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Soldados
heridos: habían balas por todas partes...
Varios
soldados de la Infantería de Marina fueron atacados
cuando se disponían a descansar, cerca de una caretera
a la ciudad de Nasiriya. Ahora se recuperan de sus heridas
LANDSTUHL, ALEMANIA
AP.-
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| El
sargento Bill Hale explica su experiencia en el campo
de combate. Foto AP |
Una estación de servicio abandonada en una carretera
de acceso a Nasiriya pareció el lugar adecuado para
un descanso y dormir un rato antes de reanudar la marcha.
El teniente de la Infantería de Marina, James Uwins,
llevaba días durmiendo dos o tres horas.
Su columna de abastecimiento acababa de reponer de armamento,
municiones, alimentos y otros pertrechos a la tropa que defendía
una cabeza de puente justo al sur de Nasiriya.
De hecho, el abastecimiento logístico casi funcionó
ininterrumpidamente ante el avance constante de la Infantería
de Marina, que apenas disponía de tiempo para descansar.
Uwins se encaminó hacia su vehículo todo terreno
anticipando unas horas de merecido reposo. Fue entonces cuando
vio las primeras balas trazadoras.
Uwins se arrastró hasta ponerse a cubierto tras su
vehículo pero los disparos le alcanzaron en ambas piernas.
Luego comenzaron a llover granadas propulsadas por cohetes
y misiles.
En medio del fuego
No tenía ni idea de dónde procedía
el fuego, contó el miércoles Uwins a los
periodistas en el Centro Médico Regional de Landstuhl,
en el sur de Alemania, donde es atendido de sus heridas. Luego
nos dimos cuenta de que venía de tres direcciones en
nuestro perímetro.
El sargento mayor de la Infantería de Marina, Bill
Hale, un veterano de la guerra del Golfo Pérsico de
1991 que liberó Kuwait, fue lanzado por el aire a una
altura de ocho metros por la onda expansiva de un proyectil.
Se nos disparó la adrenalina, comentó
Hale desde su silla de ruedas.
La explosión inicial le causó una hernia de
disco. Hale se dislocó además su rodilla derecha
y sufrió daños neurológicos, que le dejaron
sin sensación en los dedos de su pie derecho.
Para cuando concluyó la emboscada del 25 de marzo,
hora y media después de sonar el primer disparo, 31
combatientes del 2do Batallón del Octavo Regimiento
de la infantería de marina con base en Camp Lejeune
habían sido heridos, aunque ninguno de muerte.
Una lucha diferente
Para el sargento Hale, el contraste con la guerra del golfo
Pérsico que libró hace 12 años no pudo
ser más chocante.
En aquel entonces, la población kuwaití los
recibió con los brazos abiertos. Hoy, no hay forma
de distinguir entre los soldados y los civiles iraquíes.
Y la resistencia iraquí ha frenado el avance de las
fuerzas de la coalición.
En Nasiriya, esta batalla debería haber durado
solamente seis horas. Pero, llevábamos combatiendo
cinco días seguidos, 24 horas diarias, reconoció
Hale, de 35 años al explicar por qué cayeron
en la emboscada.
Los infantes de marina figuran entre los 221 combatientes
atendidos en Landstuhl, el mayor hospital militar norteamericano
fuera de Estados Unidos, desde que comenzó la guerra
en Iraq.
Permanecen hospitalizados 95, 51 marines, cuatro soldados
del ejército, dos de la armada, uno de la fuerza aérea
y un civil, dijo la vocera de Landstuhl Marie Shaw.
Festajan rescate de prisionera
PALESTINE, EE.UU.
Las preocupaciones durante más de una semana por la suerte
de la soldado Jessica Lynch, de 19 años, se transformaron
rápidamente en un alegre festejo, mientras su familia
y amigos se regocijaban por su rescate en Iraq.
Al principio pensé que era una broma del día
de los Inocentes, dijo su padre, Greg Lynch. Pensé
que era una broma cruel. Puedo soportar la mayoría de
las cosas, pero no eso. Me aseguraron que no bromeaban.
Fuerzas estadounidenses para operativos especiales, actuando
según un informe de inteligencia del paradero de Lynch,
burlaron el martes a las líneas enemigas y rescataron
a Lynch del hospital Sadam, dijeron oficiales militares.
Estamos verdaderamente orgullosos de que hayan arriesgado
sus vidas para entrar y rescatar a nuestra hija, dijo
el padre de Jessica. Esperamos que todo el resto de las
tropas vuelva a casa sano y salvo.
Conforme la noticia se difundía a lo largo del condado
Wirt, uno de los más pequeños de Virginia Occidental,
más de 70 amigos y parientes se reunieron en la casa
de la familia en la comunidad agrícola de Palestine,
ubicada a unos 110 kilómetros al norte de Charleston.
La madre de Jessica le dijo a la televisora WCHS: Estoy
tan emocionada. No puedo hablar. Sabía que mis oraciones
no podían fallar. |
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