| |
Sadam
El verdugo de iraq
Al
ordenar eliminar a los kurdos rebeldes, en la década
de 1980, dejó un saldo de 180 mil desaparecidos, que
se presume murieron y En 1988, utilizó armas químicas
para matar a 5.000 kurdos en el norte
WASHINGTON, EE.UU.
AP, REUTERS, EFE, DPA.-
Hace exactamente quince años que Sadam Hussein ordenó
a la Fuerza Aérea iraquí gasear Halabja, una
ciudad al norte del país controlada por los separatistas
kurdos.
La gente las llamaban las bombas sin voz. Cuando chocaban
contra el suelo no había explosión, ni metralla
o llamaradas. Tan sólo el estremecedor siseo del gas
y un olor raro... como a manzanas, dicen algunos sobrevivientes.
Al mediodía del 16 de marzo de 1988, unidades de la
Fuerza Aérea iraquí atacaron con bombas mudas
Halabja, una pequeña ciudad enclavada en las agrestes
montañas del noroeste del país que controlaban
los separatistas kurdos.
El bombardeo apenas duró seis minutos pero, cuando
se extinguió el rugido de los motores, centenares de
cadáveres monstruosamente hinchados -con baba verde
en los labios, sangre en los oídos y nariz- aparecieron
esparcidos por las calles.
Los animales perecieron, pero las casas, los utensilios de
cocina y los árboles permanecían misteriosamente
intactos. Nunca se supo la cifra exacta de muertos. Sólo
que eran más de 5.000 y habían sido víctimas
de una de las formas de matar más silenciosa, perversa
y aterradora que ha inventado el género humano: la
guerra químico-bacteriológica.
Los pilotos de Sadam no lanzaron un solo tipo de bomba. A
la vista de lo ocurrido, los expertos han llegado a la conclusión
de que arrojaron un cóctel, en el que había
gas mostaza, gases nerviosos como el VX y hasta gas lacrimógeno
concentrado.
Los kurdos, aliados clave de EE.UU. en el ataque a Iraq, son
el mayor pueblo sin Estado del mundo: más de 30 millones
de personas con una lengua y cultura común, pero que
viven repartidos entre Turquía, Iraq, Irán,
Siria y Armenia.
Mientras se vive la actual guerra, los pobladores de Halabja
siguen traumatizados.Muchos se concentran junto al sombrío
monumento que representa a una de las víctimas o se
acercarán a las colinas donde yacen en fosas comunes
la mayoría de sus seres queridos.
Sadam, que proviene de un clan campesino de Tikrit, un pueblo
del Tigris a 120 km al norte de Bagdad, conspiró y
mató para llegar al poder.
Se inició en la alta política colaborando
en el golpe de estado que llevó al poder al Partido
Socialista Arabe Baath en 1968. Pronto, Sadam se destacó
como matón del nuevo gobernante, el general Ahmad Hassan
al Bakr, mientras el gobierno iniciaba las purgas de sus opositores.
En 1969, más de 50 personas fueron ejecutadas por acusaciones
de espionaje, entre ellas un grupo de judíos iraquíes.
Ya en julio de 1979, Sadam había desplazado a al Bakr
y se había convertido en gobernante indiscutido de
Iraq.
Tras derrocar a al Bakr, Sadam ordenó la ejecución
de 22 altos funcionarios, y participó incluso en sus
pelotones de fusilamiento.
Hoy día, Sadam y sus hijos Qusai -- su presunto heredero
-- y Odai, desafían con sus tropas a las fuerzas anglo-estadounidenses
que tienen como objetivo desaparecerlos del mapa de una vez
por todas.
Kurdos, el mayor pueblo sin Estado
Los kurdos, aliados clave de 0EE.UU. en el ataque a Iraq,
son el mayor pueblo sin Estado del mundo: más de 30
millones de personas con una lengua y cultura común,
pero que viven repartidos entre Turquía, Iraq, Irán,
Siria y Armenia.
Descendientes de los medas, se asientan desde hace más
de treinta siglos en los 500.000 kilómetros cuadrados
que forman el Kurdistán, desde los montes Taurus de
la Anatolia oriental, en Turquía, a los montes Zagros
del oeste iraní y el norte de Iraq.
Su subsuelo está considerado como una de las mayores
reservas acuíferas y petrolíferas de Oriente
Próximo. Prácticamente todo el crudo extraído
por Turquía y Siria y un tercio del de Iraq surge de
los pozos perforados en territorio kurdo.
Con su lengua, el pueblo kurdo es indoeuropeo y su sociedad
fuertemente tribal. A pesar de haber sido islamizado por la
dominación árabe, aún mantiene fuertes
tradiciones vinculadas a la religión mazdeísta
de sus orígenes, como la adoración por la Naturaleza:
el narciso es su símbolo.
Considerados grandes guerreros (kurdo significa héroe
en persa), paradójicamente, han vivido siempre dominados
y aunque su sociedad basada en principados gozó de
relativa autonomía tanto durante el imperio persa como
al principio del otomano, a partir del siglo XIX no han dejado
de sucederse las rebeliones kurdas.
El feudalismo tribal y la falta de un liderazgo común
impidieron la creación de una conciencia nacional y
contribuyeron a sofocar los numerosos levantamientos kurdos
que se han producido en los últimos doscientos años.
En muy pocas ocasiones han conseguido algún tipo de
autonomía, sólo en 1945, cuando se fundó
la República Independiente de Mahabad (Irán),
que duró un año, y, en la década de los
70 en Iraq, cuando los kurdos obtuvieron ciertos derechos
colectivos.
Y es que la represión ha sido una constante de los
países con población kurda, que, ante el temor
independentista, optaron por "colonizar", a precio
de sangre, la cultura kurda, prohibiendo el uso de su lengua
o sus costumbres y enviando "colonos" turcos o árabes
a la región.
Ello sin olvidar las matanzas, la destrucción de sus
pueblos y ciudades y la desaparición de miles de kurdos
en operaciones militares, que han terminado por obligar a
casi un millón de ellos a vivir lejos de su hogar.
Todos los Gobiernos las han empleado en mayor o menor medida.
En el caso de Irak, hay un año (1988) y dos nombres
claves: Halabja, la ciudad bombardeada con gas nervioso en
la que en sólo unas horas murieron unos 5.000 kurdos,
en su mayoría ancianos, mujeres y niños.
La otra palabra manchada por la tragedia es Anfal, como se
denominó a la campaña militar en la que fueron
arrasados miles de pueblos y desaparecieron miles de hombres
y jóvenes, cuyas familias hoy todavía no saben
dónde están enterrados.
|
 |