Jímenez se relaja tras el triunfo  

Repuso energías en un restaurante con EDH y conoció el Castillo San Felipe

Desde Cartagena Colombia
Periodista: C ésar Najarro
Fotoperiodista: Mario Amaya
Enviados especiales

Publicada 17 de julio de 2006

Todo ok. Jorge Jiménez y el saludo triunfal ante la mirada de un colombiano.

La presión mata, o por lo menos desgasta. Jorge Jiménez confesó en una plática informal, en un taxi, que cargaba con una gran responsabilidad, la de responder a las esperanzas nacionales de medallas de oro.

Por ello, tras ganar en arco compuesto 90 metros, se relajó un poco. Afirmó que se confió en la siguiente prueba y cuando reaccionó, sus rivales ya le habían sacado mucha ventaja. “Igual terminé con una gran puntuación, pero ya no pude alcanzarles”, afirmó.

Tras la agotadora jornada con un clima sumamente húmedo y caliente, Jorge Jiménez quiso reponer energías de la mejor forma posible, con una buena comida.

Pero en la Villa Olímpica todo le sabe un poco mal. Sin sal y sin azúcar, por eso del peso de los atletas, y con sólo huevo en el desayuno, a Jiménez le hace falta mucho para reponer todo lo que suda bajo las carpas y el sol que choca en la grama de la base naval.

Además, ayer no había ni arroz. ¿Tortillas?, en Cartagena no comen, no de la misma forma al menos. Y la pasta simple, sin salsa ni queso, ni nada, y simple, no le hizo agua la boca. Por ello, y como premio, él quería una hamburguesa.

Tras caminar un kilómetro aproximadamente desde la Villa hacia el restaurante, junto a Renato Lara, quien le quitó la de plata en 70 compuesto por un punto, y con otros miembros de la federación, al fin apareció el restaurante, en la zona de Boca Grande.

Una hamburguesa “todoterreno”, con doble carne, doble queso, tocino, papas, una coca cola, un postre y agua le calmaron.

Después, y tras analizar que necesitará realizar un buen trabajo hoy para seguir ganando medallas y para acumular mayor puntuación que el mexicano Rubén Ochoa, con el fin de superarle en la ronda FITA y agenciarse otra de oro, partió con el equipo de El Diario de Hoy al Castillo de San Felipe, a unos 100 metros del Coliseo Chico de Hierro, donde se realizaban en ese momento pruebas de halterofilia. Es que la ciudad está invadida por el deporte y estos Juegos.

De buen humor, gastaba bromas por doquier, se subió a una chiva (bus alegre), y conoció parte de la historia de Cartagena, marcada por el Castillo San Felipe de Barajas, donde antes hubo esclavos y batallas impresionantes, y hoy una vista impecable sobre toda la ciudad.

El Castillo, una fortaleza primitiva y sumamente estructurada, construida entre 1656 y 1657, le sirvió para dejar las tensiones un rato, para admirar las grandes bellezas del lugar.

Después, de nuevo a la Villa centroamericana, a ese cuarto sin tele donde duerme en camarote, en un espacio reducido, junto a sus compañeros. Lo bueno, dice, es que tienen Internet. Lo malo, lo que le esperaba, la cena…


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