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Comentario
Juan Pablo II, un fenómeno mediático
Los restos de Juan Pablo II polvo eran y al polvo irán,
según los deseos expresados en su testamento que ha dejado
dudas, conjeturas y certezas entre quienes lo admiraron o criticaron.
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Eric Lemus
Enviado especial
El Diario de Hoy
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Para algunos analistas, el Papa no quiso renunciar en el año
2000, después del Jubileo, que marcó el inicio del
Tercer Milenio de la Iglesia Católica, como lo dijera en
el documento póstumo revelado un día antes de su sepelio.
Para los analistas, a través de sus palabras, el Papa sólo
alistaba su espíritu para el día de la muerte y dijo
-en confianza- al Todopoderoso que si Él quería llevárselo,
Wojtyla estaba preparado.
El espíritu férreo de Juan Pablo II contrastó
con la debilidad que crecía frente a los feligreses afligidos
por sus quebrantos de salud y los sucesivos rumores sobre lo adecuado
de su permanencia al frente de la Iglesia.
La histórica despedida que el mundo dio a Su Santidad durante
su sepelio este viernes lo confirman. Fue el líder idóneo
desde el principio hasta el fin de su vida.
Al finalizar esta semana intensa donde los medios de comunicación
del mundo nos ha expuesto, relatado e informado todo, absolutamente
todo sobre la muerte del Pontífice, extraigo dos conclusiones:
el legado de una Iglesia fortalecida que ha dejado el Papa tras
de sí, y el vacío mediático que deja este personaje,
en un mundo que por 26 años se acostumbró a verle
en todas sus facetas: como viajero, como pastor o como líder
de influencia mundial.
Uno de los hitos que marcó la exposición reiterada
de Wojtyla en los medios de comunicación del mundo fue el
atentado que éste sufriera en la Plaza de San Pedro dos años
después de haber asumido el pontificado.
Alí Agca, un fundamentalista, con un disparo errático,
contribuyó a potenciar la figura de este hombre, sobreviviente
del nazismo y la persecución soviética.
Para entonces, mientras el mundo se mantenía en vilo por
su vida, a la vez se enteraba de cada detalle de su pasado, su obra
y sus proyectos.
Por muchos años vimos a un Papa que sonreía, lloraba
y que acariciaba a los niños. Vimos detalles de su rostro
sonrosado, de su buen humor y de su mano de hierro en aquella cita
histórica en la que Mikhail Gorbachev anunciaba la reinstalación
de la libertad de culto en la repúblicas soviéticas,
el preámbulo de la caída de la Cortina de Hierro.
No cabe duda de que sus imágenes perdurarán varios
años.
No los olvidarán las decenas de miles de peregrinos que llegaron
esta semana al Vaticano, con una idea concreta que les machaba la
memoria: honrar el nombre de su líder y profesarle su amor.
Juan Pablo II cambió la historia de la Iglesia Católica
en el Tercer Milenio porque las nuevas tecnologías, que pueden
convertirse en instrumentos diabólicos y perversos, estuvieron
a su servicio siempre, para que nadie pueda olvidar algún
detalle.
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