Papamóvil
fue un proyecto militar
La
construcción del auto que transportó a Juan Pablo II durante su
visita al país el 6 de marzo de 1983, fue literalmente una operación
militar. El Cnel. Oswaldo Marenco Carballo diseñó y dirigió
la ejecución del papamóvil en La Maestranza. Ahora narra su historia.
Cuando anunciaron que el Papa visitaría El Salvador, se hicieron gestiones con el Gobierno de Guatemala para compartir los gastos que iba a generar proveer de un vehículo adecuado a las necesidades de Su Santidad. El proyecto inicial contemplaba traer desde España un vehículo ya habilitado para el caso. Sin embargo, el costo resultaba tan elevado que se sustituyó la idea por otra más atrevida, pero menos costosa: construirlo aquí.
Faltaban sólo 12 días para la llegada del Papa, por lo que muchos externaron dudas acerca de la sensatez del proyecto. Esa misma noche permanecimos trabajando hasta el día siguiente en la construcción de un prototipo que fuimos a mostrar al ministro de la Defensa. Éste preguntó si lo podíamos terminar en ocho días, le aseguramos que sí.
Asentamos la base de operaciones en los talleres de La Maestranza, donde yo era segundo jefe. Trabajamos sin descanso desde que arrancamos. Conformábamos un pequeño ejército de 77 personas entre tapiceros, obreros de banco, torneros, electricistas, incluyendo expertos en telefonía. Cada quien hacía su trabajo especializado sin reparar en esfuerzos, horarios ni tiempos de comida. Todo se hacía sobre la marcha. El papamóvil quedó listo en 150 horas, unos seis días antes de la fecha de arribo del Santo Padre.
Representantes
de la Nunciatura acudieron a verlo y quedaron complacidos, pues el vehículo
tenía mejores rasgos y facilidades que el de España. La Nunciatura
envió un listado de las características y fotografías del
vehículo a Roma, desde donde dieron su beneplácito. Por razones
técnicas que impedían rodar el vehículo hasta Guatemala,
se suspendió el pacto de coinversión y El Salvador tuvo que asumir
el costo total del papamóvil.
¿Cómo fue construido?
El primer paso fue seleccionar un vehículo que fuese lo suficientemente fuerte para soportar el peso del blindaje y los demás aditamentos. Para ello desmontamos una pipa emplazada sobre un camión Ford.
Construimos la cabina, la cual fue provista de un vidrio blindado opaco capaz de detener los proyectiles de fusiles G3, M-16 y todos los demás calibres. Solamente era vulnerable a una ametralladora calibre .50 y otro tipo de armas pesadas, pero las posibilidades de que los potenciales atacantes las tuviesen eran remotas.
Además se había diseñado un riguroso aparato de seguridad
en el perímetro del Papa y en las zonas por donde transitaría.
De igual manera revestimos el resto de la cabina con blindaje inserto en la
tapicería. Con todo esto, el vehículo llegó a pesar unas
ocho toneladas.
Se instalaron puertas que se abrían mediante dispositivos eléctricos,
así como unos peldaños para subir y bajar.
También se dotó al vehículo con telefonía de punta capaz de comunicarse con cualquier país del mundo, así como un moderno sistema de aire acondicionado. Como estábamos en plena guerra, tuvimos especial cuidado en la ubicación, blindaje y aislamiento del tanque de combustible, previendo la posibilidad de un ataque con granadas incendiarias. Se incluyeron varios extintores.
Las llantas eran especiales para soportar el peso del vehículo, que se movería lentamente. Sin embargo, en una emergencia bien podía desarrollar los 80 kilómetros por hora. Como medida de seguridad, todo el personal involucrado en la construcción del papamóvil quedó confinado a La Maestranza. No nos dejaron regresar a casa y se nos dieron instrucciones para no divulgar a nadie, mucho menos a los medios informativos, las características del vehículo. Eran momentos difíciles por la agresión guerrillera contra el país.
Recuerdo el gesto que hizo el Santo Padre: cuando llegó y se le quedó viendo al vehículo asintió con la cabeza su aprobación. Más tarde mandó a través de la Nunciatura una medalla dedicada a nosotros.
Teníamos la idea de que al irse el Papa lo íbamos a desmantelar todo, pero se conservó como pieza de museo.
El mismo auto el 96
Trabajadores de La Maestranza relatan que en la segunda visita papal a El Salvador, doña Ely de Calderón y el propio Presidente llegaban a ver cómo avanzaba la obra de actualización del papamóvil.
Cuando estuvo listo se hicieron muchos ensayos para probar el comportamiento del vehículo en cuanto a peso y velocidad máxima. También se trazaron rutas de escape y se hicieron ensayos de emergencias. Cuando el Papa abordó el vehículo, éste funcionó a la perfección, solo que al llegar cerca del templete los acompañantes del Santo Padre tuvieron dificultad para abrir una de las puertas activadas electrónicamente. Como no pudieron abrirla, optaron por forzarla.
Mientras el Papa oficiaba la misa, la puerta fue reparada. En el camino de regreso un auto con mecánicos seguía al papamóvil muy de cerca.