Durante la gestación y lactancia, la mujer debe tener una dieta alimenticia que le aporte los nutrientes necesarios para ella y el feto. Cualquier carencia afectará la talla y peso del bebé.
Angélica Santos
ayuda@elsalvador.com
El embarazo es una etapa en
la cual la mujer experimenta
cambios físicos y emocionales que se acentúan con el paso de los meses. Por ello, desde el momento en que inicia la gestación hasta el alumbramiento, es indispensable una alimentación equilibrada.
Si bien es cierto que en la mayoría de los casos muchas tienden a perder apetito y peso durante los primeros meses a raiz de las náuseas y los vómitos, esto no significa que deje de alimentarse de forma adecuada.
Es de rigor que la madre satisfaga sus demandas nutricionales y las del feto para un perfecto desarrollo. Además, al tener una dieta equilibrada ayuda a su organismo a prepararse para afrontar bien el parto y por consiguiente la lactancia.
A pesar de saber cómo alimentarse bien, muchas embarazadas reviven dos dilemas opuestos: comer por dos y reducir de forma drástica su alimentación. En el primero de los casos donde reina el exceso, se corre el riesgo de padecer de hipertensión arterial, más conocida como preclansia, o también desarrollar una diabetes gestacional.
El segundo drama es comer muy poco para mantener una figura envidiable después del parto. El rendirle culto al cuerpo, cosa muy de moda en estos días, resulta peligroso para la madre y el feto.
Con este pensamiento egoísta, la mujer dará a luz a un bebé con bajo peso y un alto riesgo para su salud y desarrollo físico y mental, aparte de exponerse a una anemia, así como a un sangrado durante el embarazo por la deficiencia de plaquetas. Ambos extremos son riesgosos y es de hacer notar que las necesidades nutricionales aumentan a partir del segundo trimestres, donde está permitido subir dos libras por mes y no más de 25 al aproximarse el alumbramiento.
“La ingesta de vitaminas, proteínas, fibras y líquidos debe estar considera en el menú diario de la mujer embarazada, pues desde que inicia el embarazo, surgen cambios que demandan de una nutrición balanceada”, sostiene Margarita de Villalobos, internista y nutricionista.
Es más dice, una alimentación saludable ayuda a la glándula mamaria a ganar el volumen para una mayor producción de leche. También, favorece el crecimiento del útero y la placenta. Aparte de una dieta equilibrada es recomendable mantener una actividad física moderada y evitar el sedentarismo.
El ejercicio favorece la capacidad de oxigenación, mantiene el metabolismo normal y aporta mayor capacidad de respiración.
TODO CON MODERACIÓN
Antes y después del parto toda embarazada debe establecer un menú de acuerdo con las necesidades nutricionales, pensando en ella y en su bebé que está en pleno desarrollo. Para garantizar un embarazo saludable es importante dejar el café, las bebidas alcohólicas y el cigarrillo.
Este último es letal para el crecimiento del niño porque contiene un derivado del cianuro, lo cual afecta el peso y talla. En cuanto al café y el licor, éstos provocan ansiedad en los pequeños y los vuelve irritables.
También está limitada la ingesta de carbohidratos por ser un detonante para una diabetes gestacional. Si no hay control, esto puede trascender al pequeño y según los estudios, los niños con más de ocho libras de peso son propensos a ser obesos o futuros diabéticos.
Para no correr riesgos futuros, siga al pie de la letra las indicaciones de su médico, tome las vitaminas pre natales y el ácido fólico. Una vez que dé a luz, consuma calcio para una mejor calidad de leche materna, complemente con una alimentación balanceada.
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