| El
comercio informal cifra sus esperanzas en los extranjeros
de los Centroamericanos.
Periodista: César Najarro
Publicada 20 de julio
de 2006
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| Frutas y ventas. Marcia Casiano,
a la espera de que los Juegos aumenten las ventas. |
Marcia Casiano no sabe nada de voleibol de playa, ni
que eso se disputa desde ayer en las playas de Bocagrande,
donde vende fruta desde hace 30 años.
Tampoco le importa si gana Cuba, si El Salvador tiene
opción de medallas o qué es eso de Juegos
Centroamericanos y del Caribe.
Ella lo que quiere es vender fruta y “lograr la
buena de Dios”.
La señora de 50 años espera mejores ganancias
desde hoy porque “estos días han estado
muy malos, no sé por qué”, cuenta.
Más allá de quién peleará
las medallas, ella como miles de comerciantes y vendedores
informales, taxistas y dueños de hostales y hoteles
pequeños, cifra sus esperanzas en que el voleibol
de playa le lleve más turistas y así vender
sus frutas, a cinco mil pesos el plato (dos dólares
y 20 centavos).
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| Arena y mar. La playa, uno de
los grandes encantos de la ciudad colombiana. |
Más atentos están al evento los jóvenes.
En este momento gozan de sus vacaciones anuales y colman
las filas para entrar al estadio de béisbol 11
de noviembre.
O para ver fútbol tampoco dudan. Eso sí,
los menores de 6 años no pueden entrar a ningún
escenario, por regla. La gimnasia capta la atención
de un público variado, de ancianos, adultos y
jóvenes, mujeres y hombres.
Mientras que el boxeo y el fútbol es el tema
favorito de los taxistas. “Tenemos un equipo que
ganará la de oro. Es un proceso, vienen jugando
desde hace rato juntos, y casi todos ya juegan en Primera,
hasta hay unos que juegan en Italia”, cuenta Carlos
Antonio, mientras pregunta cuándo vuelve a jugar
Colombia.
Con un salario mínimo que equivale a 143 dólares
(según Associated Press), y con un amplio sector
dedicado al trabajo informal, Cartagena sobrevive del
turista, de ese que no duerme en hoteles cinco estrellas
pero que compra fruta en la calle, un café en
la placita o un almuerzo económico.
Estos Juegos están representando una esperanza
de buenos ingresos. Así, el edificio El Conquistador
(alquiler de apartamentos a turistas) está abarrotado.
La gente sabe de los Juegos, porque ve a muchas personas
“extrañas” con escarapelas colgando
del cuello, y otro sector se informa por los medios.
Aún así, muchos escenarios se han llenado,
pero otros apenas reciben visitantes, como el Centro
de Convenciones, sede de esgrima, o squash, a unos metros.
En Cartagena todo es negocio, y entre más se
le saque al extranjero, mejor. Los masajes están
a la orden del día en las playas. Los de 20 mil
pesos están en rebaja, cuenta Marta, “los
dejo hasta 12 mil”.
La comida típica también llama la atención
del turista. Una sopa de sancocho (especie de pescado),
los chicharrones y las arepas están a la orden
del día. Y los Juegos, “pues qué
bien ¿no? Pero la verdad, no he visto nada. ¿Colombia
ganó, no?”, pregunta doña Carmen,
quien atiende en un supermercado.
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