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Programa de Benedicto XVI:
Unidad de la Iglesia,
de los cristianos, y de la familia humana
Agencias
Expresado
en el primer mensaje de su pontificado La promoción de la
unidad en la Iglesia católica, de la unidad entre los cristianos
separados, y de la familia humana, constituye el programa del pontificado
de Benedicto XVI, según anunció en su primer mensaje.
El Papa Joseph Ratzinger, elegido sucesor número 264 del
apóstol Pedro, presentó las líneas directrices
de su ministerio al final de la misa que concelebró en la
mañana de este miércoles en la Capilla Sixtina junto
al resto de los cardenales.
Su mensaje, leído en latín, comenzó marcando
su continuidad con el pontificado de Juan Pablo II, con esta confidencia:
"Me parece sentir su mano fuerte que estrecha la mía,
me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras que en
este momento se dirigen particularmente hacia mí: "¡No
tengas miedo!".
Su misiva, dirigida a todos los "hombres y mujeres de buena
voluntad" , presenta también el estilo que Benedicto
XVI quiere imprimir a su servicio como obispo de Roma: "al
emprender su ministerio, el nuevo Papa sabe que su deber es hacer
que resplandezca ante los hombres y las mujeres de hoy la luz de
Cristo: no la propia luz, sino la de Cristo".
Ante el Juicio Final de Miguel Ángel, trazó a continuación
las tres directrices fundamentales de su pontificado.
En primer lugar, la promoción de la unidad en la fe de la
Iglesia católica, en particular a través de la "comunión
colegial"entre el Papa y los obispos.
Juan Pablo II, reconoció, con su aplicación del Concilio
Vaticano II, ha dejado "una Iglesia más valiente, más
libre, más joven. Una Iglesia que, según su enseñanza
y su ejemplo, mira con serenidad al pasado y no tiene miedo del
futuro".
Para dar vida a esta unidad, el nuevo Papa presenta la Eucaristía,
al concluir en este mes de octubre el año especialmente dedicado
al sacramento por Juan Pablo II.
"La Eucaristía hace presente constantemente a Cristo
resucitado, que se sigue entregando por nosotros, llamándonos
a participar en la mesa de su Cuerpo y su Sangre --explicó--.
De la comunión plena con Él, brota cada uno de los
elementos de la vida de la Iglesia, en primer lugar la comunión
entre todos los fieles, el compromiso de anuncio y testimonio del
Evangelio, el ardor de la caridad por todos, especialmente por los
pobres y los pequeños".
El segundo gran objetivo del nuevo pontificado es la promoción
de la unidad entre los cristianos separados en diferentes iglesias
y confesiones.
El nuevo obispo de Roma asume "como compromiso prioritario
trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución
de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo.
Ésta es su ambición, éste es su apremiante
deber".
Benedicto XVI "es consciente de que para ello no bastan las
manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos
que penetren en los espíritus y remuevan las conciencias,
llevando a cada uno hacia esa conversión interior que es
el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo".
"Lo que más urge"para superar las heridas del pasado,
reconoció, es esa "purificación de la memoria",
tantas veces evocada por Juan Pablo II.
El romano pontífice confirma que "está plenamente
determinado a cultivar toda iniciativa que pueda parecer oportuna
para promover contactos y el entendimiento con los representantes
de las diferentes iglesias y comunidades eclesiales".
El tercer compromiso asumido por el nuevo pontificado es el promover
la unidad de la familia humana.
"Con esta conciencia me dirijo a todos, también a aquellos
que siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta
a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía
no la han encontrado", señala.
"Me dirijo a todos con sencillez y cariño --reconoce--
para asegurarles que la Iglesia quiere seguir manteniendo con ellos
un diálogo abierto y sincero, en búsqueda del verdadero
bien del ser humano y de la sociedad".
"Invoco de Dios la unidad y la paz para la familia humana y
declaro la disponibilidad de todos los católicos a colaborar
en un auténtico desarrollo social, respetuoso de la dignidad
de todo ser humano", afirmó.
"No escatimaré esfuerzos y sacrificio para proseguir
el prometedor diálogo emprendido por mis venerados predecesores,
con las diferentes civilizaciones, para que de la comprensión
recíproca nazcan las condiciones para un futuro mejor para
todos", añadió.
Su mensaje dedica al final un saludo particular a los jóvenes
de todo el mundo, con los que espera encontrarse el próximo
mes de agosto en su país de origen, en la ciudad de Colonia,
como había previsto Juan Pablo II.
Como hacía el Papa Karol Wojtyla, su sucesor dirige sus últimas
palabras a María santísima, en cuyas manos pone "el
presente y el futuro de mi persona y de la Iglesia".
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