Muchas madres experimentan el síndrome del nido vacío. Es provocado por la partida de un hijo del hogar, ya sea para independizarse, establecer su propia familia o estudiar.
José Osmín Monge
ayuda@elsalvador.com
Sin la ayuda del que fuera su
esposo, doña Felícita Baires, de 74 años de edad, colmó de cariño y bendiciones a sus cuatro hijos. A ellos les dio la mejor educación, les brindó protección y se esmeró por darles la mejor crianza.
Ella siempre se sintió realizada con la misión que Dios le encomendó. Junto a sus retoños era feliz; sin embargo, esa felicidad se convirtió en lamentos cuando todos sus hijos emprendieron vuelo para hacer cada uno su propio hogar.
“Cuando mis tres hijos mayores se fueron experimenté una gran tristeza, pero ahora que el último se me ha ido siento que el mundo se me viene encima; él era lo único que me quedaba”, manifiesta con la voz entrecortada doña Felícita. Aunque sus hijos la visitan y a menudo le llaman por teléfono, ella se siente sola. Todos los días se la pasa deprimida, triste y con ganas de llorar.
“No tengo deseos de comer ni de hacer los oficios de la casa; ya no visito a mis amigas ni voy a la iglesia... tengo ganas hasta de morirme”, dice la angustiada madre.
COMÚN ENTRE MUCHAS
Según la sicóloga Anabel Aguilar, la partida de los hijos, sobre todo del menor, puede desencadenar, como en el caso de doña Felícita, una crisis personal llamada síndrome del nido vacío.
El desequilibrio se caracteriza por sentimientos de tristeza, desolación, inadaptación y falta de motivación, así como fatiga, ansiedad, inapetencia y desinterés por las actividades cotidianas.
Los que sufren este síndrome por lo general son mujeres que han centrado el eje de sus vidas en el cuidado y atención de sus hijos, y tras su partida han dejado de sentirse importantes y útiles.
“Este problema se presenta cuando hay un rompimiento afectivo entre la madre y el hijo; de no tratarse a tiempo puede llevar a consecuencias graves como el suicidio”, manifiesta la profesional.
A raíz de este síndrome, las madres viven un sentimiento de extrañeza, vacío y soledad, que genera expresiones como “la casa está sola”, “hay mucho silencio”, o la más usual, “falta algo”.
APROVECHE LA AUSENCIA
Para quienes están pasando por esta situación aquí están algunas sugerencias que harán de la transición un proceso sin mayores sobresaltos.
>> Aproveche su tiempo libre. Ahora que sus hijos están fuera de casa se sorprenderá de la cantidad de tiempo que posee. Encuentre un pasatiempo nuevo, únase a un club de lectura o de deporte, inscríbase en un taller de lectura o manualidades, practique danza o canto.
>> Apóyese en una amiga que esté experimentando una situación semejante. Juntas intenten brindarse ayuda y apoyo.
>> Sea amable con usted misma. Piense en maneras de hacer a un lado sus sentimientos del nido vacío. Consiéntase y mímese, esto puede levantarle el espíritu. >> Si usted extraña el estar con sus hijos, ¡ofrézcase como voluntaria de alguna organización que sirva a niños o jóvenes!
>> Mantenga el contacto con sus hijos, pero no de forma excesiva. Trate de apartar tiempo una vez a la semana para que ambos puedan convivir. |