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“¡Había muertos, heridos y ruinas por todas partes!”

Los cuerpos calcinados de unos 14 iraquíes yacían en una calle del distrito Shaab de Bagdad, en medio de chatarras de autos ennegrecidos y escombros de edificios destrozados

Bagdad, IRAQ
DPA.-

Iraquíes caminan desconcertados entre las ruinas del suburbio de El Shaab. Foto AP

El suburbio de Bagdad, El Shaab (El Pueblo,) ofrecía ayer una imagen del horror. Tras fuertes explosiones a última hora del mediodía, las personas vagaban con la mirada perdida entre restos de destrozados automóviles y arrancadas farolas, en busca de muertos y heridos.

La fuerte lluvia mezcla la sangre de más de una docena de muertos con el barro que lo inunda todo. Nadie sabe aquí quién es el responsable de este sufrimiento.

“Oímos la detonación de dos misiles”, asegura Ali Suldani. La parte frontal de su taller, en el que repara tubos de escape de coches, fue arrancada por la onda expansiva, al igual que las de las otras casas y comercios de este barrio.

“Estábamos trabajando cuando sucedió”, explica. En el suelo, junto a sus pies, hay gotas de sangre. Uno de sus empleados resultó herido en el ataque, al igual que el hermano de Suldani, que también trabaja en el taller.

“Había muertos y heridos por todas partes, entre ellos muchas mujeres y también niños”, relata su vecino, el conductor de autobús Jalid Mohammed.

“Me acabo de cambiar, ya que mi ropa estaba llena de sangre de llevar heridos”. En el fondo ululan las sirenas de las ambulancias, que siguen transportando heridos.

¿Un error?


Es la primera vez desde el comienzo de los ataques contra Bagdad, hace una semana, en que mueren tantas personas de una sola vez. Hasta ahora se habían contado a cientos de heridos que vivían en los alrededores de los objetivos alcanzados.

Objetivos errados, que habrían costado la vida a muchas personas, no se habían producido hasta el momento. Ahora, las autoridades iraquíes acusan a los “atacantes”, a las fuerzas británico- estadounidenses, de no diferenciar entre objetivos militares y civiles.

Pero una visita al barrio no permite sacar conclusiones concretas acerca de qué armas estallaron allí. Está claro que hubo fuertes explosiones.

Entre los restos de los automóviles y en los edificios se pueden ver impactos de esquirlas. Las fachadas de las casas están ennegrecidas, las ventanas se han roto.

Ninguno de los testigos se explica por qué se convirtió en objetivo de ataque esta calle, en momentos en que estaba abarrotada.

“En estos alrededores no hay nada militar”, asegura Suldani. “Hacer algo así es una tremenda tontería”, agrega más pensativo que iracundo.

El ataque, además de provocar muerte, heridas y dolor, ha acabado con el medio de existencia de los habitantes de esta zona. El taller de reparaciones de Suldani está totalmente destruido, y su vivienda, que estaba al lado, ha resultado muy dañada. Y Suldani recuerda: “Es todo lo que tengo”.

Los niños sufren más que nadie el impacto sicológico por la muerte de civiles, ya que les cuesta entender la reacción de sus padres, que son su referencia para la estabilidad emocional.

Sus signos de trauma ya se comenzaron a sentir, continuos llantos, miedo ante los ruidos, pesadillas e insomnio.

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