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Liberan
a prisioneros de celdas subterráneas
Un
sujeto afirma que vio a más de 300 personas salir de
un complejo de celdas subterráneqas el viernes. No
está claro cuántas personas pueden haber desaparecido
o haber sido retenidas en el complejo durante el régimen
de Sadam
BAGDAD, IRAQ
AP, EFE.-
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| Un sujeto afirma que vio a más
de 300 personas salir de un complejo de celdas subterráneqas
el viernes. Foto: AP |
Cientos de hombres, mujeres y jóvenes recorrían
el sitio donde estaba ubicado elcomplejo de la inteligencia
militar Istikhbarat, buscando pistas sobre el destino de sus
seres queridos, desaparecidos durante los 24 años de
régimen de Saddam Hussein.
A mi hermano se lo llevaron en 1979, después
que Sadam tomó el poder, relató Abdul
Karim, de 41 años. Yo creo que estaba aquí...
He estado buscando desde hace tres días, pero no he
encontrado nada.
Muchos compartían su frustración, al no hallar
a nadie que se pareciera a las fotos que llevaban consigo.
Yo tengo dos tíos que han estado desaparecidos
desde 1980, afirmó Karim Saheb, de 34 años,
empleado de una tienda. Se los llevaron porque habían
dicho algo malo sobre Sadam. Nunca volvimos a saber de ellos.
No está claro cuántas personas pueden haber
desaparecido o haber sido retenidas en el complejo durante
el régimen de Sadam.
Un sujeto indicó que vio a más de 300 personas
salir del complejo el viernes, después que las liberaran
de celdas subterráneas.
Yo vi a un prisionero que dijo haber estado allí
desde hacía 25 años. Era kurdo, dijo Faraz
Hashim, de 27 años. También vi familias
enteras pero hay mucha más gente en los subterráneos
y no sabemos dónde están las celdas.
Complejo vacío
Los soldados estadounidenses de la 3ra División de
Infantería y las fuerzas especiales registraron en
docenas de edificios en el complejo durante segundo día
consecutivo, pero no encontraron prisioneros.
Ellos nos llevan hasta donde dicen que hay una entrada,
y después sucede que allí no hay nada, sólo
una pared de ladrillos, señaló un soldado
de las fuerzas especiales. El mayor Eric Murray, de 38 años,
manifestó que el complejo -que abarca 500 acres- parecía
ser una instalación donde se realizaban interrogatorios
y que los prisioneros eran mantenidos allí durante
unos cuantos meses antes de conducirlos a otra prisión.
Un iraquí aseguró que él había
visto a 50 kuwaitíes esposados y con los ojos vendados
en el complejo en 1991. También acotó que no
sabía qué suerte habían corrido.
Otro hombre, que se identificó como un ex oficial del
ejército iraquí, contó que él
estuvo retenido brevemente en una celda subterránea
en esa instalación el año pasado.
Voces bajo tierra
Entre los escombros de la temida Mujabarat de
la ciudad de Basora, calcinada y demolida por los bombardeos,
todavía hay quien cree oír los lamentos de los
suyos.
Se oyen voces debajo de la tierra. Hay gente viva en
habitaciones enterradas, pero no encontramos una sola puerta,
asegura Said Abdala.
Añade, desesperado, qué podemos hacer,
llamad a vuestros amigos (los soldados británicos),
van a morir.
Otro de los congregados detalla, más calmado, que en
las celdas se puede oír a los supuestos prisioneros
que responden a los golpes que damos en el suelo.
Les escuchamos gritar Allahu Akbar (Dios
es el más grande) y llorar. Es urgente salvarlos,
explica un clérigo chiíta que también
se ha acercado al siniestro edificio.
Un centenar de metros más allá, una turba de
hombres vestidos con las tradicionales galabeyas y adolescentes
con camisetas de fútbol se arremolinan expectantes.
El que entraba aquí, nunca más volvía
a salir; todos queríamos saber qué ocurría
dentro pero no nos atrevíamos ni a acercarnos,
dijo a EFE Husein Adberrahim, un vendedor de hortalizas del
devastado mercado que una vez hubo enfrente.
Recorrido macabro
En medio del desorden que parece consustancial a este Iraq
de la posguerra, un sujeto alto se presenta como ex prisionero
y se ofrece a hacer de guía de un recorrido macabro
por las mazmorras de la Mujabarat, en el que desgrana
los horrores de los sicarios de Sadam.
En esta celda -doce metros cuadrados, sin ventanas y
con un baño turco- se hacinaban decenas de personas,
apretadas y siempre en cuclillas. Cuando nos sacaban nos ataban
a esta barra en el suelo y nos golpeaban, señala
el improvisado ayudante.
Las celdas se suceden alrededor de un patio cubierto por una
red de alambre con púas, que apenas deja pasar los
rayos del sol.
En esa estancia se aplicaban descargas eléctricas,
tan fuertes que algunos morían, subraya.
Los cuerpos eran llevados a hospitales, donde eran descuartizados
y lanzados al río, apostilla el relato de una de las
grandes leyendas negras del régimen de Sadam Hussein.
La sombra del dictador todavía está presente:
los iraquíes están obligados a ver su rostro
cada día, impreso en los billetes que guardan en sus
bolsillos.
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| Varias personas recorren una calle
en siria en señal de protesta por las acusaciones
de los Estados Unidos, que según posee armas químicas.
Foto: AP |
Siria niega tener armas químicas
Siria negó ayer las acusaciones estadounidenses de
que posee armas químicas y restó importancia
a comentarios de Gran Bretaña, al decir que nunca cooperó
con el régimen del derrocado Sadam Hussein.
Bush dijo el domingo que cree que Siria tiene armas químicas
y que Damasco debe cooperar con Washington y no ofrecer refugio
a ningún dirigente iraquí fugitivo.
Estados Unidos estudiará posibles medidas diplomáticas
o económicas contra Siria.
Nuevo gobierno
Los planes para formar una administración liderada
por Estados Unidos en Iraq serán puestos a prueba hoy,
cuando funcionarios estadounidenses y representantes divididas
facciones iraquíes se reúnan en la sureña
ciudad de Nassiriya.
El proceso sufrió un golpe ayer, cuando un el principal
grupo chiíta musulmán dijo que no irá
al encuentro, que muchos iraquíes ven con escepticismo,
aunque dicen que cualquier clase de gobierno es mejor que
el caos y la anarquía que han azotado gran parte del
país desde el derrocamiento de Sadam Hussein.
La reunión será supervisada por Jay Garner,
un pragmático general retirado estadounidense que recibió
elogios por su manejo de la misión para ofrecer asistencia
a los kurdos en el norte de Iraq tras la Guerra del Golfo
de 1991.
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