César Najarro
El Diario de Hoy
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| Doblete. Francis Reyes celebra uno
de los dos tantos que consiguió en el triunfo
sobre el Once Municipal. Foto
EDH |
Luego
de 17 fechas, lo que parecía imposible es un hecho:
Limeño borró 13 puntos de diferencia en la
tabla acumulada y evitó el descenso directo gracias
a la goleada que le propinó al Once Municipal y al
empate que firmó el Lobos con el FAS.
Una página histórica se escribió en
el fútbol nacional por lo logrado por el cuadro de
Santa Rosa.
Histórico, porque es el primer clasificado que jugará
repechaje, porque le propinó la mayor goleada al
Once Municipal en su vida de primera división, y
porque lo que parecía hasta el sábado un sueño,
el domingo estalló en alegría, lágrimas
entre los directivos y abrazos y vítores entre la
afición y los jugadores.
La tarde quiso que Francis Reyes se convirtiera en figura
con dos goles, su primer doblete en la temporada.
Antes, Gabriel Garcete comenzó la fiesta tras un
pase de Manuel Carranza a las espaldas de David Rivas y
Miguel Solís.
La defensa del Once Municipal jugaba en línea, pero
le costó caro. Garcete partió bien y sólo
en el área, remató de zurda apenas al 5.
La alegría estalló en la afición, que
veía incrédula cómo el árbitro
Neftalí Recinos no pitaba un penalti sobre Reyes
en el 14, cuando Alexander Merino lo derribó.
El mismo Reyes se desquitaría al 26, cuando
en un tiro de esquina, el meta canario, José González
y el defensa Rivas chocaron, la bola pasó de largo
hasta el pecho del volante hondureño que ponía
el primero en su cuenta.
El partido era dominado en su totalidad por el Limeño,
que no paraba de atacar. Por izquierda se sumaba el defensa
Néstor Morales.
En el centro, Francisco Jovel, Manuel Carranza y Reyes creaban
el fútbol, y Oris Velásquez, en una tarde
memorable, robaba todos los balones. Los que se le pasaban,
Orlando Martínez los rechazaba, mientras que Carlos
Güity era la sombra de Anel Canales. El Limeño
era una máquina que nadie detendría en su
misión.
La sentencia fue rápida, al 50. Reyes dejó
a todos parados y una vez en el área sacó
un zurdazo que venció a Najarro para el tercero del
local.
Camarón que se duerme
Once Municipal no salía de su asombro. No creaba
jugadas de peligro y su defensa seguía permitiendo
cualquier cosa.
El técnico Mansilla mandó a Ronald Pimentel
y a Alessandro de Oliveira. El equipo mejoró y en
un descuido de la defensa, Anel Canales se puso una bolea
que el mismo remató frente a Elenilson Guardado para
el descuento, al 53.
El mismo delatero puso el segundo al 75, cuando en
un tiro libre Paulo Rodrigues la peinó y él
puso la punta del zapato.
El Limeño entonces volvió a tomar el control
tras el ingreso de Cristian Santamaría y Marlon Medrano.
Tuvo el cuarto en los pies de Medrano, quien luego de sacarse
al portero, perdió el equilibrio.
Pero ese sería para Néstor Morales, quien
de cabeza mandó la bola al fondo tras un centro de
Jovel.
Con el resultado, Limeño evita el descenso directo
y logra clasificarse, y, tras la victoria de Firpo, el Once
Municipal quedó quinto y casi fuera de semifinales.
Santa Rosa lloró de pura alegría
La gente estaba en el partido de casa y, por radio, seguía
el de Chalchuapa. Cuando Castro le paró el penal
a Padilla el público aplaudió, igual que cuando
se pitó el final.
Entonces todos saltaron la barda metálica y festejaron
con algunos jugadores y el técnico. Las lágrimas
rodaron por el rostro de Mario Zúniga mientras el
asesor del Once Municipal, Roger Barberena, se marchaba
del estadio.
En la cancha, la mayoría de jugadores no quiso festejar.
Sólo se quedaron Medrano, Garcete, Muñoz,
el técnico y unos cuantos más.
El resto corrió rápido a los camerinos. Es
que aún no hay por qué festejar, explicó
Francis Reyes. La gente está bien que festeje,
pero nosotros lo haremos cuando ganemos el repechaje.
Igual pensó Zúniga antes del partido, que
ofreció 20,000 dólares a repartir luego de
ganar el repechaje, pero después del juego y con
tanta emoción, con cohetes por todos lados, abrazos
con cualquiera, gritos y aplausos, se reunió con
la junta directiva y la Furia Limeña en el restaurante
La Casona para festejar.
Otros, como Caballero, fueron más cautos: Aún
recuerdo que hace unas fechas nos querían linchar.
Además, todavía falta, dijo.