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ESPAÑA

Dueña de una gran Liga, España sigue sin querer a su selección.

Se acabaron los tiempos en los que España acudía a un torneo con la etiqueta de aspirante al título. Sus últimas decepciones y su costosa clasificación para el Mundial dañaron su orgullo y el combinado de Luis Aragonés viajará a Alemania lleno de humildad e interrogantes por resolver.

Se suceden los entrenadores y nada cambia en una España pintada con tonos ocres. Su clasificación para la cita alemana fue un cuadro de dolor, resuelta en una fatídica eliminatoria de repesca que casi sonó a castigo.

Venció con comodidad a Eslovaquia, pero aquello se vio más como una obligación que como un éxito. 

"Estoy contento por mis jugadores, por mi país y por mí mismo. Llevo toda una vida dedicada a esto, hemos cumplido con un deber y punto. Llevamos años acudiendo a estas citas y estábamos obligados a hacerlo", dijo un Aragonés sin el menor atisbo de euforia tras superar la repesca. 

Aquella eliminatoria fue la guinda a un pastel insípido, la constatación de que España lleva años alejada de la elite a pesar de lo que diga el extraño ranking de selecciones diseñado por la FIFA. Son demasiadas decepciones como para confiar en una selección que acudirá a Alemania como "tapada". 

Aragonés se hizo cargo de la selección al término de la Eurocopa de Portugal, cuando el clamor de la hinchada echó del puesto a Iñaki Sáez, a quien la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) había renovado su crédito. La eliminación de España en la primera ronda desató las iras de la prensa y se pidió el despido de Sáez con tantos gritos que la RFEF no tuvo más remedio que claudicar. 

Aragonés afrontó el reto como el último de su larga carrera como entrenador, una especie de "retiro por la puerta grande". Algunas cosas han cambiado desde entonces, comenzando por el grupo de jugadores, y especialmente en las últimas convocatorias, aunque más invariable se mantiene la respuesta de la hinchada, que sigue muy alejada de la selección. 

El técnico apostó por rejuvenecer  el equipo después de la agónica fase de clasificación e introdujo nombres como los de Cesc, Andres Iniesta o David Villa, además de renovar algunas caras, como la del brasileño nacionalizado español Marcos Senna . A unos les motiva, otros creen que es un "brindis al sol". 

Los jugadores españoles se esfuerzan por pedir un voto de confianza a su sufrida hinchada, con el capitán Raúl a la cabeza. "Vamos a ir al Mundial para ganarlo. España tiene el mejor grupo de futbolistas que he visto nunca y no iremos a la cita para pasar unas vacaciones", dijo el delantero madridista, que sin embargo se ha convertido en otra de las preocupaciones en la mente del seleccionador. 

El capitán de la selección sufrió en su rodilla a mediados de noviembre la peor lesión de su carrera, que le obligó a pasar tres meses de baja y plantea dudas sobre su nivel en el Mundial. Parecida es la situación del cerebro del Barcelona, Xavi, que se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha y se perdió prácticamente toda la temporada. 

La afición comprueba con un enorme escepticismo las posibilidades de la selección. "Pasaremos la primera ronda y después nos marcharemos en una tanda de penales", es el dicho más popular que se maneja entre los más de 40 millones de españoles, dueños de una de las ligas más potentes del mundo pero huérfanos de alegrías a nivel internacional. 

España jugará su octavo Mundial consecutivo y el undécimo de su historia, pero su mejor resultado data de 1950, cuando terminó en cuarto lugar en Brasil. Desde entonces, nunca pasó de cuartos de final. 

Aragonés tendrá que trabajar para tapar los huecos del equipo, que adolece de inconsistencia y falta de gol. Los futbolistas tampoco se libraron de las críticas y los analistas insisten en que los jugadores españoles están sobrevalorados y no tienen capacidad para competir en grandes citas. En esas condiciones, la esperanza parece haberse volcado en la fulgurante aparición del centrocampista del Arsenal Cesc Fabregas, que a sus 19 años insufló frescura al equipo. 

"Queremos estar cerca de los mejores. Hablo de selecciones como Brasil, Argentina o Italia, equipos que siempre llegan arriba. Y creo que tenemos posibilidades de conseguirlo", anunció Aragonés. Si no lo consigue, según dijo el propio seleccionador, la RFEF deberá buscar un nuevo entrenador.

 



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