Los visitantes extranjeros siguen solicitando conocer el corazón capitalino. Las empresas turísticas lo conservan en su agenda, pero limitando las excursiones a paseos vehiculares. La inseguridad, la contaminación, el desorden y la decadencia del patrimonio redefinen lo pintoresco de la ciudad.

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La afluencia de viandantes y buses dificulta sacar conclusiones sobre la incidencia delincuencial que la policía registra en el Centro Histórico. Solicitar escolta para turistas es decisión de cada quien.

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Las ventas callejeras han sido la piedra en el zapato para la gestión actual de la alcaldía capitalina. Cada día, los vendedores transforman las calles y aceras del Centro Histórico en un gran mercado. Se estima que existen al menos 12 mil comerciantes del sector informal ubicados a lo largo de las 59 manzanas que conforman el corazón del municipio.

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El descuido de años, la falta de presupuesto y una ley especial que maniata a los responsables de la recuperación, sólo permiten al visitante curioso que admire lo que un día fue y lo poco que queda.

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Armando Vividor, el encargado del
alumbrado del Distrito Centro Histórico de la alcaldía, tendrá dos razones más para el dolor de cabeza que, a todas luces, sufre ya.

 

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Si la obstrucción de las calles por las ventas resta atractivo turístico, la contaminación y la suciedad que hay en el mismo disminuyen aún más el potencial que el patrimonio de la ciudad posee.

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