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Vivir ocultos bajo la “lluvia de los misiles”

Intensas detonaciones, el ulular de las sirenas y el tableteos del fuego antiaéreo resonaron ayer por toda la capital de Bagdad, mientras los temerosos iraquíes están conscientes de que aún falta lo peor

BAGDAD, IRAQ
SERVICIOS CABLEGRÁFICOS.-

El disparo de un misil Tomahawk deja una bola de fuego en un portaaviones de EE.UU. Foto: AP

Los iraquíes desertaron ayer de las calles y se refugiaron en sus casas para esperar, con las luces apagadas, otra noche de bombardeos que temían fuera mucho peor que la del inicio de la guerra.
Automóviles con familias enteras salían al atardecer del centro de Bagdad para dirigirse a la zonas residenciales y alejarse de los edificios oficiales, que todos auguraban serían los objetivos de los nuevos y masivos ataques.

“El bombardeo de esta noche seguro que será terrible. Esto no ha hecho más que empezar”, advirtió.
Después de un día de relativa calma en que algunos niños anduvieron en sus bicicletas o jugaron al fútbol en las calles, la ciudad empezó a vaciarse al caer la noche. Los residentes dijeron que muchos corrieron a sus casas, se albergaron en los refugios o se fueron al interior en anticipo de los ataques nocturnos.

Militantes del partido Baaz en el poder, armados con fusiles automáticos “Kaláshnikof” y protegidos con cascos, patrullan por los alrededores de los ministerios y se han apostado en trincheras y barricadas ante los palacios presidenciales.

La radio continuaba desde la mañana con la difusión de himnos al dictador Sadam Hussein, versículos del Corán, marchas militares y cánticos guerreros de tribus beduinas.
Sadam se reunió ayer con sus ministros y altos mandos militares para preparar los nuevos pasos a dar, según informó la cadena de televisión iraquí, Al Bandar.

Hubo agua y luz


En Bagdad, los comercios, restaurantes y bancos permanecieron con las puertas cerradas y el tráfico fue muy escaso durante todo el día, a parte de unos pocos taxis, vehículos con periodistas y autobuses vacíos de pasajeros.

Durante la jornada hubo servicio de agua, lo que algunos aprovecharon para llenar los últimos depósitos y las bañeras, en previsión de un corte en el suministro.
También hubo corriente eléctrica y funcionaron los teléfonos, aunque cada vez es más difícil conseguir línea.

“No han tocado las centrales eléctricas ni las plantas potabilizadoras de agua, parece que esto no va con los civiles”, comentó Zaer, un conductor de 50 años, quien afirmó que “me levanté y lo primero que me pidió el cuerpo fue fumar un cigarrillo”.
“Lo de anoche no era lo esperado. Creímos que iban a machacar como en el primer bombardeo de 1991 (en la guerra del Golfo)”, dijo Ahmed Ali, de 20 años, que recordó que entonces se atacaron plantas de agua y centrales eléctricas.


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