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Pese
a bombas, la vida sigue
El
adelanto de la ración de comida,cuyo reparto estaba
previsto que comenzara el próximo mes, fortaleció
la idea de que la guerra será larga
BAGDAD, IRAQ
EFE.-
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Espesas columna de
humo se elevan sobre Bagdad, la capital iraquí.
Sus habitantes trataron ayer de reanudar parcialmente
sus labores y algunos vehículos empezaron a circular.
Foto EDH / AP
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Los habitantes de la ciudad de Bagdad comenzaron a acomodarse
a los bombardeos; algunos abrieron sus comercios y otros vendían
en puestos callejeros y hacían oídos sordos
al estruendo de los misiles en el quinto día de la
guerra.
Farmacias, restaurantes y fruterías recibieron la visita
de sus primeros clientes. Las calles aparecían poco
pobladas pero en calma y continuaban con normalidad el suministro
de agua y luz, pese a las decenas de misiles que cayeron sobre
la capital.
La gente se ha dado cuenta de que no se ha extendido
el caos, era lo que al principio más temía.
Así que poco a poco pierde el miedo, explicó
Mustaq, un empleado que circulaba al atardecer en su coche
de marca japonesa por el núcleo urbano.
El régimen no ha perdido el control de la situación,
y no han aparecido los Ali Baba, dijo en referencia
al nombre con el que se conoce popularmente en Bagdad a los
ladrones.
Omar comentó que abrió durante dos horas sus
farmacia del barrio de Karrara, al sur de la ciudad, porque
la gente siempre necesita que se le atienda, nunca deja de
necesitar medicinas.
La mayoría ha comprado aspirinas para los dolores
de cabeza y tranquilizantes para calmar los nervios.
Mustafá, camarero de un restaurante de Saadun, en el
centro de la capital, mostró extrañeza ante
la pregunta de porqué mantenía abiertas las
puertas de su establecimiento. Aquí trabajamos
con normalidad, no es la primera vez que nos bombardean,
respondió.
El adelanto de la ración de comida y de productos de
primera necesidad vino a fortalecer la idea de que la guerra
será larga.
La cuota incluye dos sacos de arroz y dos de harina, un kilogramo
de azúcar y uno de té, jabón y detergente.
El conflicto bélico es visto por otros como una ocasión
de oro para enriquecerse y multiplicar sus ingresos después
de que la radio anunciara que Sadam Hussein ha prometido fuertes
recompensas a quien derribe aviones y helicópteros
enemigos y capture a los pilotos.
La supuesta caída el domingo en paracaídas del
tripulante de un avión británico sobre el río
Tigris, que divide en dos a la capital, abrió la veda.
Campesinos de Kerbala, localidad al suroeste de Bagdad, bailaban
ayer de alegría y disparaban al aire ráfagas
de fusil kalashnikov tras obligar a realizar un
aterrizaje de emergencia a dos helicópteros Apache
estadounidenses.
No es posible que unos labradores hayan alcanzado un
Apache, no puede ser. Seguro que eso ha sido obra de Dios,
dijo convencido Tahar, un doctor en medicina.
Menos de dos horas después, una periodista española
era confundida en Bagdad con una piloto norteamericana o británica,
y el conductor de un compañero tuvo que intervenir
para que no la detuviera un grupo de milicianos.
Cómo íbamos a saber que es periodista
sino se le veía la acreditación, explicaron
quienes se disponían a apresarla para entregarla a
las autoridades y cobrar los $150,000 de premio.
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