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Todavía me acompaña el cariño
de los salvadoreños
Trabajó
en universidad santaneca. Sobrino bisnieto del Papa Benedicto XV,
Nicolò Della Chiesa, recuerda el importante papel del Pontífice
de la Paz a principios de siglo
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| Cooperación. El
joven agrónomo observa una plantación en Santa
Ana. Fotos EDH |
Javier Ramón
El Diario de Hoy
Setenta años
después de la muerte de Giacomo Della Chiesa, el Papa Benedicto
XV, su sobrino bisnieto hacía sus maletas para venir a trabajar
en la Universidad Católica de Occidente. Hoy, cuando otro
Benedicto accede a la silla de San Pedro, el joven agrónomo
relata las curiosidades que le contaba su abuelo acerca del Pontífice
de la diplomacia y del diálogo entre los pueblos.
El Diario de Hoy. ¿Quién es Nicolò Della Chiesa?
Nací en Roma en 1965 en el seno de una familia que se dedicaba
a la agricultura y la ganadería cerca de esa ciudad. Allí
crecí y, terminada la escuela, estudié Agronomía
en la ciudad de Viterbo, a unos 80 kilómetros al norte de
la capital. En 1990 me gradué como ingeniero agrónomo.
Desde entonces trabajé con la familia en nuestra empresa
agrícola hasta que salí para El Salvador, años
después, en 1994.
El Papa Benedicto XV murió en 1922, ¿qué
recuerdos familiares tiene el sobrino bisnieto del que se conoce
como el Pontífice de la Paz?
Lógicamente no tengo recuerdos directos. Mi abuelo, que había
conocido al Papa, (sobrino) nos contaba muchas historias. Por ejemplo,
parece que el futuro Papa expresó a su padre el deseo de
hacerse sacerdote después de haber terminado la escuela.
Frente a ese anhelo, su padre le aconsejó que realizara primero
sus estudios universitarios. Así hizo y nunca volvió
a hablar de su idea hasta terminar la universidad. Entonces manifestó
de nuevo, y esta vez de forma definitiva, la decisión de
ser sacerdote.
Este joven sacerdote llegaría a ser Papa, años después,
tomando el testigo de Pío X, quien lo había nombrado
cardenal. Benedicto XV empezó su Pontificado envuelto
en el mayor conflicto bélico conocido hasta entonces. Benedicto
XVI inicia un periodo al frente de una iglesia, que ya se pronunció
en contra de los matrimonios del mismo sexo, después de una
ley aprobada recientemente en el congreso de España. Un comienzo
muy distinto para los dos últimos papas Benedictos.
Es muy difícil comparar la Iglesia de hoy con la de 1914.
En la actualidad, la Iglesia refleja la presencia de tantas culturas
distintas y la participación de las iglesias locales, se
manifiesta a través de los obispos de muchos países.
Creo que éste es un gran logro. A principios del siglo pasado,
el gobierno era llevado por italianos o europeos. Por cierto, Benedicto
XV hizo esfuerzos por contribuir a un mayor diálogo de la
Iglesia con los pueblos más lejanos, en la carta apostólica
Maximum Illud (1919). La misma impulsaba el trabajo misionero y
el crecimiento del clero local. Desde el punto de vista político,
los problemas eran también diferentes, durante el pontificado
de Benedicto XV, las relaciones entre la Santa Sede y el Estado
italiano eran tensas a causa de la ocupación, en 1860, de
territorios vaticanos por el recién unificado Estado italiano.
¿Tiene usted algún contacto especial con el ámbito
eclesial y, en concreto, con el Vaticano?
Mi relación con el mundo de la iglesia es la de cualquier
católico; sólo que viviendo en Roma tengo la dicha
de poder ir a la Plaza de San Pedro y esto da siempre una fuerte
emoción, sobre todo en estos tiempos de grandes acontecimientos.
¿Cuándo surge el interés por El Salvador?
En 1993, cuando estaba buscando trabajo en el sector de la cooperación
internacional. Tuve entonces la posibilidad de trabajar con un programa
financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores Italiano en El
Salvador, en concreto, en la Universidad Católica de Occidente
(Unico), en Santa Ana.
¿Cuándo viaja por primera vez al país? ¿Qué
impresión le causó esta tierra?
Llegué el 16 de julio de 1994. Lo recuerdo muy bien, pues
es el día de mi cumpleaños. Me llamó mucho
la atención la situación de violencia asaltos,
robos, secuestros en aquellos años. Sin embargo, me
sorprendió la amistad de la gente que andaba conociendo.
En pocos días, aunque entonces no hablaba español,
la gente me hizo sentir como en mi segunda casa. Me contaban del
país y se interesaban por mi vida, mi historia y las costumbres
de Italia. Se creó un diálogo de inmediato. Noté
en la gente la voluntad de volver a una vida normal después
de tanta violencia, y eso creo que favoreció el diálogo
y una comunicación sincera.
¿Cuál era su trabajo en la Unico?
En los dos años que estuvo, hasta 1996, creamos un Instituto
de Desarrollo Rural en la facultad de Agronomía. Nos dedicábamos
a realizar pequeños proyectos de desarrollo para los agricultores
de la zona del occidente del país. También impartía
clases en la universidad, pero no era mi ocupación principal.
¿Mantiene vínculos con la universidad? ¿tiene
amigos en El Salvador?
Sí, tengo amigos, sobre todo, en Santa Ana. Algunos, cuando
viajan a Europa, pasan a verme a Roma. Además desde que volví,
en 1996, he regresado ya varias veces, la última, en enero
de este año. Sigo colaborando con la universidad en proyectos
de desarrollo rural.
¿Echa de menos algo de esta tierra?
El cariño de los salvadoreños, un cariño extraordinario
que todavía me acompaña en el recuerdo de tantas personas
que conocí.
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