Oh Cristo, creemos que tú eres el Hijo amado en quien el
Padre tiene todas sus complacencias, el Verbo eterno que se encarnó en
el seno purísimo de la Virgen María, el Redentor de la humanidad, el
Dios con nosotros que nos amas con corazón de hombre.
Tú revelaste a Santa Margarita María de Alacoque, los secretos de tu
corazón, en el que late la vida misma del Verbo de Dios, como símbolo
del amor misericordioso del Padre a la humanidad.
En tu costado herido
“hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (cf. 1
Jn. 4, 16).
Nuestros padres nos transmitieron la devoción al Divino
Corazón, manantial inagotable de vida eterna y prenda de esperanza para
los hombres y mujeres que hemos nacido en esta bendita tierra.
Desde
niños apredimos a venerar tu imagen entronizada en nuestros hogares, a
buscar en el sacramento de la penitencia el perdón de nuestras faltas y
a recibirte en el Santísimo Sacramento del altar, donde Tú permaneces
vivo para interceder por nosotros, especialmente en los Primeros
Viernes de mes.
Llenos de fe, de júbilo desbordante y de gratitud, nos reunimos ho en este templo consagrado a tu nombre y contemplamos tu Divino Corazón herido por nuestros pecados, lleno de bondad, de amor y de infinita misericordia. Tú eres el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Tú nos has amado hasta el extremo de morir por nosotros en la cruz.
Por nuestra parte, nos comprometemos a configurar nuestra vida con
el Evangelio, poniendo en práctica el mandamiento del amar a Dios sobre
todas las cosas y a nuestro próimo para que se instaure en nuestra
patria tu reino “de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de
justicia, de amor y de paz”.
Consagramos a tu Divino Corazón la Iglesia que peregrina en El
Salvador. Bendice cada uno de los hogares “iglesias domésticas“ para
que logren ser un reflejo del Hogar de Nazaret.
Te consagramos,
asimismo a todos los miembros del Pueblo de Dios; a los Obispos,
Presbíteros y Diáconos; a los Religiosos y Religiosas; a los miembros
de las comunidades parroquiales, de las asociaciones piadosas, de los
movimientos apostólicos y a todos los demás fieles laicos para que, con
ayuda de tu gracia, conozcamos el verdadero amor.
Te consagramos de
manera especial la Juventud, en cuyas manos quedará el futuro de la
Iglesia y de la Patria.
Conviértenos Señor en luz que ilumine la
creación cuya bondad y belleza ha quedado opacada por el pecado. Haz
que logremos entre todos construir la civilización del amor.
Consagramos a tu Corazón amoroso esta Patria querida: a los
gobernantes, para que trabajen siempre por el bien común;
a los
matrimonios y las familias, para que vivan y transmitan la fe forjando
en el corazón de las nuevas generaciones las virtudes humanas y
cristianas;
a los campesinos, obreros e inmigrantes, para que alcancen
un mejor nivel de vida y un pleno respeto de su dignidad y sus
derechos;
a los legisladores y a los profesionales de la salud, para
que respeten y defiendan la vida desde su inicio e el seno materno
hasta su conclusión natural;
a los que se dedican a la educación, la
cultura, el arte y a los medios de comunicación social, para que
contribuyan a un mejor y más armónico desarrollo de la sociedad
difundiendo auténticos valores;
a quienes logran avances científicos y
tecnológicos, para que protejan la naturaleza que has creado y
contribuyan al desarrollo integral de la persona y el fin trascendente
del hombre;
a los distintos constructores de la sociedad, para que
promuevan los principios básicos para la convivencia: amor, verdad,
justicia, libertad, paz, respeto, solidaridad; para que reines en todos
los ambientes de esta Nación.
Te adoramos como fieles siervos tuyos, te
pertenecemos y estamos resueltos a propagar tu Reino hasta que triunfe
y sea exaltado, reverenciado y amado tu Sacratísima Corazón en el mundo
entero, ofreciéndose gloria, amor y reparación.
CRISTO REY, desde ésta Basílica a Ti dedicada, cura las heridas y
enjuga las lágrimas de esta Patria, que goza de la protección de tu
Madre y Madre nuestra, Santa María Reina de la Paz, estrella de la
evangelización.
Gobierna con el suavísimo cetro de tu misericordia y
míranos con ojos benignos, extendiendo tus manos poderosas para
bendecirnos y protegernos de las asechanzas del mal, para que se supere
la violencia y el desorden social que nos aqueja en estas difíciles
etapas de nuestra historia.
Tú, Redentor amoroso de la humanidad, atrae a tu Corazón a los
pecadores, a los desorientados, especialmente a los jóvenes, algunos de
ellos, engañados con falsas doctrinas que los alejan de Ti.
Conserva en
nosotros la fe que hemos recibido de nuestros padres y que ha sido
sellada con la sangre de Mons. Romero, de sacerdotes y catequistas cuyo
ejemplo nos anima a la entrega generosa de nuestra vida.
Que tu Iglesia
Santa y Católica pueda trabajar en auténtica libertad, para
salvaguardar la dignidad humana de todos y ser un testimonio gozoso y
humilde de tu resurrección y de la salvación que nos obtienes.
Otórganos una santa muerte e introdúcenos en la herida preciosa de
tu Corazón para resucitar en Ti a la vida eterna.
CORAZÓN SANTO, TÚ REINAS YA. EL SALVADOR ES TUYO, Y SIEMPRE LO SERÁ.
¡VIVA CRISTO REY!
¡VIVA SANTA MARÍA REINA DE LA PAZ!
San Salvador, 14 de septiembre del 2006.
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