Críticas
por los disturbios del FMLN en la sede de recuento
Malestar. Políticos y representantes
de gremiales de empresarios criticaron los hechos de violencia
protagonizados ayer por decenas de simpatizantes del Frente.
El Diario de Hoy
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| Agresión. Los efemelenistas
lanzaron bombas caseras contra la UMO. |
Los actos de violencia que cercaron anoche
a los vecinos del hotel donde se realizaba el recuento final
de votos ha generado las críticas de diversos sectores
de la sociedad.
El Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de
la Empresa Privada (ANEP), Raúl Melara, calificó
los hechos como una “mala señal para el inversionista
nacional y extranjero”. Melara afirmó que ahora
que el TLC es una realidad, “la única manera
de ser competitivos es respetando las instituciones, en este
caso, el TSE”.
Sobre la protesta de los efemelenistas, el Director Ejecutivo
de la Asociación Salvadoreña de Industriales
(ASI), Jorge Arriaza, opinó: “Es necesario garantizar
la libertad de expresión, pero en un ambiente de orden
sin afectar a terceros”.
Por su parte, la presidenta de la Cámara de Comercio,
María Elena de Alfaro, lamentó los desórdenes
que, dijo, “fueron originados por gente que no supo
esperar los resultados con la debida paciencia”. En
nombre de la gremial, De Alfaro instó a los partidos
políticos a respetar los resultados y a no lanzar amenazas
porque tarde o temprano se ven los resultados”.
Sobre la actuación de la Unidad de Mantenimiento del
Orden, el diputado pecenista Antonio Almendáriz consideró
que la policía “cumplió órdenes
y uso los medios a los que tiene derecho”.
Por el contrario, Sigfrido Reyes, vocero del FMLN, dijo: “Siempre
hay instancias y mecanismos para negociar y tomar acuerdos
y la policía no los utilizó”. Anoche,
Reyes le comentó al director de la PNC, Rodrigo Ávila,
“que ese tipo de acciones desprestigian a la policía”.
Sin embargo, Ávila aseguró que los manifestantes
estaban armados.
Análisis
¿Y AHORA QUÉ?
El conteo de los poco más de ochenta
votos impugnados en el municipio de San Salvador, fue una
especie de lenta tortura, capaz de destrozar los nervios del
más sereno de los involucrados en la disputa por la
alcaldía capitalina. A esto hay que agregar la exacerbada
tensión que provocó un exaltado grupo de efemelenistas,
dirigentes incluidos, que no entienden el juego democrático
y de inmediato llaman a la fuerza y la violencia.
Conocido el resultado final del conteo voto a voto impugnado
en el municipio de San Salvador, el país logró
respirar por salir de la situación potencialmente explosiva
a la que se le llevó. Pero esto ya es parte de las
anécdotas de las elecciones 2006, sin lugar a dudas
las más reñidas de la historia reciente. Más
allá del análisis matemático de los resultados,
hay cosas que están bastante claras. Los dos partidos
mayoritarios tendrán que mostrar capacidad de hacer
política estratégica para lograr acuerdos de
vital interés para la nación. Entre otras cosas,
El Salvador requiere de una profunda reforma electoral y política.
Sería muy superficial centrar las críticas por
las fallas, en el finalizado proceso, sobre las personas que
tuvieron responsabilidades institucionales en su conducción.
Peor sería, negar que hubo esas fallas y echar la basura
bajo la alfombra. Falta poco más de tres años
para un nuevo proceso electoral en el cual estará en
juego el paquete completo: Presidencia y Vicepresidencia de
la República, diputados y alcaldes. El tiempo es corto
para la reforma; sería riesgoso llegar con las mismas
falencias institucionales a ese trascendental evento.
Entre los temas a tratar, podría estar la composición
y el papel del Tribunal Supremo Electoral, ya que es claro
lo pernicioso del hecho que sean a su vez sus magistrados,
dirigentes de los partidos políticos. El potencial
conflicto de interés y hasta de conciencia que ese
doble papel produce en cada uno de sus miembros en momentos
como los vividos en estos días, es prácticamente
inevitable. Habrá que revisar también todos
aquellos aspectos contenidos en el código electoral
que no solo son inoperantes, sino que incluso podrían
estar reñidos con la Carta Magna, como lo han señalado
instituciones serias en el país.
La reforma debe considerar de una buena vez la frecuencia
de nuestros procesos electorales. Cada vez es más claro
que la cercanía entre una elección y otra no
sólo impide mantener un espíritu de armonía
en la nación, sino que por el contrario, exalta los
ánimos colectivos; es sumamente oneroso para las arcas
nacionales, amén de dejar emporcado el paisaje nacional.
Apenas se va retirando la propaganda de un evento, cuando
ya se está colocando la del que sigue.
Otros aspectos importantes dentro de la impostergable reforma
tiene que ver con la llamada representación proporcional
en el Órgano Legislativo. Seguir argumentando que los
diputados representan a grupos poblacionales determinados,
se vuelve irónica fantasía. Al no sentirse representados,
es lógico que los ciudadanos tengan una muy pobre percepción
de sus supuestos representantes y lo peor aún, es que
se vuelvan apáticos al proceso democrático.
Porque no es casualidad que en las elecciones de alcaldes
y diputados, baje la participación ciudadana de manera
considerable. El sistema de residuos y cocientes, por otra
parte, vuelve complejas e incluso extrañas las matemáticas
electorales.
Cabe también la posibilidad de evaluar la composición
de los poderes municipales en relación a la actual
realidad demográfica y económica del país.
Se debe pensar de manera sería, pero creativa y audaz,
en una nueva forma de composición del poder municipal
de cara a las nuevas realidades del país y del mundo.
La prueba se vuelve de fuego, porque se requiere de profunda
actitud democrática, respetar el estado de derecho
y enterrar la violencia.
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