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El mal negocio de las apuestas
Limeño no pudo con Águila y terminó
1-1, a pesar del gran apoyo que recibió en su estadio
William Alfaro
El Diario de Hoy
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| Compatriotas. Los hondureños
Gerson Vásquez, de Águila, y Cristian Santamaría,
de Limeño, en disputa por el balón.Fotos
EDH / Nelson Dueñas |
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Limeño
1
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Águila
1
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1-0 38. Gabriel Garcete.
De penal
1-1 79. Jorge Wagner. A pase de Rudis Corrales |
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Estadio: Ramón Flores
Berríos, Santa Rosa de Lima
ÁRBITRO: Rodolfo Alexander Sibrian (5) |
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Pocas veces se puede ver a
todo un pueblo reunido, pero, ayer, más de 35 mil espectadores
llenaron el estadio Ramón Flores Berríos. Un
verdadero éxito en recaudación y convocatoria.
Las apuestas del presidente santarroseño Mario Zúñiga
y la llegada de los ex jugadores del club le dieron al partido
un preámbulo cargado de sensaciones. Los mil dólares
por cada gol anotado por los jugadores cucheros pusieron al
Águila en algunos momentos contra la pared.
Pero las que pudieron ser desventajas para los visitantes,
se revirtieron contra los locales, a quienes se les vio más
presionados y al final del partido pidiendo el tiempo.
Los emplumados, en los primeros minutos, dominaron gracias
a un fútbol vertical que les facilitó ponerse
frente a Sergio Muñoz en dos claras ocasiones que no
terminaron en las redes por la inoperancia de los mismos delanteros
migueleños.
Pero fue Limeño el primero en conseguir que el balón
llevara olor a red. Al minuto 17, Pablo Caballero exigió
con un disparo a Santos Rivera, después, Garcete, de
chilena, centró, pero Jovel no pudo definir.
Del 24 al 30, los emplumados tuvieron dos claras ocasiones.
La primera con Álex Campos, quien no pudo en el mano
a mano frente a Muñoz y después con Sequeira
quien tampoco pudo superar al portero cuchero.
Ventaja y locura
Nuevamente, Limeño llevó peligro. En una jugada
rapidísima, Jovel logró sacudirse la marca de
Jorge Rodríguez, hizo pared con Caballero y en la descolgada
recibió falta de Edwin González. Penal.
Garcete cobró y anotó. Con ello, el juego se
fue llenando de roces entre los jugadores y muchos de los
movimientos sin pelotas sirvieron para que algunos sacaran
el juego subterráneo y desleal.
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| Duro. Zarco
Rodríguez (der.), de Águila, lucha una pelota
aérea con el hondureño Francis Reyes, de
Limeño.Fotos EDH / Nelson
Dueñas |
La segunda mitad sirvió
para que Saúl Molina moviera sus piezas. Ya en la primera
mitad sacó a Gerson Vásquez por el Pando
Martínez y al 45, a Galdámez, quien fue el blanco
del juego violento de los locales.
Cuando los emplumados eran mejores surgió la oscura
figura del árbitro Rodolfo Alexander Sibrián,
quien se robó el protagonismo y terminó amarrando
el partido con los continuos señalamientos que le restaron
brillo.
Los errores de Sibrián llegaron al permitir el constante
juego violento de ambos clubes, pero alcanzó su plenitud
al no sancionar un claro penal de Carlos Güity al 61.
Los mismos seguidores cucheros cuestionaron al referí
por no marcar la falta.
Limeño tuvo su rival en sus mismos jugadores. En una
polémica decisión, Nelson Brizuela sacó
a Francis Reyes y mandó a Walter Chávez. Con
la salida de éste, el equipo perdió la única
arma que tenía en la zona de distracción. Perdió
fuerza y Águila aprovechó.
Al 79, Jorge Wagner con potente disparo sorprendió
a Muñoz para el gol de la paridad.
El gol y la ansiedad de los locales abrió los últimos
minutos del encuentro que desde las gradas se tuvo que observar
de pie.
Al cierre del partido ambos equipos tuvieron la oportunidad
de llevarse los tres puntos. Campos después de una
jugada individual le entregó la pelota en las manos
a Muñoz. Segundos después en la otra meta, Caballero
recortó con tres jugadores, buscó el penal,
y sacó ya sin fuerzas un disparo flojo.
Con el final, la fiesta cobró tintes anaranjados. Los
migueleños celebraron en la misma casa de los cucheros,
una fiesta que no les costó un solo centavo y ninguna
apuesta.
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| Fiesta. El Flores Berríos
se vistió de gala, pero los que celebraron fueron
otros.Fotos EDH / Nelson Dueñas |
La fiesta tuvo que esperar
Estuvo bueno, pero no elegante.
El simple hecho de que Águila haya empatado con Limeño,
dio para arruinar la fiesta que habían preparado los
locales.
A pesar de que el color amarillo y azul dominó ayer
en el estadio Ramón Flores Berríos, no ayudó
de mucho a los jugadores.
Los hinchas que llegaron de diferentes lugares de Santa Rosa
de Lima y pueblos cercanos hicieron a un principio un escenario
lleno de pasiones y de alto riesgo.
Por un lado, estaban los miembros de la Furia Limeña,
animando de principio a fin a los jugadores, a vivas vos y
con pólvora.
Mientras en el costado poniente colocaron pancartas, lanzaron
papel picado, e instalaron una bandera gigantesca, que con
la leyenda: podrán imitarlos, pero no igualarlos
jamás. Mientras en los alrededores, 35 agentes
de la UMO, y unos 60 de Seguridad Pública vigilaban
y registraban los aficionados que ingresaban, todo con el
fin de evitar desgracias.
Antes del encuentro, se pudo observar a los seguidoras del
Limeño comerse las uñas, mientras los adultos
fumaban constantemente para calmar los nervios.
En este ambiente tenso ingresó a la cancha Jonathan
Ventura con un porcino pintado con los colores del equipo.
Toda con la intensión de distraer a los fanáticos.
El cerdo lo prestó Marvin Corrales, hermano menor
de los futbolistas, expresó, sonriente Ventura,
quien se había pintado la cabellera de azul y amarillo,
al igual que el cerdo.
Mientras en las gradas, los aficionados de Limeño y
Águila, apostaban a sus equipos.
Mario Zúniga, presidente de Limeño, dijo que
estaba desconsolado por el empate que había obtenido
su equipo. Lo de la apuesta (10,000 dólares)
es lo de menos, nadie de los dos perdió, pero sí
nos preocupa que nosotros no sumamos, expresó.
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