Con nosotros, en la guerra y la paz
marzo 6 de 1983

E l Papa está cerca de vosotros y comparte vuestro dolor. ¿Cómo podría un hermano y padre en la fe ser insensible ante las penas de sus hermanos?, dijo Juan Pablo II al llegar a El Salvador abatido por la guerra
Fue un Domingo Santo. El Salvador recibió a Juan Pablo II cantándole el himno Pescador de Hombres, que evoca el llamado de Jesús a Pedro a seguirle y lanzar las redes del Evangelio al mundo. Los salvadoreños se olvidaron de la guerra, que entonces golpeaba más en el campo. Fue día feriado.
El
esbelto Papa recorrió las calles en el primer papamóvil fabricado
en La Maestranza de la Fuerza Armada. En su honor se denominó a una de
las principales vías capitalinas, la 7a. calles Oriente-Poniente, como
la Alameda Juan Pablo II.
A su paso era esperado por multitudes de fieles hasta llegar a una explanada cercana al complejo comercial Metrocentro, donde se construyó un templete para que oficiara misa.
La muchedumbre, dos millones de personas, colmó el inmenso predio.
El
Papa está cerca de vosotros y comparte con dolor vuestros sufrimientos...
desde hace tiempos deseaba que llegara este día, declaró
el pastor.
Fernando Llort escribió una canción alusiva al Papa y a su lema Totus tuus (Todo tuyo), dedicado a la Virgen María.
La pieza se llamaba igualmente Todo tuyo y es una plegaria a María para que ayude a los cristianos a ser sembradores de paz, a saber perdonar y a imitar a Cristo.
Para entonces, la Coordinadora Nacional de la Iglesia Popular (CONIP) formada por curas, monjas y miembros de Comunidades Eclesiales de Base (CEBES, catequistas y los llamados laicos comprometidos con la Teología de la Liberación), promovía la toma de templos, sobre todo los del centro de San Salvador: la Catedral, El Rosario y El Calvario. Atizaba estos fuegos el asesinato de monseñor Romero, varios sacerdotes y de tres monjas y una laica en 1980. Cinco guardias nacionales fueron juzgados y condenados por el hecho.
La
Arquidiócesis de San Salvador estaba a cargo de monseñor Arturo
Rivera y Damas, un obispo salesiano, que recientemente había recibido
a monseñor Gregorio Rosa Chávez como su auxiliar.
La postura eminentemente de fe del Papa había generado recelo entre los grupos radicales dentro de la Iglesia, que trataban de presentarlo como indiferente a la realidad salvadoreña y afín al poder.
No vale la pena dar la vida por una ideología, por un Evangelio
mutilado o instrumentalizado, por una posición partidista, dijo
el Obispo de Roma al clero y religiosas en un encuentro en el Liceo Salvadoreño.
Al despedirse, expresó con emotividad que sentía dejar tan
pronto a los salvadoreños.
En estas horas he contemplado el rostro dolorido de este querido pueblo fiel. He podido acercarme a tantos hijos que por diversas razones sufren y lloran. Quiera Dios se vuelva a encender la esperanza de Cristo en esos corazones, afirmó y dio su bendición.