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Tiempo de revancha
FAS fue superior al Alianza en la reedición de
la final pasada e incluso pudo haberlo goleado.
Claudio
Martínez
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| Puja. Danilo Martínez
pelea la pelota con el hondureño William Reyes.
Ambos tuvieron una floja actuación. El resultado
dejó al Alianza en la última colocación
del campeonato. Foto EDH |
Ganarle al
Alianza siempre tiene un sabor especial para FAS, y mucho
más desde aquella escandalosa final del Clausura donde
los albos obtuvieron el título en los penales.
Ahora el escenario fue totalmente distinto, y no sólo
porque se jugó en un Cuscatlán triste y semivacío
en vez de un desbordante Mágico González.
Mucho cambió desde entonces. Ya no está Juan
Martín Mugica en el banquillo de Alianza sino Juan
Ramón Paredes.
Esta vez el hombre de negro no fue el polémico Netfalí
Recinos sino Moisés Argueta, quien quizás por
tratar de pasar inadvertido no mostró ni siquiera una
tarjeta amarilla en todo el partido.
Otro protagonista de esa tarde de mayo, Alejandro
Bentos, vio el partido desde las gradas por su enésima
expulsión y en su lugar apareció el panameño
Nicolás Muñoz, quien está en estado de
gracia, y con sus dos goles hizo la diferencia.
La victoria de FAS tiene gusto a revancha. Se notó
en la determinación con la que salieron a jugar.
Y aunque este triunfo no les redime de aquella derrota donde
sí estaba en juego el título de campeón,
al menos les ayudará a levantar su autoestima.
Si el rostro de Alberto Castillo no era el más feliz
al final del juego, era simplemente porque el entrenador peruano
en algún momento creyó, como todos en el estadio,
que su equipo iba a golear a un Alianza que se arrastraba
por la cancha sin imaginación ni fortaleza moral. Pero
eso no ocurrió, aunque los tres puntos nunca corrieron
riesgo.
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| Pesar. La cara de
Gonzalo Henríquez refleja su preocupación.
Los albos no levantan cabeza. Foto
EDH |
Veloz y letal, Nicolás Muñoz
fue un dolor de cabeza sin solución para Alianza. El
que más lo sufrió fue el uruguayo Luis Espíndola,
quien a los 10 quedó desairado por una rápida
maniobra del delantero.
El panameño, que había recibido un preciso pase
de Mafla, quedó sólo frente a Miguel Montes
y definió con maestría.
A los 40, esta vez aprovechando una notable desborde
de ese interesante carrilero llamado Juan Carlos Moscoso,
Muñoz les ganó a todos de cabeza para anotar
el 2-0.
Blanco pálido
Alianza nunca fue rival. Jamás logró hacer pie
en la mediacancha. Alejandro Curbelo y Nelson Nerio no acertaban
un pase, Cerritos se mostró apático y Yari Silvera
se fue apagando con el correr de los minutos.
Pero el caso más patético fue el del colombiano
Martín García, que habitualmente disimula su
llamativa torpeza con la pelota con una enorme entrega.
Ayer, sin ese espíritu de lucha, fue fácilmente
controlado tanto por Víctor Velásquez y Marvin
González y hasta se ganó la reprobación
de un público que no termina de descifrarlo.
Ni la inyección anímica que supone un cambio
de entrenador le funcionó al Alianza. El equipo no
juega peor del que fue campeón hace unos meses, aunque
no hay que hacer demasiados méritos para eso.
Eso sí, aquel además de aliarse con la
suerte en los momentos clave aprovechaba muy bien las
jugadas de balón detenido y la defensa parecía
inexpugnable. Ahora, en cambio, transmite una alarmante sensación
de fragilidad.
De no ser porque Williams Reyes tuvo una tarde para el olvido
y los santanecos dilapidaron otras cinco ocasiones claras
de anotar, el clásico no terminó con una goleada.
Eso hubiera agudizado aún más la crisis del
equipo blanco, que al final, con el gol de Christian Sánchez
al 90, maquilló un resultado que pudo ser humillante
y terminó siendo digno, aunque no le evitó caer
al último puesto.
J. R. Paredes DT de Alianza
En el segundo tiempo hicimos todos los méritos
para empatar. El equipo mejoró al final. Falta vuelta
y media para recuperar al equipo.
Agustín Castillo DT de FAS
No estoy contento con el marcador. En la primera mitad
tuvimos para haber goleado. Somos poco ambiciosos, nos falta
instinto asesino.
Con la derrota a los elefantes les
dieron la espalda
La quinta de siete, o la quinta del
Buitre, nada tiene que ver con el español Emilio
Butragueño, es por aquel comentario de los hinchas
de FAS que dijeron al final del partido que este elefante
sí está muerto, éste no anda de parranda.
A diferencia de la velocista mexicana Ana Guevara, que se
levantó en su quinta carrera, los paquidermos llegaron
a la quinta estación de su Vía Crucis y de la
mala racha sólo lo puede salvar una victoria mañana
contra el Yabra Kulture de Belice, en el marco de la Copa
Uncaf, pero con los albos en semejantes condiciones cualquier
cosa puede suceder, incluso hasta el Real Madrid podría
sacar provecho y alzar el vuelo en un amistoso por la Copa
Independencia, digamos.
¿Clásico?
La Fiel Blanca y algunos de los votos duros de
la Ultra Blanca que se dignaron a llegar a ver el partido
al Cuscatlán se tuvieron que conformar con ver cómo
su equipo sumó la quinta derrota de los siete partidos
que van del Apertura.
El duelo entre capitalinos y santanecos a nivel de aficionados
nunca pintó para un clásico. No hubo el ambiente
que se vive en las gradas y se pudo ver a más de algún
espectador llevarse las manos a la boca para tapar el bostezo.
Fue extraño ver las calles aledañas al Monumental
vacías y escasos minutos para el silbato inicial irónicamente
más aficionados tigrillos (en los tendidos populares)
que blancos.
Mas en los últimos segundos ingresó la Fiel
Blanca con la esperanza de ver al menos un empate contra el
Fasito.
Pero no fue así y al 10 el panameño Nicolás
Muñoz abrió la ruta de los azulgranas y puso
el primero.
Al 40, Panagol selló el marcador
y la quinta caída del campeón. Los fieles
en un acto sin precedentes no quisieron ver la celebración
del canalero y dieron la espalda por lo menos tres minutos.
Mientras los de la Turba Roja les cantaron ¡hijos,
hijos!. A ratos la tomaron contra el técnico
Juan Ramón Paredes, al timonel paquidermo los occidentales
todavía no le perdonaron su paso por la Selección
Nacional.
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