
HAMBURGO
Un estadio que intenta modificar su mala fama.
"Es un frigorífico" se quejó el entonces técnico de la selección alemana Franz Beckenbauer. Sus pupilos acababan de caer 2-1 ante el archirrival Holanda en las semifinales de la Eurocopa 1988, y el "frigorífico" era el estadio del Hamburgo.
No era la primera vez que el once germano sufría una derrota sonada allí. En el Mundial de Alemania 1974, el combinado de Alemania Oriental se impuso por 1-0 ante los dueños de casa. El revés, sin embargo, les evitó medirse con Brasil en un cotejo eliminatorio y allanó el camino para el segundo título mundial.
Pero eso es historia, y Hamburgo quiere hacer borrón y cuenta nueva en 2006. Para ello fue erigido un modernísimo estadio, que había sido planificado aún antes de que la FIFA escogiese a Alemania como sede del Mundial.
En 1998 se comenzó con las tareas de demolición del antiguo estadio que había sido construido en 1953 en el oeste de la ciudad con los escombros de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
En su lugar se alzó un modernísimo templo de forma ovalada con un costo de 97 millones de euros (114 millones de dólares). La orientación del campo de juego se modificó en 90 grados para permitir una mayor radiación solar y se reconstruyeron las gradas, que ahora están completamente bajo techo.
El estadio de Hamburgo tiene un aforo de 51.055 localidades, que será reducido a 45.442 para el Mundial. Los hinchas más adinerados podrán seguir los partidos desde alguno de los 50 palcos privados, en los que tienen cabida entre diez y veinte personas.
El estadio cuenta además con un museo y un restaurante, además de una gigantesca escultura de cuatro toneladas de bronce del pie de Uwe Seeler, el mítico delantero del Hamburgo y de la selección alemana, hoy presidente honorario del club.
La UEFA elevó la AOL Arena a la categoría de cinco estrellas, la máxima calificación que otorga la entidad. En Hamburgo se disputarán cuatro partidos de fase previa y uno de cuartos de final.