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Una alegría compartida

Las madres de algunos de los soldados salvadoreños destacados en Irak no tienen miedo de decir que rebosan de felicidad al conocer que la guerra, virtualmente, ha concluido y que sus hijos pronto volverán a casa

Mauricio Vallejo/
Rosa Fuentes/
Wenceslao Martínez
El Diario de Hoy
internacional@elsalvador.com

Borís Polanco y Mercedes Martínez se mantienen preocupados por Richard Brito, su hijo. Foto EDH

La guerra podría finalizar pronto, y los familiares de los salvadoreños que están en el frente de guerra esperan conciliar el sueño al menos por una noche, confiado en que Sadam Hussein se rendirá y la pesadilla de la guerra finalice.

Todos están en contra de la guerra, pero al ver a sus familiares en semejante situación, han optado por apoyar el bando que ellos defienden.

Aquellos que tienen familiares en la guerra han padecido crisis nerviosas, estrés. Incluso, una madre perdió a su hijo.

La esposa de Francisco Rubio Márquez, un soldado que ha participado en la guerra de Bosnia, Afganistán y y que está en la guerra contra Irak, perdió a su hijo al enterarse de que su marido iría a combatir.

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Una condecoración especial
En su incursión a Irak, el soldado Carlos José Córdoba sólo logró llegar hasta Sanarya, en donde lo hirieron. Inhabilitado, fue devuelto a los Estados Unidos, país de residencia. (10/04/03)

En La Unión, Mirna Márquez, madre de Rubio, da gracias a Dios porque la guerra terminó. Ahora sólo espera que su hijo la visite para ofrecer en su honor una misa de agradecimiento a Dios “por haberlo guardado con vida”.

De la misma manera, en San Salvador, otra familia, la Polanco-Martínez, da gracias al Todopoderoso por la finalización de la guerra.

Mercedes Martínez y Borís Polanco (padrastro), padres de Richard José Brito, confiesan que el insomnio los ha afectado por muchos días. “Tal vez está noche (ayer) sea la primera noche que durmamos”.

La más afectada ha sido Mercedes, quien ha tenido problemas de tensión arterial debido a las angustias de madre. Ayer, cuando observó la estatua de Hussein desmoronándose, se sintió aliviada.
A pesar de los desvelos, el trabajo ha continuado, en ningún momento abandonaron sus labores.

Aunque Richard es paramédico, tiene que estar cerca de la zona de combate y por eso se expone a un constante peligro.

A Dios rogando

En Santa Ana, doña Irma Campos también espera que su hijo vuelva ileso. Por eso no deja de orar por la protección de su muchacho.

La última vez que platicó con su hijo, Reynaldo Valle, fue el domingo pasado, al mediodía. Él se encontraba en uno de los frentes de batalla en Irak.

Las breves palabras que intercambio con él, recuerda, la llenaron de esperanza. Por eso, inmediatamente después de colgar el teléfono, se dirigió a la Iglesia para darle gracias a Dios.

Doña Irma espera ahora que su vástago y los hijos de todas las madres regresen de Irak con vida.
Y como mensaje a todas las madres del mundo expresó:

“Tratemos de hacer realidad el mensaje bíblico de Jesús: “Amaos los unos a los otros, como Yo los he amado”.
Con ansias, todos esperan buenas noticias.

“Tengo varias noches de no dormir esperando que mi hijo esté bien. Está noche (ayer) espero dormir tranquila. Estoy feliz de que la guerra termine”.
Mercedes Martínez
Madre de Richard Brito

“Lo que nos hace sentir bien es que él está allí para salvar vidas, de ambos bandos, no para quitarlas. Si estuviera como soldado, me sentiría más triste”.
Borís Polanco
Padrastro de Richard Brito

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