El terrible 2005 llegó a su final
Fue el año de los huracanes, de la destrucción
de Nueva Orleáns, de la muerte de Juan Pablo II, de
los disturbios en París, del gran terremoto de Pakistán,
de la toma de poder por regímenes populistas en Hispanoamérica,
de los atentados en Londres y la creciente amenaza terrorista
sobre el mundo civilizado.
Pero siempre “donde hay vida hay esperanza”. Inicia
el pontificado de Benedicto XVI, uno de los papas de mayor
peso intelectual de la historia. Se celebran elecciones en
Iraq y otros países musulmanes; prosiguen los avances
tecnológicos y científicos; se liberaliza China
continental y se recupera la economía del mundo pese
a las alzas desorbitadas del petróleo.
El Salvador continúa bajo el signo de la violencia.
Hay un incremento en homicidios y crímenes espantosos;
las “maras” avanzan en su control de barrios y
comunidades y más sectores son extorsionados.
Paralelamente más y más mareros y delincuentes
son puestos en libertad, lo que lleva a pensar que el problema
de la delincuencia es parte de una estrategia de la extrema
izquierda y del crimen organizado para volver ingobernable
el país. A los desmanes de los sindicatos controlados
por los comunistas se suma la impunidad derivada de fallos
judiciales contra derecho.
La oposición política interna se ha radicalizado,
ajustándose a una tendencia mundial: el cavernocomunismo,
los movimientos terroristas, el fundamentalismo musulmán
y los partidos extremistas son más virulentos en sus
posturas. Chávez, Al Qaeda, Castro y el régimen
iraní abiertamente se inmiscuyen en los asuntos de
otros países y financian la subversión.
Las purgas internas han aislado al FMLN pero sus “partidos
clientes” presentan un izquierdismo con cierto discurso
“light” para atraer a una población que
muestra señales de cansancio respecto al extremismo.
Las mejores señales son las derivadas del desarrollo
portuario en La Unión; de mayores y significativas
inversiones en diversos campos; de la progresiva reactivación
del agro; del potencial del turismo y, principalmente, de
la entrada en vigor del TLC con Estados Unidos.
No hay un problema de desempleo (importamos mano de obra)
pero puede mejorarse la calidad del empleo; la competencia
entre empresas y personas ha venido elevando la capacitación
y la eficiencia general.
Por vez primera, las encuestas indican que la población
ve con una medida de optimismo el futuro. La gente no cree
que “cada vez estamos peor” sino que percibe los
cambios positivos que han tenido lugar.
La apertura al exterior y la inauguración de grandes
centros comerciales, los mejores en Centroamérica beneficia
a los consumidores y nos deja anhelar mejores cosas para el
mañana. A esto se suma la toma de conciencia de muchos,
de que capacitarse, aprender, ser diligentes y responsables
les abre puertas a superiores oportunidades de vida y trabajo.
Pese a los desastres naturales y a que no nos hemos recuperado
del todo de la destrucción causada por la guerra, el
país prosigue en su avance. En muchos sectores estamos
a niveles del primer y segundo mundos; si alguien ya llegó,
los que vienen detrás podrán también
conseguirlo.
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