“Mamá,
ya crecí suficiente”
Cuando los hijos están
pequeños necesitan de los cuidados de
su madre, pero llegada la adolescencia se voltea
la moneda y lo que menos desean es que ella
los cuide y los trate como bebés.
Alma
López
Una
de los problemas que tienen la mayoría
de madres cuando sus hijos dejan de ser “sus
pequeñitos” y se convierten en
adolescentes es ¿cómo protegerlos?
Ella desea hacerlo, pero ellos no quieren, porque
lo consideran innecesario.
Los sicólogos comentan
que las madres ven a sus hijos como seres indefensos,
necesitados de cuido y amor. Muchas veces asocian
esas imágenes sin percatarse de que ya
son mayores y por lo tanto demandan independencia.
Algunas veces, explica la
siquiatra Guadalupe Torres, de forma inconsciente
la protección puede ser extrema y reducir
libertades, de manera que se sientan asfixiados,
una situación que puede convertir el
hogar en un campo de batalla.
La sobreprotección,
con frecuencia, suele afectar la personalidad
de un individuo porque se corre el riesgo de
que sea inseguro, dependiente de otros y enfrente
un verdadero desafío a la hora de tomar
decisiones.
Cuando el hijo o hija no es sumiso y detesta
la constante supervisión de mamá,
pasará enfadado muy a menudo y las discusiones
estarán a la orden del día, de
manera que no será extraño verle
abandonar su casa.
Experiencia y juventud
Los adolescentes se consideran
autosuficientes y están convencidos de
que todo lo saben; para ellos la mayor parte
de lo que hacen o dicen su padres está
desfasado, comenta la doctora Valencia.
Cuando piensan de esta manera comienzan las
fricciones entre madre e hijos. No es extraño
que se den discusiones acaloradas por cosas
insignificantes o de trascendencia para el futuro
de él o ella.
A lo mejor la hija o el
hijo desea ir al cine con sus amigos, pero a
su madre no le gusta la clase de amistades que
tiene o incluso no los conoce y por tal razón
se niega a darle permiso.
Entonces surgen los berrinches
y reproches de éstos por la negativa.
Ella le dice que es por su bien, hay un intercambio
de expresiones subidas de tono, la discusión
finaliza en unos minutos y ambas partes terminan
dándose la espalda.
Una madre, antes de negar
o dar permiso para salir de casa, considera
una serie de factores como si sus hijos estarán
expuestos al alcohol, las drogas y un sinfín
de peligros. También evalúan la
responsabilidad y madurez que éstos tienen.
En algunos casos no es desconfianza,
solo temen que le suceda algo malo o alguien
pueda hacerles daño, en especial en un
país donde hay altos índices de
criminalidad.
El noviazgo, la forma de
vestirse y comportarse así como el arreglo
personal se suman a los temas que en las familias
generan discusiones y por tanto dividen a madres
e hijos.
Etapa superable
Es una transición
donde el individuo deja la niñez y se
prepara para convertirse en adulto por eso no
es extraño que surjan actitudes rebeldes
de no querer sujetarse a las reglas impuestas
en su casa.
La mayoría de los
jóvenes rechazan y odian los horarios
de llegada a su casa, la realización
de ciertas tareas e incluso los consejos de
su padres.
Para la doctora Torres lo
mejor que pueden hacer hijos y madres es hablar
sobre ello, ambas partes deben exponer sus razonamientos
y de igual manera escucharse. La confianza es
indispensable.
A pesar de que la adolescencia
es una etapa de muchos retos para ambas partes,
no debe convertirse en una pesadilla. Lo ideal
es que existe una verdadera comunicación
basada en el respeto mutuo y aderezada con el
amor.
Consejos de expertos
Los hijos deben considerar
que sus padres tienen más experiencias
que ellos y como tal pueden tener una dimensión
más amplia de los peligros que acechan
a un adolescente.
La madre, por su parte,
tiene que tomar en cuenta que sus hijos ya no
son niños y necesitan desarrollarse en
otros ambientes para estar con personas que
no sean los de su casa.
Para que exista una buena
relación, la madre debe construir los
cimientos de la comunicación desde los
primeros años de vida con su hijo o hija,
así al llegar a la adolescencia la existencia
de esos lazos ayude a superar los problemas
que surgan.
Es necesario inculcar la
responsabilidad. Hágales ver que cada
acción realizada tiene sus consecuencias
y la elección entre lo bueno y malo es
fundamental para su futuro.
Si una madre cuenta con
su esposo es importante que ambos se pongan
de acuerdo para dar permisos. Es imprudente
que uno de su aval y el otro lo niegue.