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Kurdos
sueñan con volver a casa
Sonjol
Tofik recuerda el minuto preciso cuando ocurrió: 2:30
p.m. del 8 de abril de 2001.
Mike Williams
CAMPAMENTO TAKA, IRAQ
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Muchos kurdos están
dispuestos a enfrentar a las fuerzas de Hussein, muchos
otros temen ser nuevamente abandonados por los aliados..
Foto D\EDH / AP
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Ese fue el día que agentes de seguridad iraquíes
llegaron a su casa con una camioneta, ordenándole a
su familia empacar todas sus pertenencias y abandonar la casa
donde habían pasado toda su vida.
Yo estaba cubierta en lágrimas, expresó
Tofik, de 34 años de edad, quien empacó frenéticamente
las cosas de sus tres hijos pequeños y todos los objetos
de valor que tuvo tiempo de recoger con sus manos. Lloré
por días y días.
El delito que había cometido la familia de Tofik: pertenecían
a la etnia curda, y su marido, Hkmat Mohamad Tofik, de 45
años de edad, se había negado a convertirse
en espía del régimen de Sadam Hussein en contra
de su porpia gente.
Mi hermano fue arrestado por el régimen hace
muchos años, dijo. Nunca volvimos a saber
de él. La razón de que el régimen quisiera
que yo trabajara como espía se debe a que creían
que los kurdos confiarían en mí, ya que mi hermano
había sido arrestado y casi seguramente ejcutado.
Corrección Nacional
La familia se unió a cientos de kurdos y otros grupos
que fueron objeto de ataques por parte del régimen
de Sadam, en una política bajo el escalofriante nombre
de Corrección Nacional. Obligados a veces
a mudarse hasta distantes campamentos de refugiados o incluso
al otro lado de la frontera hasta llegar a Irán, sus
hogares fueron entregados a familias que son favorecidas por
el régimen, con mayor frecuencia árabes, quienes
a veces pagaron bonos para llevar a cabo la mudanza.
Algunos kurdos recibieron instrucciones relativas a que debían
firmar tarjetas de identidad donde se cambiaría su
herencia a árabe, si deseaban que sus hijos
fueran capaces de asistir a escuelas iraquíes, al tiempo
que a otros les dijeron que debían unirse al ejército
iraquí o convertirse en espías, según
Tofik.
Hoy día, con el ataque de la coalición y las
probabilidades de que Sadam pudiera caer, la familia Tofik
espera que su larga pesadilla vaya a terminar pronto.
No obstante, es esa misma perspectiva lo que preocupa a estrategas
militares de Estados Unidos, quienes temen que una migración
interna y en masa tras la guerra, con gente reclamando hogares
ocupados por otros, pudiera desatar nuevos actos de violencia.
Las inquietuds se tornan más complejas a causa de los
temores relativos a que el país vecino, Turquía,
que ha peleado por sofocar una rebelión kurda entre
su propia población, pudiera enviar a sus tropas a
la región.
Si bien no existen cifras firmes con respecto a las migraciones
forzosas dentro de Iraq, grupos por los derechos humanos estiman
que los números de personas pudieran llegar incluso
a 100,000.
Entre los grupos que han sido atacados en la campaña
había musulmanes chiítas que viven en el sur
de Iraq, en los pantanos cerca de Basora, cuyas aldeas a veces
han sido quemadas. Sadam forma parte de la vertiente sunnita
del islamismo, y su régimen siempre ha temido a los
chiítas, mismos que conforman un porcentaje mayor de
la población de Irak.
Rebelión sin apoyo
La campaña de reubicación fue extensiva a la
zona cercana a la ciudad de Kirkuk, rica en petróleo,
al norte de Iraq, reclamada desde hace mucho por los kurdos.
Al igual que los chiítas en el sur del país,
los kurdos se alzaron en rebelión en contra de Sadam
tras la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, pero no recibieron
ayuda militar de la coalición encabezada por Estados
Unidos y fueron derrotados por unidades del ejército
iraquí.
Iraq sigue controlando Kirkuk y otra ciudad rica en petróleo
al norte, Mosul, pero los kurdos controlan con firmeza las
montañas al norte y el este.
Fue hacia esta región que huyó la familia Tofik,
uniéndose a una oleada de miles de otros curdos desplazados.
Fueron obligados a pagar el equivalente de 100 dólares
al chófer del camión que los llevó con
todo y sus pertencencias hasta territorio kurdo, donde fueron
depositados en un escuálido campamento de refugiados
con drenaje abierto y tiendas decrépitas.
Fue horrible, expresó Hkmat Tofik. No
tenía empleo y tuvimos que vender nuestras pertenencias
para sobrevivir. Las condiciones eran deplorables.
La familia vivió en el campamento durante 19 meses,
sobreviviendo con alimento donado por grupos humanitarios.
Apenas cuatro meses atrás, el viejo campamento fue
cerrado y se mudaron a otro nuevo que construyeron trabajadores
de ayuda humanitaria de Naciones Unidas (ONU), donde tienen
una casita de bloques de cemento con piso del mismo material,
la cual está junto a una terracería que acaba
de ser nivelada.
Su hogar tiene apenas el tamaño suficiente para la
familia de cinco integrantes, que incluye a tres niños
de ojos vivaces cuyas edades van de los 2 a los 8 años
de edad.
Hkmat Tofik aún no ha encontrado trabajo y la familia
sobrevive a base de comida donada.
Hoy día, la familia vive apenas a 40 kilómetros
de Kirkuk, pero la cercanía de las líneas de
batalla de Iraq los separa del hogar al que habían
esperado regresar.
Tofik cree que los iraquíes que actualmente viven en
su casa -y los miles más que han desplazado a otros
-kurdos-) se marcharán pacíficamente.
Muchas de las personas que están viviendo en
nuestros hogares nunca quisieron mudarse ahí,
aseguró. Lo hicieron por el dinero o porque temían
a las consecuencias si no cooperaban con el régimen.
Creo que ellos albergan tantos deseos de volver a sus hogares
como nosotros de regresar a los nuestros.
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