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Inmigrante muere como un héroe

La familia de cada soldado estadounidense que muere en combate recibe una visita personal de autoridades militares que le dan la noticia y ofrecen sus condolencias.

Susan Ferris

José Gutiérrez llegó a los Estados Unidos como un inmigrante en busca de su sueño americano. Ahora es considerado un héroe de guerra. Foto: AP

Para la hermana del Cabo Interino José Antonio Gutiérrez, infante de la Marina estadounidense, ese llamado a la puerta llegó a las 2:20 de la madrugada de un sábado, en un barrio pobre de Ciudad de Guatemala.

Gutiérrez, quien murió en combate el viernes 21 de este mes en Iraq, está entre quienes ahora son proclamados como héroes que sacrificaron sus vidas para liberar a Iraq. Sin embargo, el infante de marina empezó su corta vida en Estados Unidos como inmigrante indocumentado, segmento que genera mucho menos simpatía entre los estadounidenses.

Viajando por tren, autobús y a pie, además de haber cruzado hacia Estados Unidos ilegalmente más o menos hace nueve años, Gutiérrez apenas era una adolescente cuando huyó de su nativa Guatemala, desgarrada por la guerra, así como de una infancia sumamente difícil.
Gurtiérrez se convirtió en tirador en el Cuerpo de Infantes de Marina en septiembre pasado y soñaba con volverse arquitecto, eventualmente.
En vez de ser así, se convirtió en uno de los primeros dos infantes de marina muertos en combate, en el intento con miras a tomar el control de la ciudad portuaria de Umm Qasar.

Hijo adoptivo

Gutiérrez tiene una familia adoptiva en California. Su hermana, en Guatemala, espera darle sepultura en su país, con plenos honores del Ejército estadounidense.
“Sí, me siento orgullosa porque no cualquiera renuncia a su vida por otro país”, dijo ante reporteros Engracia Clarín, de 32 años de edad, en Guatemala. “Pero, al mismo tiempo, me enfurece, porque luchó por algo que no era suyo”.

Gutiérrez se mantuvo muy cerca de sus hermana, enviándole dinero y fotografías de modo regular.
Además, el embajador de Estados Unidos en Guatemala se unió a representantes castrenses que transmitieron la noticia a la hermana de Gutiérrez.

“Nos unimos a los guatemaltecos en la memoria del Cabo Interino Gutiérrez, quien dio el máximo sacrificio en servicio de su país por adopción, Estados Unidos. En nombre del pueblo estadounidense, honro su servicio y expreso mi gratitud por su valor y dedicación", dijo el Embajador John R. Hamilton.

Gutiérrez y su hermana quedaron huérfanos antes de que él cumpliera 10 años, y se vio obligado a trabajar en una planta acerera para sobrevivir. Una familia lo adoptó por un tiempo, y después fue descubierto en las calles de Ciudad de Guatemala por algunos trabajadores sociales de la Casa Alianza, la filial latinoamericana de la Covenant House, con sede en Nueva York, misma que atiende y da refugio a jóvenes en problemas.
Bruce Harris, el director de Casa Alianza, conoció a Gutiérrez cuando ingresó por primera vez a la misma, en 1983.

Dijo haber considerado un tanto irónico que Gutiérrez hubiera muerto por las fuerzas armadas de un país adoptado, donde muchos no aprecian la dura travesía por la que Gutiérrez ya había pasado en su infancia.
“Ahora es magnífico enterarse de que están considerando a José Antonio como un héroe. Pero cuando estaba cruzando la frontera, lo llamaron mojado”, dijo Harris. “En mi mente fue un héroe cuando decidió abandonar las calles. El resto tan sólo es política”.

La última carta


Al parecer Gutiérrez, una vez que fue adulto y estaba fuera de Casa Alianza, optó por seguir un sueño y una travesía hasta Estados Unidos, viajando a través de México y cruzando la frontera en compañía de otro joven.
De modo similar, todo parece indicar, según Harris, a Gutiérrez le otorgaron asilo político, probablemente porque era un niño de la calle, grupo que a menudo es perseguido por la policía y fuerzas de seguridad en Latinoamérica.

Se informó que Gutiérrez pasó un tiempo en un refugio de indigentes en Hollywood, antes de que fuera llevado bajo la custodia de padres adoptivos, Max y Nora Mosquera, quienes viven en Lomita, California, cerca de Los Angeles.
José Antonio Gutiérrez aprendió inglés, estudió el bachillerato, jugaba fútbol sóccer y tenía habilidades para el dibujo.

"Se unió a la Armada para devolver un poco de lo que había recibido de Estados Unidos", según comentarios de Max Mosquera a la agencia AP. "Para él, era una cuestión de honor".
La última carta que Gutiérrez envió a su madre adoptiva, Nora, leía: "Mamá, acá hay mucha arena. Limpio mi tienda de campaña y a los 15 minutos tengo que limpiarla de nuevo. Incluso la comida está llena de arena".
Asimismo, decía, "Por favor, recen por todos nosotros".

 

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