Los picarescos Viejos de Agosto
Como todos los años, vuelve la alegría de los viejos de agosto, quienes al ritmo de
bandas y modernas coreografías anuncian el inicio de los festejos capitalinos en honor
del Divino Salvador del Mundo en el tradicional desfile del correo.

Mireya de Urquía
Publicada 21 de Julio 2006

 

¡Ahí vienen los viejos de agosto! Ese es el primer grito que se escucha y de inmediato hombres, mujeres y niños se arremolinan a la orilla de las calles para ver pasar a estos simpáticos personajes, algunos de ellos sacados de la mitología cuscatleca, quienes con sus ocurrencias arrancan risas y más de algún susto a los asistentes.

Cada uno de agosto, el tramo que va desde la Plaza Las Américas hasta el parque Libertad se viste de fiesta con el desfile del correo que marca el inicio de las celebraciones patronales capitalinas. El diablo rojo, el diablo negro, la Siguanaba y el Cipitío, entre otros, son los encargados de poner la nota colorida. La compañía Teopantli, bajo la dirección de don Edgar Barrera, es la responsable de recrear a este peculiar grupo de viejos.

Iniciaron en septiembre de 1989 como un grupo de danza de proyección folclórica y luego pasaron a formar parte del correo cuando el señor Barrera elaboró la primera máscara del diablo. Gritos y espanto A lo largo del recorrido cada uno hace de las suyas, así el diablo rojo tiene preferencia por las señoras a quienes persigue para quitarles los ganchos del cabello y a los caballeros les da coletazos.

De la misma manera actúa el diablo negro, a él algunas ancianas le han mostrado cruces para que se aleje de ellas. “Las víctimas se escogen porque ellas dan la pauta con su actitud. Las personas que se van escondiendo detrás del papá, la mamá o el novio son las que más rápido capturamos.

A veces la misma familia nos dice o nos señala a quién quieren que nos acerquemos”, expresa don Edgar. Los miembros de Teopantli recuerdan a una señora que durante seis años, casi por tradición, se presentaba al desfile. No quería que los viejos se le acercaran, pero siempre andaba buscándolos, se asustaba y les hacía la señal de la cruz con los dedos.

Nunca falta quien acepta las bromas de buena gana, pero por supuesto también están los que se enojan y quieren emprenderla contra los viejos, además de los novios celosos que buscan proteger a su amada. La Siguanaba es una de las preferidas y no se esfuerza mucho para asustar. Con solo dirigirse hacia alguna persona provoca reacciones de horror.

Hace cinco años, una joven se desmayó cuando la vio allá por el hospital Rosales. Otras que salen huyendo, en la carrera se caen o resbalan y ¡algunas se han hecho pipi! Por su parte, el Cipitío busca a las señoritas y a las señoras para enredarles el cabello o quitarles las sandalias.

Algunas se asustan tanto que también se han desmayado cuando al menor descuido las sorprende por la espalda. Esta preferencia la comparte el monje loco, quien recuerda a una que salió corriendo espantada y hasta las chancletas olvidó. Aunque parezca increíble, la gente mayor es la más temerosa. “La idea no es asustar, sino divertir y alegrar, pues lo que se anuncia son las fiestas patronales. El susto lo pone la gente”, concluye el director del grupo.

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