1.
Sagrado Corazón de Jesús, en quien haita toda la plenitud de la divinidad, mira al pueblo que lleva tu nombre, postrado en adoración delante del misterio de tu eterno amor que ha redimido al mundo, para consagrarte la Iglesia que peregrina en El Salvador y la Nación Salvadoreña.
Oh Cristo, creemos que tú eres el Hijo amado en quien el Padre tiene todas sus complacencias, el Verbo eterno que se encarnó en el seno purísimo de la Virgen María, el Redentor de la humanidad, el Dios con nosotros que nos amas con corazón de hombre.

2.
Tú revelaste a Santa Margarita María de Alacoque, los secretos de tu corazón, en el que late la vida misma del Verbo de Dios, como símbolo del amor misericordioso del Padre a la humanidad.
En tu costado herido “hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (cf. 1 Jn. 4, 16).
Nuestros padres nos transmitieron la devoción al Divino Corazón, manantial inagotable de vida eterna y prenda de esperanza para los hombres y mujeres que hemos nacido en esta bendita tierra.
Desde niños apredimos a venerar tu imagen entronizada en nuestros hogares, a buscar en el sacramento de la penitencia el perdón de nuestras faltas y a recibirte en el Santísimo Sacramento del altar, donde Tú permaneces vivo para interceder por nosotros, especialmente en los Primeros Viernes de mes.

3.
Llenos de fe, de júbilo desbordante y de gratitud, nos reunimos ho en este templo consagrado a tu nombre y contemplamos tu Divino Corazón herido por nuestros pecados, lleno de bondad, de amor y de infinita misericordia. Tú eres el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Tú nos has amado hasta el extremo de morir por nosotros en la cruz.

4.
Por nuestra parte, nos comprometemos a configurar nuestra vida con el Evangelio, poniendo en práctica el mandamiento del amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro próimo para que se instaure en nuestra patria tu reino “de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”.

5.
Consagramos a tu Divino Corazón la Iglesia que peregrina en El Salvador. Bendice cada uno de los hogares “iglesias domésticas“ para que logren ser un reflejo del Hogar de Nazaret.
Te consagramos, asimismo a todos los miembros del Pueblo de Dios; a los Obispos, Presbíteros y Diáconos; a los Religiosos y Religiosas; a los miembros de las comunidades parroquiales, de las asociaciones piadosas, de los movimientos apostólicos y a todos los demás fieles laicos para que, con ayuda de tu gracia, conozcamos el verdadero amor.
Te consagramos de manera especial la Juventud, en cuyas manos quedará el futuro de la Iglesia y de la Patria.
Conviértenos Señor en luz que ilumine la creación cuya bondad y belleza ha quedado opacada por el pecado. Haz que logremos entre todos construir la civilización del amor.

6.
Consagramos a tu Corazón amoroso esta Patria querida: a los gobernantes, para que trabajen siempre por el bien común;
a los matrimonios y las familias, para que vivan y transmitan la fe forjando en el corazón de las nuevas generaciones las virtudes humanas y cristianas;
a los campesinos, obreros e inmigrantes, para que alcancen un mejor nivel de vida y un pleno respeto de su dignidad y sus derechos;
a los legisladores y a los profesionales de la salud, para que respeten y defiendan la vida desde su inicio e el seno materno hasta su conclusión natural;
a los que se dedican a la educación, la cultura, el arte y a los medios de comunicación social, para que contribuyan a un mejor y más armónico desarrollo de la sociedad difundiendo auténticos valores;
a quienes logran avances científicos y tecnológicos, para que protejan la naturaleza que has creado y contribuyan al desarrollo integral de la persona y el fin trascendente del hombre;
a los distintos constructores de la sociedad, para que promuevan los principios básicos para la convivencia: amor, verdad, justicia, libertad, paz, respeto, solidaridad; para que reines en todos los ambientes de esta Nación.
Te adoramos como fieles siervos tuyos, te pertenecemos y estamos resueltos a propagar tu Reino hasta que triunfe y sea exaltado, reverenciado y amado tu Sacratísima Corazón en el mundo entero, ofreciéndose gloria, amor y reparación.

7.
CRISTO REY, desde ésta Basílica a Ti dedicada, cura las heridas y enjuga las lágrimas de esta Patria, que goza de la protección de tu Madre y Madre nuestra, Santa María Reina de la Paz, estrella de la evangelización.
Gobierna con el suavísimo cetro de tu misericordia y míranos con ojos benignos, extendiendo tus manos poderosas para bendecirnos y protegernos de las asechanzas del mal, para que se supere la violencia y el desorden social que nos aqueja en estas difíciles etapas de nuestra historia.

8.
Tú, Redentor amoroso de la humanidad, atrae a tu Corazón a los pecadores, a los desorientados, especialmente a los jóvenes, algunos de ellos, engañados con falsas doctrinas que los alejan de Ti.
Conserva en nosotros la fe que hemos recibido de nuestros padres y que ha sido sellada con la sangre de Mons. Romero, de sacerdotes y catequistas cuyo ejemplo nos anima a la entrega generosa de nuestra vida.
Que tu Iglesia Santa y Católica pueda trabajar en auténtica libertad, para salvaguardar la dignidad humana de todos y ser un testimonio gozoso y humilde de tu resurrección y de la salvación que nos obtienes.

9.
Otórganos una santa muerte e introdúcenos en la herida preciosa de tu Corazón para resucitar en Ti a la vida eterna.


 

 

CORAZÓN SANTO, TÚ REINAS YA. EL SALVADOR ES TUYO, Y SIEMPRE LO SERÁ.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARÍA REINA DE LA PAZ!

 

 

San Salvador, 14 de septiembre del 2006.