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Roma no duerme
Invasión. La ciudad está sitiada. Miles y miles
llegan cada vez. Las calles confortan a los más débiles
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Eric
Lemus
Enviado especial
El Diario de Hoy
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| Descanso. Nadie quiere perderse
la oportunidad de despedir al Papa, de ahí que la ciudad
parezca un submundo de sonámbulos.Fotos
EDH / Reuters/ AP |
La columna de fieles que los medios fotografiaron y televisaron
este miércoles será la última que verá
los restos de Juan Pablo II. Una vez pase toda esta gente, las puertas
de la Basílica cerrarán, hoy, como estaba previsto.
Probablemente, cuando la Iglesia totalice el número de visitas
hable de dos millones aproximadamente. Al menos, un millón
ya logró verlo.
La incontenible llegada de fieles es en sí misma la principal
causa para no ver al Papa. Desde la estación central, por
ejemplo, policías y voluntarios detienen a la multitud con
una sonrisa y la gente se resigna ahí.
Los que logran salir del túnel respiran más tranquilos,
pero adentro la situación es distinta: se percibe el típico
vapor que exhalan los cuerpos cuando están en una fase de
pre sauna. Si respiran rápido, se agitan; si se mueven con
calma, también.
El caos es impensable.
Al inicio de la semana, quienes iban hacia la estación de
Ottaviano-San Pietro no tenían que hacer nada más
que perder cinco minutos, hoy pueden tardar horas.
El tren de Roma es uno de los más simples y estratégicamente
diseñados de Europa. Sólo tiene dos líneas
y cada uno lleva a los lugares turísticos de importancia.
Por eso cuando los turistas despistados se topan con la muralla
humana que ha sitiado el Vaticano no sabe qué hacer. Es imposible
dar marcha atrás.
Sólo resta esperar hasta que la gente camine, poco a poco,
hacia donde la seguridad indique.
Si se tiene suerte, se logra entrar rápido a uno de los vagones;
aunque el hacerlo implica quedar a merced de cualquier carterista.
De ahí que la regla sea llevar el bolso adelante y la mirada
puesta en la nada, pero con los cinco sentidos despiertos.
No hay duda. Los tiempos de funeral papal, la primavera, sobre todo,
la muchedumbre, han propiciado el caos en esta ciudad histórica.
De día se lucha por sobrevivir más allá del
metro y las multitudes. De noche, por lograr el más seguro
de los espacios disponibles, en plena calle, para reponer algo de
las fuerzas perdidas.
Emulan a una procesión infinita de
penitentes
- Los últimos que pudieron colarse en aquella experiencia
asfixiante que significa despedirse en persona del Papa, lo hicieron
antes de las diez de la noche del miércoles. Las autoridades
italianas dieron instrucciones claras a todo el personal: no más
fieles.
- Y aunque la orden está dada, nada parece detener la llegada
de más creyentes de todas partes del mundo.
- Sofía Gabelli, voluntaria de la Cruz Roja italiana, dice
que hasta el martes habían llegado 109 buses pullman del
interior de Italia.
- La mayoría eran excursiones organizadas por las parroquias
que suman, por lo menos, 200 mil peregrinos de la Toscana, Calabria
y Salerno, entre otras zonas, se dijo.
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