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Los peligros de la guerra urbana

The New York Times.
Cada edificio destartalado se convierte en un bastión para francotiradores, cada camino desértico en una zona de emboscada.


Alan Cowel
LONDRES, GRAN BRETAÑA

Mark Sutrunk, de la Tercera División de Infantería y una mujer iraquí auxilian a un herido en la ciudad de Bagdad. Foto: AP

Bajo este tipo de guerra, los avances y retiradas se miden en calles y hasta media calle, o incluso en casas. En los cálculos de batalla, el escudo de la tecnología da paso a errores y habilidades humanos; velocidad y engaño, firme conocimiento de calles y callejones.
Desde Estalingrado y Berlín en la II Guerra Mundial, hasta el ataque de Estados Unidos sobre Hue, Vietnam, en 1968 y sobre las zonas de guerra de Beirut o Nablús, Belfast o Mogadishu, la guerra urbana se ha convertido en un elemento central del arsenal de quien está en desventaja: una lucha sin escrúpulos por la ventaja de propaganda que explota las pérdidas de vidas civiles y niega el poderío superior del intruso.
Y es precisamente esa desordenada, manipulativa y asesina clase de combate entre fuerzas convencionales y escurridizos defensores lo que podría dirigir a los estadounidenses a medida que se van acercando a Bagdad.

“Los iraquíes van a buscar un combate cercano y sucio, con tanquetas iraquíes saliendo disparados de garages y edificios; conducirán acciones ofensivas en pequeña escala con soldados desmontados que tendrían el apoyo de morteros”; escribió el General Wesley Clark, el ex comandante de Estados Unidos que encabezó a la fuerzas de la OTAN durante la campaña en Kosovo.
“En los combates abundarán los turcos que ya hemos visto y más: emboscadas, falsas rendiciones, soldados vestidos de mujeres, ataques sobre áreas de la retaguardia y puestos de mando”, dijo en un artículo pubicado en el diario The Times de Londres. “Los iraquíes estarán preparados para llevar a cabo misiones de alto riesgo, de una clase que nosotros no consideraríamos”.

Artificios y engaños

Si bien todos los comandantes de la coalición en Iraq han expresado su indignación ante lo que ven como tácticas tan carentes de honor, la guerra en áreas úrbanas siempre ha establecido sus propias reglas de artificios y engaños, desde el uso de un caballo de madera para romper el sitio de Troya más de 3,100 años atrás hasta los tiempos modernos, cuando la guerra se transmite en vivo por televisión, las 24 horas.

Y en esta era posterior a la Guerra Fría de guerra asimétrica -la lucha entre abrumadoras fuerzas convencionales y celosos adversarios buscando las aberturas en la armadura occidental de alta tecnología- el combate ha llegado a significar un concurso para incapacitar la tecnología que permite a las fuerzas estadounidenses contemplar las probabilidades de matar, sin perder a sus propios efectivos.

En decenios recientes, las actividades bélicas en urbes ha asumido diversas formas, con muchos enfoques.
Hacia mediados de los años 70 en Beirut, fuerzas palestinas y otros musulmanes combatían a milicias cristianas a lo largo de una línea de religiones cuyos incongruentes marcadores iniciales fueron lujosos hoteles frente al mar -el St. Georges y el Phoenicia, el Palm Beach y el Normandie- ganando y perdiendo en combates habitación por habitación.

Las armas normalmente eran proyectiles antitaquetas de baja tecnología, que los combatientes lanzaban apoyando el lanzagranadas sobre su hombro, rifles de asalto y morteros, ametralladoras montadas en camionetas que destacan por ser furtivas y de gran movilidad. Pero, cuando infantes de la Marina estadounidense intervinieron en Líbano, un arma igualmente burda, una bomba sobre un camión y un atacante suicida, mataron a más de 230 de ellos en 1983.

De casa en casa


“Las tácticas del combate urbano normalmente benefician al defensor”, dijo Clifford Beal, el editor del Semanario de Jane sobre Defensa, destacada publicación sobre temas militares. No sólo eso, la guerra urbana “negará la ventaja tecnológica de la coalición”.
Agregó: “Los iraquíes estarán saltando desde y hacia callejones. Tiende a convertirse en una situación de baja tecnología, de casa en casa, y ese tipo de combate puede volverse muy costoso para combatientes y otras personas”.

Una guerra que depende de baja tecnología y grandes números de combatientes y bajas precisamente es lo opuesto a lo que el Ejército Estadounidense está entrenado para hacer en tiempos modernos. E incluso el Ejército de Gran Bretaña, con tres decenios de experiencia en combatir al Ejército Republicano Irlandés (ERI) en Irlanda del Norte, tampoco estaría familiarizado con el terreno iraquí en ciudades como Basora o Bagdad, ni con el mucho mayor poderío de fuego que las tropas iraquíes podrían usar en áreas urbanas.
La presión, por tanto, podría ser para desencadenar un enorme ataque, pese a los claros objetivos de mantener las bajas civiles y los daños a un mínimo.

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