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Dos brazos y un corazón

La pesista cuscatleca levantó las esperanzas de nuestro país: su sonrisa de triunfo iluminó la segunda plata para El Salvador.

Carlos Vides/EDH
Desde Santo Domingo
El Diario de Hoy
ESA SONRISA, ya casi una marca registrada, se volvió a repetir en santo domingo. eva maría siempre está, nunca defrauda. Foto Álvaro López

¿Recuerda usted cuando Eva María Dimas ganó en San Salvador 2002? ¿Se le viene a la mente esa chispa en su mirada, esa luz en su sonrisa, mientras elevaba la pesa como si fuera de algodón? Pues esa misma imagen de éxito volvió a ocurrir ayer, en Santo Domingo, cuando la pesista salvadoreña logró la plata de los 69 kilogramos en estos Panamericanos, la segunda en la cuenta de nuestra delegación.

Los mismos espectadores dominicanos admiraron la actitud de la salvadoreña: “¡Mírala cómo levanta la pesa, y todavía mira a los jueces y sonríe!”, dijo uno de ellos, visiblemente atrapado por el carisma de la atleta nacional.

Es su segunda medalla continental, después del bronce que alcanzó en Winnipeg ’99 en esta misma categoría.

La furia

La prueba de ayer fue una historia aparte, en donde prácticamente hubo dos competencias: la primera, la de Eva María Dimas contra la dominicana Miosotis Heredia por la plata, y la segunda, la lucha de la colombiana Tulia Medina contra ella misma, pues la actual campeona mundial juvenil elevó pesos muy por encima del resto de competidoras.

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Eva María, antes y después
Esta vez no sufrió con el peso. festejó con una banderita que le regaló su tío y luego fue a ver competir a su compañera susana calderón.

En la modalidad de arranque, Eva ya tenía su estrategia: debía iniciar en 92.5 kilos para cuidarse y luego podía seguir los pesos que pidieran sus rivales, pues ella tenía el menor peso corporal de las seis halteras participantes (68.04 kilos).

Y así fue: Eva alzó ese peso sin problemas, y luego, con los 95 kilos, volvió a demostrar su calidad y técnica. Pero entonces la dominicana le metió presión, pues logró levantar 97.5 kilos.

Eva fue llamada a la plataforma y el tiempo corría, y cuando ella apareció sólo restaban 19 segundos para que levantara la barra. “Yo tengo mi propio ritmo, no puedo levantar un peso sofocada. Me tardé demasiado en la brea (que sirve para brindar seguridad a sus zapatos) y cuando llegué a la barra se me acabó el tiempo, ni siquiera llegué a intentar alzarla”, explicó la atleta después de la competencia.

Este fallo, que le brindaba ventajas a la pesista dominicana, molestó muchísimo a Eva. “Eso sí me enojó, conmigo misma sobre todo, aunque mis entrenadores también estaban enojados. Es que estaba como dormida, muy pasiva, y debía ser más agresiva”.

Por eso, cuando salió a su primer intento ya en el envión, su rostro se había transfigurado: era una mezcla de furia y concentración. Y ya no hubo fallos.

Eva levantó sin chistar los 110 kilos de su primer intento en el envión. Esto pareció tranquilizarla, pues la presión recaía ahora sobre la dominicana.

Heredia estaba en problemas, pues en su tercer intento en el arranque, cuando falló en alzar 100 kilos, había sufrido una lesión en su codo derecho. Sin embargo, apoyada por el público que llenó el Pabellón de Halterofilia de Parque del Este, logró alzar los 110 kilos. La presión regresaba a territorio salvadoreño.

La pesista nacional debía alzar 112.5 kilos para ganar la tan ansiada medalla de plata. Eva salió concentradísima y entonces llegó el momento mágico: la pesista levantó el peso sin dificultad y su sonrisa iluminó la segunda plata para nuestro país. Luego, como gran cierre, pidió 115 kilos para su tercer intento, y lo levantó. Había igualado el récord panamericano.

Este honor no le duró mucho, sin embargo, pues luego entró en acción la colombiana Tulia Angela Medina, campeona mundial juvenil, quien se encargó de aniquilar todos los récords anteriores en esta categoría con su último intento.

Pero ya no importaba. Eva María era sinónimo de plata. Sólo eso importaba. Eso, y su sonrisa.