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Contradictorio kerry

Meta. Ha pasado buena parte de la campaña proyectando una imagen con la que puedan identificarse los votantes y no ha terminado de lograrlo

Publicada 30 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Agencias AP
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

 

En 1963, John Kerry era un estudiante universitario en viaje de aventuras. Él y su amigo Harvey Bundy, que exploraban Europa en un Austin Healey, se pusieron a perseguir a un Alfa Romeo en los caminos sinuosos de la Riviera hacia Niza.

Los gendarmes le pararon en Montecarlo. Kerry estaba tan obsesionado por seguir el trayecto del Gran Premio de Fórmula Uno que enfiló y se les escapó a contramano en una calle estrecha.

Ahora, a los 60 años, Kerry busca la presidencia de EE.UU. con la misma obstinación de siempre; pese a su juventud privilegiada, tuvo que luchar por todo lo que consiguió.

El joven que fracasó dos veces por ser elegido para el Congreso lo logró quince años después y ahora compite por llegar a la cumbre de sus aspiraciones.
Toma con escepticismo toda sugerencia de predestinación.
La vida, dijo en una entrevista, ofrece demasiados “giros del destino” como para asegurar nada.

Aun de niño, Kerry era el “más enfocado políticamente” de la familia, dice su hermano Cameron, quien opina que es competitivo por naturaleza.
William Stanberry, compañero de Yale, asegura que el interés del candidato demócrata por la política ya era evidente en su época de estudiante.

“Yo no podía dejar de admirar a alguien con un objetivo a largo plazo tan claramente definido”, afirma. “En cierta medida, era admirable y, a la vez, en cierta medida, ridículo”.

Cuatro veces senador por Massachusetts, tiene un libreto menos definido para su persona, impulsado por el deseo de servir más que la ambición de trepar.

Al principio, dice, los pensamientos de la presidencia eran sólo “una posibilidad imprecisa”. Pero decidió postularse, afirma, porque los demócratas “no tenían voz”.
Mientras sus partidarios le ven una franqueza refrescante y una habilidad para analizar cuestiones complejas desde muchos ángulos, sus críticos le achacan ambivalencia y palabrerío insustancial.

“Tiene esta característica para describir al detalle lo que ve”, comentó el ex senador demócrata Bob Kerrey, “a veces da la impresión de que apoya las dos caras de la moneda en un tema. Pero no es así”.

Ambivalente

Escucharle debatir un tema puede ser “un poquito como presenciar un partido de tenis, viendo la pelota ir de un lado a otro”, afirma David Leiter, que fue su colaborador.

Lo que le caracteriza en sus declaraciones públicas como en lo que se refleja de su vida privada es que parece pintada en mezclas de colores y pinceladas veteadas en vez de líneas nítidas.

Es el joven promisorio de familia acomodada que logró asistir a una secundaria de elite sólo por la generosidad de una tía. Es el héroe de guerra condecorado que se transformó en un manifestante antibélico. Es el político que habla de principios básicos, pero que ganó notoriedad por su pragmatismo cauteloso. Es el candidato que no parece haber tocado el corazón del pueblo pero a quien sus amigos elogian por su habilidad incomparable para relacionarse.

Su sentido del humor, su autocrítica, su calidez y su generosidad —que sus amigos insisten es su verdadera personalidad— no siempre llegan al público. Los votantes lo suelen ver como una persona distante.

Su hija Alex, de 30 años, dice que él puede estar tan concentrado en un asunto que no se permite un solo momento de distracción.

Su hija menor Vanessa, de 27, califica a su padre como dedicado, curioso, inteligente, juguetón.

“Me gusta eso de juguetón sobre todo”, dice Kerry, cuando se le muestra la lista de su hija. Y luego, con alguna reticencia, esboza su propia autocalificación: romántico, apasionado, idealista.


Hoja de vida
John Forbes Kerry nació en 1943 en Denver (Colorado).

ESTUDIO
Se graduó de la carrera de Leyes en la Universidad de Yale.

Política
Fue fiscal de distrito y vicegobernador, y en 1984 accedió al Senado.
nupcias
Se divorció en 1988 y luego obtuvo la anulación eclesiástica para casarse con su segunda esposa, Teresa Heinz.



 

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