< Inicio del sitio

CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS
 
 

¿Y si no derrotan a Hussein?

Este fue un día sombrío en Bagdad, quizá el más angustiante de todos desde que se inició la guerra, y con la terrible perspectiva de que lo peor todavía está por llegar.

JOHN F. BURNS
BAGDAD, IRAQ

Con la ayuda de radios de onda corta y redes de amigos y parientes que mantienen informados a los iraquíes de la realidad que sus gobernantes les niegan, prácticamente no había un hombre o mujer en Bagdad, o incluso un niño de más de 7 u 8 años de edad, que no supiera que las tropas estadounidenses estaban prácticamente en el umbral de Bagdad.

Durante 30 años, Sadam ha trabajado para ser un personaje sin rival en Iraq. La guerra contra Irán, la ocupación de Kuwait, las sanciones económicas de las Naciones Unidas, el enfrentamiento verbal y diplomático con Estados Unidos, las implacables purgas de cualquier iraquí crítico o adversario potencial, el asombroso culto a la personalidad de Sadam manifiesto en sus monumentos, estatuas, biografías e himnos de adoración, todo eso ha sido, como lo ven muchos iraquíes, la manifestación de la energía de un niño pobre, descalzo, carente de padre, nacido en una aldea del Tigris, que se convirtió, con el tiempo, según es llamado en las publicaciones oficiales iraquíes, en Sadam el Grande.

Pero en los días desde que las fuerzas armadas estadounidenses cruzaron la frontera desde Kuwait, y en particular ahora que están en las primeras etapas de montar un sitio a Bagdad, Sadam se ha visto enfrentado a la peor pesadilla que puede imaginar un gobernante absoluto, o sea, una fuerza mayor que la suya.

Incluso los partidarios del régimen iraquí, cuando menos en el nivel de hombres y mujeres comunes, dicen en privado que, en esta ocasión, los largos años de reinado quizá hayan terminado.

El martes pasado, cuando las fuerzas armadas aliadas se habían internado casi 500 kilómetros en el norte, es decir, estaban mucho más cerca de Bagdad, la pregunta era: ¿Cuánto tiempo tardará Estados Unidos en ajustar sus cuentas con Sadam?

¿Llevará la guerra hasta las calles?


Los miembros de la familia, temerosos de ser descritos en cualquier forma que pudiera hacerlos identificables, dicen que están aterrados por él éxito que han tenido las tropas irregulares iraquíes, entre ellos los milicianos más fanáticos, en cuanto a retrasar y hostigar a las tropas estadounidenses en su campaña a lo largo del valle del río Éufrates.

A las familias iraquíes les angustia la posibilidad de represalias violentas contra ellos, en caso de que la captura de Bagdad sea lenta.

Pero, mucho más que eso, temen lo que les ocurriría si, enfrentado a una férrea resistencia de las tropas de Sadam, Bush hiciera lo que hizo su padre al final de la Guerra del Golfo en 1991, y decidiera que era preferible un acuerdo de paz a una larga y sangrienta campaña armada para derribar a Sadam.

“Esa es nuestra pesadilla”, dijo un iraquí, “Nosotros preguntamos: ‘¿Qué haría Bush para ayudarnos en ese caso?’”.

Temor profundo


Una cosa que no ha cambiado es el temor profundo, el miedo casi universal que reina en esta nación en cuanto a expresar cualquier idea disidente. Saddam quizá esté enfrentando el desafío más formidable de su vida, pero aún está en el poder, cuando menos en Bagdad, y sigue teniendo la autoridad para ordenar una feroz represalia contra cualquiera que muestre la menor señal de traición a su régimen.

Aun desde antes de la guerra, los iraquíes habían empezado a pedir prestado a un futuro imaginado, al hablar, aquí y allá, como si las nuevas libertades ya hubieran llegado.

Después del inicio del conflicto, esta actitud continuó durante algunos días, alentada por el hecho de que Sadam había desaparecido del escenario político después del intento estadounidense de matarlo con un ataque de misiles crucero que dio inicio a la guerra antes de la madrugada del jueves.

Pero después, el lunes, el líder iraquí reapareció para pronunciar un largo discurso televisado en el que demandó a los milicianos iraquíes que “cortaran la garganta” de los estadounidenses, y con ello las viejas ansiedades regresaron con toda su fuerza, en toda la ciudad.

Al acercarse el fin -si, de hecho, esto es el fin- el régimen iraquí parece estar desapareciendo, dejando a los ciudadanos, en esta hora de crisis, para arreglárselas como puedan.

Click
< REGRESAR AL INICIO
  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal