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¡Se
acabó Sadam!
El
régimen iraquí se desmoronó sin mayor
resistencia. Pese a las celebraciones de júbilo en
Iraq y en Estados Unidos, los norteamericanos sostienen que
la guerra aún no termina.
BAGDAD
REUTERS.-
El Diario de Hoy
internacional@elsalvador.com
El gobierno de Saddam Hussein se derrumbó el miércoles,
cuando tropas de Estados Unidos irrumpieron en el centro de
Bagdad y ayudaron a eufóricos iraquíes a derribar
una estatua de su derrocado líder, cuya seccionada
cabeza fue arrastrada por las calles.
En medio de escenas caóticas de regocijo, saqueos y
aislados tiroteos, los iraquíes bailaron sobre la caída
estatua de seis metros de alto, expresando desprecio al hombre
que los gobernó con mano de hierro por 24 años,
durante los cuales el país pasó por tres guerras
con grandes pérdidas humanas y económicas.
Pero el control estadounidense sobre la capital iraquí
no era completo. Al caer la noche las calles quedaron vacías
y se escuchaba el fuego de tanques y de artillería
en la ribera occidental del río Tigris.
Nada se sabía de Hussein y sus dos hijos --Uday y Qusay--,
que fueron blanco de un bombardeo aéreo estadounidenses
el lunes en un área residencial. Funcionarios norteamericanos
dijeron que no sabían si sobrevivieron al ataque.
Las fuerzas encabezadas por Estados Unidos tienen todavía
que tomar ciudades del norte como Mosul, Kirkun y Tikrit,
esta última la cuna de Hussein y base de su poder tribal,
a unos 175 kilómetros al norte de Bagdad.
Fuerzas estadounidenses y de los rebeldes kurdos desalojaron
a los efectivos iraquíes de una montaña vital
para la defensa de Mosul, en su mayor victoria en el norte.
En escenas que rememoraron la caída del Muro de Berlín
en 1989, grupos de iraquíes intentaron derribar la
base de mármol de la estatua de Hussein con golpes
de un enorme martillo.
Jóvenes colocaron una cuerda alrededor del cuello de
la estatua, pero la mole sólo pudo ser derribada con
una cadena que fue tirada por una grúa de los marines
estadounidenses.
Los soldados que inicialmente treparon a la estatua taparon
brevemente la cara de la efigie de Hussein con una bandera
estadounidense, pero la reemplazaron rápidamente por
una iraquí.
Los jubilosos iraquíes reunidos en la plaza del centro
de Bagdad bailaron con los brazos en alto sobre la estatua
caída y la golpearon con la suela de sus zapatos, en
un gesto sumamente ofensivo en el mundo árabe.
La escena, transmitida en directo por televisión, se
produjo justo tres semanas después de que el presidente
estadounidense, George W. Bush, ordenara el inicio de la guerra
para derrocar a Hussein y tomar el control de las armas iraquíes
de exterminio, que el gobierno de Iraq negó insistentemente
tener.
Hasta ahora no se ha encontrado evidencia definitiva sobre
armas de exterminio en Iraq, pero expertos estadounidenses
están analizando sustancias sospechosas descubiertas
a principios de esta semana.
La guerra ha costado ya la vida de 96 estadounidenses, 30
británicos y una cantidad desconocida, que se calcula
es de millares, de bajas civiles y militares iraquíes,
además de grandes daños materiales.
La operación encabezada por Estados Unidos ha causado
también crecientes necesidades humanitarias.
Cálido recibimiento
Mientras avanzaban las tropas norteamericanas, numerosos iraquíes
lanzaron flores y aplaudieron a los marines que atravesaron
la suburbana Ciudad Saddam, donde viven dos millones de iraquíes
chiítas pobres.
"No más Saddam Hussein", coreaba un grupo
mientras saludaba a las tropas. "Los queremos, los queremos".
La guerra ha provocado gran ansiedad y resentimiento en el
mundo árabe y cualquier exhibición de la bandera
estadounidense parece avivar esos sentimientos.
En todos los países árabes, la gente que se
reunió para observar por televisión los sucesos
del miércoles en Bagdad reaccionó con una mezcla
de estupor, incredulidad, disgusto y desprecio, tanto por
Saddam Hussein como por los estadounidenses.
