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Dudas árabes ante intenciones EE.UU.

En su incursión a Irak, el soldado Carlos José Córdoba sólo logró llegar hasta Sanarya, en donde lo hirieron. Inhabilitado, fue devuelto a los Estados Unidos, país de residencia.

Por John Otis
El cairo, egipto
El Diario de Hoy

Poco antes de ordenar el ingreso de las tropas estadounidenses en Iraq, el Presidente George W. Bush sugirió que un nuevo gobierno plural en Bagdad conduciría al florecimiento de los valores democráticos en Oriente Medio.

Las palabras de Bush estaban destinadas, en parte, a los millones de árabes que viven bajo regímenes autoritarios y crueles.

Pero ahora que los combates están en marcha en Iraq, muchos árabes han rechazado como un engaño la premisa del presidente estadounidense, que ha sido llamada la “teoría del dominó democrático” en una obra sobre la terminología de la Guerra Fría.

“Todos estamos de acuerdo en que esta región necesita más cambio, más democracia y más desarrollo”, dijo Hesham Youssef, portavoz de la Liga Árabe, con sede en la capital egipcia, El Cairo. “Pero la forma de introducir la democracia no es en las alas de un B-52 o por medio de un misil Tomahawk”.

Si a Estados Unidos verdaderamente le importara la voluntad del pueblo árabe, dicen muchos analistas aquí, nunca habría lanzado la invasión, a la que se opone una abrumadora mayoría en Oriente Medio.

Algunos incluso temen que en vez de fomentar la democracia, la verdadera intención de Washington sea extender su campaña militar y reconfigurar el mapa de la región.

“Usan palabras como Dios, fe y democracia para inspirar a los estadounidenses”, dijo Mohamed El-Sayyed Said, subdirector del Centro Al-Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos en El Cairo. “Pero los árabes creen que son blanco de la destrucción”.

Después de hablar durante meses sobre la necesidad de desarmar a Iraq a través de la fuerza militar, Bush ofreció en febrero un nuevo razonamiento para remover a Sadam Hussein del poder.

“El mundo tiene un claro interés en la difusión de los valores democráticos, porque las naciones estables y libres no engendran ideologías de muerte”, dijo Bush en un discurso el 26 de febrero.

“Un nuevo régimen en Iraq serviría como ejemplo inspirador de libertad para otras naciones en la región”.

Pero en el mundo árabe, el discurso del presidente fomentó la impresión de que las tropas estadounidenses no se detendrían en Bagdad. El año pasado, Bush mencionó a otra nación musulmana, Irán, como parte de un eje del mal junto con Iraq y Corea del Norte.

A fines del mes pasado, el secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, acusó a Siria de enviar lentes de visión nocturna y otro equipo militar a Iraq y dijo que Washington consideraba esos envíos como actos hostiles. El gobierno sirio rápidamente negó la acusación.

“Es como si Washington tuviera una lista de blancos”, dijo el analista Said.

En el pasado, Estados Unidos ha sido criticado por apuntalar a dictadores y monarcas represivos que gobiernan sobre gran parte del mundo árabe. Muchos de esos gobernantes suministran petróleo a Estados Unidos.

“Desde un extremo del mundo árabe al otro, el poder estadounidense invariablemente ha estado del lado del status quo”, escribió Fouad Ajami en una edición de la revista Foreign Policy.

La promoción vigorosa de la democracia era considerada peligrosa porque pudiera conducir a la elección de partidos islámicos radicales, como la proscrita Hermandad Musulmana de Egipto. El riesgo, dicen muchos, persiste hoy.

“En una elección libre, la Hermandad Musulmana ganaría fácilmente”, predijo el analista político egipcio, Emad Gad. “No podemos imaginar un Egipto gobernado por un partido islámico”.

El gobierno estadounidense empezó a reconsiderar su política hacia Oriente Medio tras de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

“La campaña de Estados Unidos para promover la liberalización política árabe se remonta al 11 de septiembre, cuando los estadounidenses pagaron un precio exorbitante, en parte, porque los regímenes árabes durante mucho tiempo se habían negado a proporcionar canales importantes para el descontento popular aparte de exportar a sus extremistas”, dijo Patrick Clawson, subdirector del Instituto para la Política Cercanoriental en Washington.

Una nueva estrategia para la región fue dada a conocer por el secretario de Estado Colin Powell en diciembre. Pareció ser un enfoque paulatino.

Conocida como la Iniciativa de Asociación entre Estados Unidos y Oriente Medio, destinó 29 millones de dólares iniciales a ayudar a los regímenes de la región a desarrollar la democracia, como programas para fortalecer la sociedad civil, extender la participación política y promover derechos de la mujer.

Clawson dijo que el objetivo “sería abrir, fortalecer y, por tanto, mejorar a los amigos autoritarios de Washington, en vez de reemplazarlos”.

Antes de que estallara la guerra en Iraq, algunos países de Oriente Medio ya habían dado pasos hacia reformas democráticas modestas.

Algunos sostienen que los combates en Irak refrenarán los esfuerzos de reforma e incluso conducirán a un retroceso. El mes pasado, las autoridades egipcias encarcelaron a cientos de manifestantes en El Cairo que estaban protestando por la guerra.

Otros creen que la guerra radicalizará al mundo árabe y creará una nueva generación de líderes extremistas como Osama bin Laden.

"Temo que esta guerra tendrá enormes consecuencias y conducirá a un aumento en el terrorismo", dijo el Presidente egipcio, Hosni Mubarak. "Cuando esta guerra termine, podría haber 100 Bin Ladens en vez de uno".

Sin embargo, algunos comentaristas árabes creen que el gobierno de Bush pudiera tener un punto a favor con su teoría del dominó democrático.

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