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COSTA DE MARFIL

De los cinco equipos africanos, Costa de Marfil tiene probablemente la mejor mezcla de profesionales contrastados y jóvenes valores.

Los "Elefantes" de Costa de Marfil ascendieron a los cielos tras regalar a sus compatriotas la primera clasificación para un Mundial de fútbol.

"Es un acto de Dios", dijo un emocionado Jacques Amouma, presidente de la Federación de Fútbol de Costa de Marfil, al invitar a los principales imanes y sacerdotes a rezar por el equipo después de lograr en octubre el pase a Alemania 2006 en el último suspiro.

La clasificación fue lo más dulce que ha saboreado últimamente la población marfileña, harta tras tres años de una guerra cívil que dividió el país, en un tiempo el mayor productor de cacao del mundo, en un norte dominado por los rebeldes y en un sur controlado por el gobierno.

El presidente Laurent Gbagbo agasajó a los miembros del equipo con suntuosas villas y el equivalente en el país a un título de caballero, pero los jugadores, respaldados por su triunfo histórico, respondieron con una nota más sombría.

"Señor Presidente, los jugadores me pidieron que le dijera que lo que más quieren ahora es que nuestro país dividido vuelva a ser uno", dijo Amouma en una cena celebrada en el palacio presidencial.

Los marfileños mostraron justo lo que pensaban de la clasificación al Mundial echándose a las calles de Abidjan para festejar durante dos días seguidos en un extraño ambiente de armonía en una capital profundamente dividida.

Hombres y mujeres se driblaron con balones imaginarios mientras bailaban el "Didier Drogba", el estilo de danza más popular actualmente en el país, bautizado así en honor del delantero del Chelsea que lideró al equipo hasta Alemania.

Sólo en Bouake, la capital del norte controlado por los rebeldes, fueron las celebraciones más comedidas, aunque únicamente porque la población predominantemente musulmana estaba observando entonces el mes santo del Ramadán.

Sin embargo, el mayor ausente en la celebraciones fue el seleccionador, el francés Henri Michel. "Los jugadores, que son los verdaderos héroes, tienen que poder disfrutar este momento con el pueblo de Costa de Marfil", dijo desde Francia.

Consciente del fuerte sentimiento antifrancés que domina el país, que forzó a miles de ciudadanos de la antigua metrópoli a abandonar precipitadamente el país el año pasado tras producirse disturbios contra sus propiedades, Michel decidió no viajar a Abidjan con el equipo.

Los marfileños, locos por el fútbol, parecen haber decidido, sin embargo, que la guerra terminó. "Nuestros jugadores han decretado el fin de la guerra. Llegó el momento de la reconciliación", dijo un aficionado.

De los cinco equipos africanos clasificados para Alemania 2006, de los que cuatro son debutantes, Costa de Marfil tiene probablemente el equipo más competitivo, con una interesante mezcla de profesionales contrastados y jóvenes valores.

Michel tiene más que suficiente potencia de fuego y experiencia en su equipo como para causar más de una sorpresa en el Mundial de Alemania 2006. Drogba, que marcó nueve goles durante la clasificación, encabeza el ataque marfileño, donde también destaca Bonaventure Kalou, del Auxerre. Junto a ellos, Kolo Toure y Emmanuel Eboue, defensas del Arsenal, también agregan experiencia internacional.

Los africanos tienen asimismo un buen número de jugadores con talento deseosos de firmar un contrato en las mejores ligas de Europa como consecuencia de su rendimiento en Alemania.

Pese a su abundancia de talento y al magnífico comienzo de su campaña clasificatoria, los marfileños estuvieron, literalmente, a centímetros de quedarse fuera del Mundial.

El equipo de Drogba fue objeto de todo tipo de elogios durante la clasificación, pero su última derrota ante Camerún dejó el pase a Alemania en manos de sus rivales, que sólo dependían de sí mismos.

Costa de Marfil tenía que ganar a Sudán y esperar que Camerún, el equipo históricamente más potente de Africa junto a Nigeria, perdiera o empatara contra Egipto en Yaounde.

Drogba y compañía hicieron su trabajo al ganar 3-1 en Sudán, pero tuvieron que esperar para celebrar hasta que los teléfonos móviles empezaron a recibir las noticias del increíble empate de los cameruneses en su estadio. Mientras los marfileños lloraban de emoción, el camerunés Pierre Womé lo hacía de tristeza, pues había errado un penal en el último segundo que dejaba a los "leones indomables" fuera del Mundial.

El seleccionador Michel, que dirigió a la fabulosa Francia que hizo semifinales en México 1986, tiene un larga experiencia dirigiendo equipos en Africa.

"Estuve por aquí mucho tiempo y entrené a bastantes equipos", dijo. "Pero llevar a Costa de Marfil a su primer Mundial tiene un significado especial para mí".

La experiencia y astucia del técnico de 57 años podrían ser fundamentales en el camino de Costa de Marfil en Alemania. Tras entrenar tres equipos diferentes en Mundiales (Camerún, Francia y Marruecos), su profundo conocimiento del torneo más importante del mundo y su peculiares exigencias podrían bien ser la carta del triunfo que los "elefantes" necesitan para revolucionar la competición.


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