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Vaticano pone fin a desfile de peregrinos frente a restos del
papa
Las puertas de la Basílica de San Pedro, fueron cerradas
esta tarde poniendo fin al desfile de millones de peregrinos que
buscaban ver por última vez el rostro de su líder.
Ciudad del Vaticano/AP
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| El cuerpo de Juan Pablo II permaneció
a la vista pública desde el sábado cuando falleció
a los 85 años. Foto AP
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El Vaticano cerró las puertas de la Basílica de San
Pedro el jueves al atardecer, poniendo fin a cuatro días
de desfile de peregrinos frente a los restos del papa Juan Pablo
II.
Aunque las autoridades cívicas y el Vaticano dijeron que
no tenían una cifra confirmada del número de personas
que desfilaron ante los restos desde el lunes, se cree que ésta
se acerca a 2 millones.
Voluntarios de la Defensa Civil, con sus chalecos amarillos, estuvieron
entre los últimos que pudieron entrar a la Basílica
antes del cierre de las enormes puertas de bronce.
Minutos antes del cierre de las puertas, el alcalde de Roma, Walter
Veltroni, conversó y estrechó la mano del secretario
privado de Juan Pablo, arzobispo Stanislaw Dziwisz.
Se prevé que las exequias del papa Juan Pablo II el viernes,
una de las mayores concentraciones religiosas occidentales en tiempos
modernos, se realizará con todo el despliegue de la pompa
litúrgica de tiempos antiguos, con la asistencia de la realeza,
personalidades del poder político y una multitud de fieles.
Miles de peregrinos, de un total de unos cuatro millones de personas
que llegaron a Roma, vieron premiada su persistencia después
que la policía cerró la fila el miércoles por
la noche, al haber esperado durante la noche del miércoles
con la esperanza de ver los restos de Juan Pablo en la Basílica
de San Pedro.
Por la mañana, las barreras fueron levantadas para permitir
que más peregrinos pudiesen despedirse del pontífice
mientras el número de personas que le dieron el adiós
al pontífice llegaba a los dos millones desde que sus restos
fueron expuestos al público el lunes.
Los peregrinos acamparon durante la noche en bolsas de dormir y
frazadas frente a la Plaza de San Pedro, en un esfuerzo por estar
lo más cerca posible del lugar del funeral, aunque iban a
ver mucho menos que las imágenes transmitidas por gigantescas
pantallas de televisión que habían sido instaladas
en varios puntos de la capital.
Roma estaba agobiada por el gran número de visitantes. Las
calles adyacentes estaban repletas con una permanente congestión
de transeúntes, en su mayoría jóvenes con mochilas.
Las tiendas de campaña abundaban por doquier en la ciudad
para compensar el excedente que no halló hoteles.
Muchos comerciantes elevaron los precios de todos los productos
de consumo desde agua embotellada hasta los recuerdos del papa.
Mientras llegaban los dignatarios a la capital, las agencias de
seguridad de Roma _reforzadas por aviones de reconocimiento de la
OTAN que sobrevolaban la ciudad_ intensificaron su vigilancia para
todos los casos, desde el terrorismo hasta el control de multitudes.
Las autoridades de Roma tenían previsto paralizar la ciudad.
A partir del jueves por la noche, se prohibió el tránsito
vehicular del sector céntrico de la ciudad.
El espacio aéreo quedó cerrado, y las baterías
antiaéreas en las afueras de la ciudad estaban en alerta.
Los buques de la marina patrullaban las costas, tanto del mar Mediterráneo
como del río Tiber, cerca de Ciudad del Vaticano, la diminuta
ciudad estado, circundada por la capital italiana.
La Santa Sede anunció la serie de misas que se celebrarán
durante los nueve días de duelo que comienzan el viernes
con el sepelio del Papa.
El colegio de cardenales, que planifica la transición del
papado de Juan Pablo a su sucesor, ha fijado para el 18 de abril
a las 4.30 de la tarde el comienzo de un cónclave para elegir
al nuevo pontífice.
El vocero del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, dijo en una
declaración que dos cardenales hablarán ante el sacro
colegio antes del comienzo del cónclave: el padre Raniero
Cantalamessa, predicador de la casa pontificia, y el cardenal checo
Tomas Spidlik. Cantalamessa habla a los cardenales el 14 de abril
y Spidlik el mismo día en que comienza el cónclave.
Unos dos millones de polacos viajaron de su país a Roma para
rendir postrer tributo al Pontífice al que se atribuye haber
contribuido a la caída del comunismo en Polonia y a la unificación
europea.
El cardenal brasileño Claudio Hummes dijo a la prensa a su
llegada aquí la noche del miércoles para las exequias
que había forjado lazos estrechos de amistad con Juan Pablo
tras examinar la situación de los obreros en Polonia y Brasil
en 1978, el año de su elevación al trono de San Pedro.
``Yo estaba muy feliz. Imagínese. Era un obispo joven, de
41 años, y estaba celebrando misa con el Papa'', dijo el
prelado. ``Luego hablamos por lo menos durante media hora acerca
de los trabajadores en Polonia y en el ABC (las ciudades brasileñas
de San Andrés, San Beranardo y San Cayetano).
Era 1978 y el movimiento obrero estaba en pleno auge. Desde entonces
mantuvimos estrechos lazos de amistad''.
El presidente George W. Bush, su padre, el ex presidente George
H.W. Bush y el ex presidente Bill Clinton entraron por una puerta
especial la noche del miércoles y oraron en silencio junto
a los restos pontificios.
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