"Parecía que todos los iraquíes estaban
con Saddam, ahora parece que a muchos no les gustaba. Tal
vez los que destruyeron la estatua eran rebeldes contra el
gobierno de Saddam", dijo el ingeniero egipcio Magdy
Tawfig, quien observó por televisión en El Cairo
el derribo de la estatua.
Funcionarios estadounidenses advirtieron que, pese a los bailes
de victoria, la guerra en Iraq todavía no ha concluido.
Sin embargo, una ola de euforia se advirtió en el gobierno
de Bush, donde casi todos estuvieron atentos a las dramáticas
imágenes de la televisión.
Bush mismo vio por televisión el comienzo de los esfuerzos
para derribar la estatua antes de concentrarse en reuniones.
Cuando esas sesiones concluyeron, la estatua ya había
caído.
El presidente "observó cómo arrastraron
(la cabeza de la estatua) por las calles de Bagdad. Dio unos
pasos, miró eso en el suelo y exclamó: La
derribaron", dijo el portavoz de la Casa Blanca,
Ari Fleischer.
El primer ministro británico, Tony Blair, dijo a través
de un portavoz: "Todos estamos, como pueden esperar,
mirando esas imágenes junto con el resto del país
y estamos encantados de lo que estamos viendo".
La nota más triunfalista provino del secretario de
Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, un arquitecto clave
de la guerra.
"Saddam Hussein está ahora ocupando el lugar que
le corresponde al lado de Hitler, Stalin, Lenin y Ceausescu
en el panteón de los dictadores brutales caídos
y el pueblo iraquí está en su camino a la libertad",
declaró.
Hussein, quien tomó el poder en 1979 y dirigió
luego a Iraq en una guerra de ocho años con Irán
y en las dos derrotas militares a manos de Estados Unidos,
había prometido derrotar a la invasión estadounidense
y británica lanzada hace tres semanas para derrocarlo.
Saqueo rampante
Cientos de personas saquearon los edificios oficiales de Bagdad,
sacando de ellos todo lo que pudieran transportar, desde equipos
de aire acondicionado hasta flores.
El Ministerio de Finanzas estaba en llamas al final del día,
sin que estuviera claro cómo comenzó el fuego.
"Señores, si ustedes supieran lo que este hombre
le hizo a Iraq", gritó un anciano, mientras aplastaba
con su zapato un retrato de Hussein, quien estuvo en el poder
por 24 años.
"El mató a nuestros jóvenes, mató
a millones", añadió.
Rumsfeld advirtió que vendrán "días
difíciles y muy peligrosos".
"Todavía debemos capturar, dar cuenta o de otra
manera encargarnos de Saddam Hussein, sus hijos y los altos
líderes iraquíes", dijo Rumsfeld en una
declaración en el Pentágono.
El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, dijo a editores
de diarios reunidos en Nueva Orleans que funcionarios de Estados
Unidos e Iraq se encontrarán pronto para comenzar a
diseñar un gobierno interino iraquí.
El líder del opositor Congreso Nacional Iraquí,
Ahmad Chalabi, dijo a Reuters que esa reunión se realizaría
el sábado en la base aérea Ali ibn Abi Talib,
en las afueras del pueblo de Nassiriya, en el sur de Iraq.
Estados Unidos planea instalar una administración civil
bajo el mando de un general retirado norteamericano, cuyo
objetivo será preparar la eventual creación
de un gobierno interino administrado por los iraquíes.
El pueblo natal de Hussein, Tikrit, centro nervioso de los
servicios de seguridad iraquíes y de la infraestructura
de comando y control, emergió como el próximo
objetivo potencial de la invasión.
Muchos de los principales miembros del clan en el cual se
basaban el gobierno y el liderazgo militar de Hussein son
de Tikrit.
Blair advirtió sin embargo que era muy pronto para
declarar la victoria militar en Iraq.
"Este conflicto todavía no ha concluido. Todavía
hay resistencia, no muy extendida entre el pueblo iraquí
pero sí entre los sectores del régimen de Saddam
que quieren continuar en el poder", afirmó.
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