El adiós a un Santo
El mundo lloró la partida de este
hombre de Dios, que cruzó el umbral de la esperanza
el 2 de abril. Desde grandes líderes hasta habitantes
de los más recónditos lugares siguieron su viacrucis
personal y exequias
Tras
48 horas de una agonía mitigada por la fe y la esperanza
y acompañado por las oraciones de millones en el mundo,
el Papa Juan Pablo II, de casi 85 años, falleció
a las 9:37 p.m. (1:37 p.m. en El Salvador) del 2 de abril
en su apartamento en el Vaticano.
Una infección en las vías urinarias, seguida
de alta fiebre y un colapso cardiocirculatorio, que en ningún
momento le robaron la lucidez, precipitaron el paso de este
hombre de Dios “por el umbral de la esperanza”.
“Dejadme ir a la Casa del Padre”, fueron las últimas
palabras en polaco que pronunció tras seguir las estaciones
del Viacrucis. Luego entró en coma, sus funciones se
extinguieron y se durmió para siempre.
Propios y extraños a la Iglesia Católica, desde
líderes del mundo hasta habitantes de los más
recónditos rincones del planeta, se unieron para expresarle
su último adiós y comenzar a llamarlo “El
Grande”, un título reservado para hombres de
gran santidad.
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| Honras. El presidente
Bush, su padre y el exmandatario Clinton, en el sepelio. |
Más de tres millones de peregrinos confluyeron
en Roma, además de diez soberanos, 59 jefes de Estado,
17 jefes de gobierno y gran cantidad de dignatarios y delegaciones
de otras iglesias cristianas y religiones.
La ciudad colapsó por el multitudinario
desfile de dolientes.
El mundo pudo ver al presidente de los Estados Unidos, George
W. Bush, con su esposa y su padre, el ex-mandatario George
Bush, así como el ex-presidente Bill Clinton, hincados
y presentándole sus últimos respetos a este
hombre que sin perder su característica humildad y
ecuanimidad, había censurado la guerra en Iraq y el
aborto.
El Papa polaco, el primer no italiano elegido en 455 años,
fue sepultado en las Grutas Vaticanas (cripta de la Basílica
de San Pedro), después de propiciar la caída
del comunismo, llevar su mensaje evangélico a 127 países
y dejarle al mundo como herencia su testimonio de lucha por
los derechos humanos, la paz, el perdón y el diálogo.
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