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Confesiones de un ex iraquí

Salaam fue a Iraq a combatir a los estadounidenses y a morir como un mártir. Sin embargo, regresó a su país herido de metralla y cargado de historias sobre cómo enfrentó el poderío militar estadounidense con un fusil.

Por Mariam Karouny
BEIRUT, abr 9 (Reuters)

Desde un hotel de Bagdad se mudó a un campo de entrenamiento donde voluntarios se entrenaban practicando tiro al blanco y guerra de trincheras. Luego Salaam, de 24 años y desempleado, fue enviado a la guerra.

"Estaba durmiendo detrás de montículos de arena y disparando con (fusiles) Kalashnikov contra helicópteros.

Fue una locura", relató. "Estuvimos en el frente cinco días y no comimos nada. Vi dos cadáveres con disparos en la cabeza".

Se cree que miles de voluntarios del mundo árabe estaban en Iraq para intentar frenar el avance de las fuerzas estadounidenses y británicas. El miércoles, el gobierno de Saddam Hussein se derrumbó y los iraquíes recibieron alegremente a las tropas estadounidenses en Bagdad.

Salaam, un chiíta libanés, dijo que no estaba preparado para la hostilidad de algunos iraquíes ante voluntarios como él.

"Fui allá a ser mártir, no a ser asesinado por un hermano", le dijo a Reuters. "Fuimos allá a ayudarlos a liberar su país y todo lo que hicieron fue dispararnos a la espalda".

"No le tengo miedo a los estadounidenses. Por el contrario, quiero combatirlos. Pero le tuve miedo a los iraquíes, específicamente a aquellos que se llaman a sí mismo las oposición iraquí", dijo.

En El Líbano, cientos solicitaron visas para entrar a Iraq a través de Siria. Otros como Salaam, cuyo nombre significa paz, fueron por su cuenta.

"La gente debe entender que fuimos allá por la guerra santa.

Iraq es una tierra santa y debemos protegerla", señaló el joven, quien regresó a Beirut la semana pasada con una herida de metralla en su pierna.

Los musulmanes creen que quienes mueren en la yihad, o guerra santa, son mártires que van directo al paraíso.

Las ciudades sagradas de los musulmanes Najaf y Karbala, donde se encuentran algunos de los santuarios más importantes de los chiítas, fueron escenario de encarnizados combates en la guerra que hoy está en su día 21.

Promesas

Salaam, que regresó a su país con un amigo quien no quiso ser identificado, dijo que Iraq les prometió un pasaporte iraquí, una casa y una novia tras el fin de la guerra, como recompensa.
Salaam no es un religioso tradicional.

El hombre dijo que lo más cerca que estuvo de la acción contra los estadounidenses fue disparar una granada contra un tanque.

"Siento que soy más fuerte que un héroe", afirmó. "Pensé que cuando viera un avión huiría, pero me quedé y esperé por ellos y Dios me dio la fuerza".

El cuerpo de otro voluntario fue conducido de vuelta al Líbano la semana pasada. Las multitudes recibieron el ataúd con flores y arroz en las estrechas calles del campo de refugiados palestinos Bourj al-Barajneh de Beirut.

Para los libaneses, los que combatieron a los estadounidenses en Iraq son héroes.
"Estoy orgulloso de haber ido. También sentí que mi padre estaba muy orgulloso porque fui. No dijo nada pero estaba orgulloso", dijo el amigo de Salaam.

"Nuestros amigos nos ven como héroes", añadió. "Uno de ellos me dijo que le tiene miedo a los estadounidenses porque ellos tienen aviones de guerra y él odia el sonido. Pero le dije que Dios está de nuestra parte".

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