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Para
ganar, no bastarán las balas
Este
panorama cerca de la ciudad de Basora es una combinación
de Mad Max y el Infierno de Dante.
NICHOLAS D. KRISTOF
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| Los casquillos de los proyectiles
de las metrallas alfombran las calles que
conducen hacia Bagdad, la capital que está a punto
de caer en manos de los Aliados. Foto:
AP |
La carretera está sembrada de restos de tanques, artillería
y camiones iraquíes, mientras nerviosos soldados británicos
utilizan sus tanques para crear un retén en las afueras
de Basora. Francotiradores iraquíes a cierta distancia
disparan con ametralladoras y morteros periódicamente
contra los tanques, mientras familias de civiles iraquíes
avanzan lentamente, cargados con sacos repletos de sus posesiones
sobre los hombros. Atrás de ellos, el cielo es un fondo
apocalítico, negro por el humo de los incendios de
los pozos petroleros.
Los iraquíes comunes aquí parecen ser más
pragmáticos que muchos de los oficiales estadounidenses
que deben decidir su destino. Mientras los ideólogos
en Washington emiten juicios acerca de lo que creen que desean
los iraquíes, muchos iraquíes parecen ser menos
dogmáticos y están dispuestos a suspender cualquier
juicio hasta que obtengan una respuesta a esta pregunta: ¿mejorará
en alguna forma la guerra la vida de la gente?
Desafortundamente, muchos iraquíes están encolerizándose
porque, al menos hasta ahora, la guerra ha hecho su existencia
incomparablemente peor. Han perdido sus alimentos, su agua
potable y su seguridad. En cada fétido charco de agua,
las familias llenas sus recipientes de plástico con
el agua contaminada que es lo más cercano que pueden
obtener al líquido que necesitan.
Sería perfecto si los soldados nos trajeran agua,
dice Munshid, un joven de Basora que, como otros, no quiso
que se empleara su nombre completo. Pero la verdad es
que hasta ahora sólo nos han traído sed.
Los americanos nos están tratando como si fueramos
basura, dice un residente de Basora, Muhammad, de 35
años. Los soldados están destruyendo los
retratos de nuestro presidente, y eso es todo lo que están
haciendo.
Un ex oficial del ejército que huía de Basora
con su esposa y seis hijos hizo un gesto de desprecio cuando
le pregunté si la invasión traería alguna
mejoría para ellos posteriormente. No veo que
pueda haber un resultado bueno de esto, dijo, con un
dejo de amargura.
No obstante, el humor popular, cuando menos aquí en
el sur, podría cambiar radicalmente si Estados Unidos
pudiera hacer algo para mejorar la vida de los habitantes.
La mayoría de los iraquíes con los que he hablado
no parecen estar apasionadamente en contra o a favor de la
guerra: sólo quieren que sus hijos no mueran de enfermedad
por el agua contaminada.
Me doy cuenta de que no hay respuestas fáciles. Vi
a un soldado revisar una caja de tomates de un campesino en
un retén, echando a perder muchos de ellos en el proceso,
y me pregunté si era necesario. Pero, un poco después,
un iraquí me contó acerca del hombre que había
ocultado un rifle AK-47 en el fondo de un cajón de
tomates, y ahora espero que los soldados revisen cuidadosamente
cada caja de vegetales.
Los obstáculos
Un obstáculo para la ayuda es que Iraq todavía
es un lugar extremadamente peligroso, incluso para esos inmensamente
valientes embajadores de la civilización conocidos
como trabajadores humanitarios. Incluso los infantes de Marina
que compañaban el convoy de camiones kuwaitíes
cargados de alimentos con los que yo viajé exigieron
una escolta militar más poderosa para hacer el recorrido
de tres kilómetros, a plena luz del día, desde
la frontera kuwaití hasta una base británica.
(Esto fue en el pueblo Umm Qasar).
En la base, tres colegas periodistas y yo cubrimos nuestras
licencias kuwaitíes con tela adhesiva y emprendimos
el viaje por nuestra cuenta hacia Basora. Viajamos a 90 kilómetros
por hora a lo largo de la carretera desierta, pasando al lado
de vehículos quemados y dejando atrás a ocasionales
caminantes, como un hombre que había caminado 16 kilómetros
para comprar unos huevos en Basora para su familia.
La opinión pública aquí es difícil
de determinar, pero en mi opinión todavía tenemos
la esperanza de ganar la aceptación pública
si podemos mejorar la existencia de la gente, y si podemos
hacerlo pronto.
En el escenario de un combate cerca de Basora, recogí
un par de casquillos de munición de tanques, porque
a mis hijos les encantan los tanques. Necesito explicarles,
sin embargo, que aquí en Iraq se necesitará
algo más que balas para ganar esta guerra. Se necesitará
seguridad, agua potable... y huevos.
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