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Humo negro cierra la primera jornada del cónclave
Los 115 cardenales de todo el mundo recluidos en la Capilla Sixtina
votaron en la noche del lunes para elegir el nuevo.
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Ciudad
del Vaticano
Papa
de la Iglesia católica, pero el humo negro que salió
de la chimenea de su reclusión significó que ningún
candidato obtuvo los 77 votos requeridos.
Durante medio minuto, exactamente a partir de las 8.06 pm hora romana
(12:06 m. hora salvadoreña), ya en plena oscuridad de la
noche, la multitud congregada en la Plaza de San Pedro creyó
ver humo blanco y rompió a gritar y a vivar entusiasta, pero
el frenesí se apagó enseguida cuando el humo se espesó
y salió negro durante largos minutos.
Los aplausos y gritos dieron paso al silencio y la multitud empezó
a retirarse de la plaza donde muchos prometieron volver el martes
temprano, cuando los cardenales volverán a reunirse para
votar dos veces por la mañana y otras dos por la tarde.
La fumata, o el humo que sale de la chimenea donde los
cardenales queman los votos después de cada elección,
es la señal tradicional que anuncia el resultado de cada
votación. Para evitar confusiones, en el cónclave
que elegirá al sucesor de Juan Pablo II también tocarán
a vuelo las campanas, cosa que no ocurrió esta vez.
Olga Zerpa, una dermatóloga venezolana que aguardaba en la
plaza, saltó de entusiasmo cuando creyó ver humo blanco,
y luego se consoló. Es muy emocionante, incluso que
salga humo negro, e intrigante, porque no sabemos qué estará
pasando adentro de la Capilla Sixtina, donde los cardenales
están aislados del mundo, sin diarios, radio, televisión
ni teléfonos.
Los cardenales decidieron votar esta noche pese a que tenían
la alternativa de no hacerlo.
Los príncipes de la Iglesia iniciaron la jornada escuchando
una exhortación del guardián de la fe, el cardenal
Joseph Ratzinger, a defender las verdades absolutas contra la
dictadura del relativismo.
Los cardenales, con su atuendo púrpura, salieron en solemne
procesión del Salón de las Bendiciones en el Palacio
Apostólico hasta la capilla iluminada con obras maestras
de Miguel Angel y otros artistas renacentistas, donde juraron secreto
y fidelidad uno por uno poniendo sus manos sobre un ejemplar de
los Evangelios.
Prometo, me obligo y juro fue la frase ritual que se
repitió en voz de cada uno de los 115 cardenales electores
de 52 países que deberán elegir al próximo
Papa.
Después del juramento, el maestro de las celebraciones litúrgicas
pontificias pronunció el extra omnes que intima
la salida del recinto de quien no participa en el cónclave,
y a las 5.28 pm hora de Roma se cerraron las pesadas puertas para
dejar en su interior solamente a quienes elegirán a un Papa
por primera vez desde 1978, cuando fue proclamado Juan Pablo II.
El cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, hizo una exhortación en latín
durante la homilía de la misa. Que el Señor
guíe nuestros pasos en el sendero de la verdad, para que
mediante la intercesión de la bendita Virgen María,
los apóstoles San Pedro y San Pablo, y todos los santos,
podemos hacer siempre lo que les complazca.
Horas antes de la reclusión en la capilla, el mismo Ratzinger,
defensor de la ortodoxia, bastión del ala conservadora de
la Iglesia y considerado papable, hizo un encendido
llamamiento a luchar contra la dictadura del relativismo,
durante una misa matutina en la Basílica de San Pedro, en
la última aparición pública de cualquiera de
los participantes en el cónclave.
Los cardenales iniciaron su procesión precedidos del portador
de la cruz de hierro y dos grandes cirios, mientras se entonaba
la Letanía de los Santos, y cerraba la procesión un
icono religioso.
Al entrar en la capilla construida en 1475, con frescos de Miguel
Angel, Botticelli, Ghirlandaio y Cosimo Roselli, los cardenales
pasaron frente a una guardia de honor de guardias suizos con lanzas
enhiestas.
Los prelados, con esclavina púrpura, dejaron sus birretes
del mismo color sobre mesas individuales alineadas a ambos lados
de la capilla, dejando solamente sobre la cabeza el capelo.
El martes se iniciarán las jornadas con dos votaciones por
la mañana y otras dos por la tarde.
Cada vez que concluya una votación se quemarán las
boletas en una chimenea instalada en la capilla, y si no hay consenso
el humo que verá el público congregado en la plaza
será negro.
Pero cuando se elija un Papa y el candidato acepte, las boletas
se quemarán con una sustancia que emitirá humo blanco.
Y además las campanas tocarán a vuelo para anunciar
la buena nueva.
Ningún cónclave en el siglo pasado ha durado más
de cinco días _los más breves fueron de dos días_,
y la elección de octubre de 1978 que consagró a Juan
Pablo duró tres días. En el pasado los cónclaves
podían durar meses y aun años.
Miles de personas se congregaron en la Plaza de San Pedro para presenciar
la misa por la mañana y luego por la noche para ver si los
cardenales votaban y a la espera del humo revelador.
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