Fiesta de colores  

Cartagena inauguró los XX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe con esplendor, música, historia, baile y canto

Desde Barranquilla Colombia
Periodista: Rafael Cárcamo
Fotoperiodista: H úber Rosales

Publicada 16 de julio de 2006

Historia. Bailarines colombianos recrean
bailes autóctonos de los comunidades indígenas.

Parecía una pintura de Picasso, por los contrastes, o una paleta de sabores. La alfombra del Estadio Pedro de Heredia era una masa humana diversa, multifacética, llena de una mezcla racial que evocó la memoria que pesa sobre esta ciudad.

Una tarima principal adornaba la cancha. Más atrás, una maqueta gigantesca de edificios coloniales, como los del centro de la ciudad amurallada, con cañones y casas de la época. Y de fondo, edificios modernos como los hoteles cinco estrellas que rodean la costa caribeña de sus playas.

Desde el escenario se notaba la mezcla, el contraste entre lo moderno y el pasado, y cuando todo comenzó, ya no hubo duda: era la manifestación de su historia, su pasado y su presente, sus esclavos, sus piratas, sus colonizadores, su calor, su música y su hoy.

Con danzas tribales de origen africano mezcladas con guitarras eléctricas, tambores y demás, el baile inició con una cacería, con danzantes envueltos en trajes de tigres.

Luego sonó por los altoparlantes la cumbia, y la gente comenzó a bailar hasta en las gradas. “Bienvenidos a Colombia”, se escuchó. “Blanco, indio, mestizo, amor… las razas se enlazan, se buscan, se aman, y hoy el alma que vuelve a vencer”.

La música siguió, la mezcla era expresada en los trajes típicos, los colores, los vestidos, las faldas, las camisas de los bailarines y su tono de piel. Fue un canto, una ópera a la diversidad.

Pintura. Toda la hermosura colombiana en el estadio.

Después, “La Piragua” y “Colombia, tierra querida”, del difunto compositor Guillermo Cubíos, antes de que estallaran unos cuantos fuegos artificiales.

Carlos Vives subió al escenario, y un terrible sonido salió de su voz amplificado por el micrófono. Luego de cinco segundos, el problema técnico se resolvió.

Luego, el desfile: de nuevo, su pasado y su presente armado, su historia militar. Los cadetes de la Escuela Naval entraron de costado con la bandera nacional, con la del Departamento de Bolívar, al que pertenece Cartagena, y con la de los Juegos.

Entonces, aparecieron las delegaciones, y con ella una gran duda: ¿por qué marchó primero México? Pero más de algún presente no le pareció raro, porque estaba presto a atrapar uno de los frisbee que lanzaron.

Tras ellos, apareció Antigua y Bermuda, con apenas una atleta, pero igual recibió los aplausos de la grada. Y de ahí, todo en orden alfabético. Antillas Holandesas,
Aruba, Bahamas, Barbados… todos saludando a los presentes.

Y Cuba, que se llevó la mayoría de aplausos, quizás por volver a los Juegos que ha dominado históricamente, y en los que no participaron en San Salvador.

De Cuscatlán. La delegación salvadoreña desfiló con mucho orgullo.

El Salvador, con Eva María Dimas con la bandera, hizo su entrada después de once países. Penúltimo, Venezuela, y cerraron los locales en medio de aplausos.

Tras ello, el espectáculo cesó y se dio paso a los jueces, al alcalde de Cartagena, Nicolás Curi Vergara, quien recibió el fuego de los Juegos, al contralmirante y director del evento, Gabriel Arango, y al presidente, Álvaro Uribe quien agradeció a la organización y a todos los atletas, antes de pedirle “A todo el pueblo de Cartagena, ser centinela de estos Juegos”.

Luego todo se cerró con una ensordecedora quema de pólvora. Cartagena rebosa alegría... Cartagena ha recibido a sus huespedes a lo grande, con mayúsculas.


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