rendimiento de Shinji Ono, pese a que regresó a Japón después de una experiencia fallida en el Feyenoord holandés.
Ono es clave en el esquema de Zico, por su buen instinto, que lo lleva a realizar asistencias exquisitas, verdaderos estiletazos al corazón de los equipos rivales. Además, la influencia que ejerce sobre el grupo es fundamental para mantenerlo unido.
El entrenador de 52 años cree que tiene la máquina aceitada y que sólo hace falta darle los ajustes finales. "En estos tres años siento que alcancé el modelo ideal que bosquejé al principio", aseguró recientemente. A partir de junio se sabrá si ese "modelo" es el del éxito.