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Los huracanes y su furia

Los diques se rompieron y la ciudad de Nueva Orleáns quedó anegado. El fenómeno climático Katrina hizo desaparecer a la mayor parte de la cuna del Jazz y sus efectos aún golpean a la primera potencia del mundo. Los ciclones dejaron paisajes de guerra en los Estados Unidos, la Península de Yucatán -especialmente en Cancún- y en los países de Centroamérica

Una serie implacable de poderosos ciclones destruyó numerosas poblaciones a lo largo de la costa del Golfo de México. La ciudad estadounidenses de Nueva Orleáns, mundialmente conocida como la cuna del jazz, desapareció prácticamente debajo de las aguas.

Extensas zonas de Cancún, incluyendo grandes y reconocidos centros turísticos, fueron devastadas y las tormentas tropicales dejaron una secuela de muertos y de destrucción en el Caribe y Centroamérica.

Durante semanas, huracanes que ya han pasado a la historia, como el Katrina, Wilma, Rita y Stan, destruyeron urbanizaciones y poblados enteros.

Los fenómenos naturales fueron tantos , que los nombres de los ciclones agotaron el alfabeto.

El huracán Stan desató su furia en la zonas costeras del Atlántico de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, causando graves inundaciones y llenado de luto a cientos de hogares.

Wilma, que llegó a tener la fuerza de categoría cinco, azotó a la isla de Cuba y la Península de Yucatán dejando a muchos sin techo. Afortunadamente, las alertas a tiempo hicieron que los turistas en Cancún pudieran ponerse a salvo a tiempo.

Al terminar el 2005 muchos estadounidenses y la comunidad internacional siguen preguntándose cómo fue posible que las desoladoras de la devastación causada por Katrina procediesen de la llamada primera potencial mundial: Los Estados Unidos.

El propio Presidente George W. Bush tuvo que hacer un mea culpa y reconocer que hubo errores “en todos los noveles del Gobierno”, los cuales permitieron que Nueva Orleáns se hundiera y murieron ahí 1,302 personas.

Los meteorólogos afirman que el 2005 será recordado como el año más tormentoso, el más caliente y el más seco en siglos, reavivando el debate sobre el calentamiento global de la atmósfera, y sus causas, especialmente el lanzamiento a la atmósfera de gases industriales, algo que el gobierno de los Estados Unidos se obstina en negar.

No hay nada que rescatar

No era una mujer adinerada. Sus posesiones eran pocas. Pero ahora todo su mundo cabe en una bolsa de basura de plástico azul.

Oceannetta Williams se derrumbó por completo y, por primera vez, hace unos días, cuando las autoridades abrieron recientemente el Bajo Barrio Nueve, en la ciudad de Nueva Orleáns, y permitieron a sus habitantes acceder a la zona para comprobar es estado de sus viviendas.

No existía nada que rescatar. Alguna fotografía que debía ser recogida porque, de lo contrario, sería insultar al que fue su marido, ahora fallecido. Un reloj de mesilla con aspecto de llevar siglos parado. Ropa hecha harapos...Y sus peores temores confirmados: será muy difícil reconstruir la casa. Misión imposible, dicen en voz baja sus hijos. Todas la paredes están comidas por el moho. El suelo se deshace en algunos sitios cuando se pisa. El agua llegó hasta el desván y se lo tragó todo.

Williams vivió allí sus 69 años y ahora tiene unas tres horas para “ver y marcharse”, porque a la cuatro de la tarde, según la orden, debe retirarse.

Zonas afectadas. Muchas partes del Estado de Louisiana quedaron como pantanos.
De película. Un sujeto lucha por salvarse de la corriente de las aguas.

 

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