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La ambivalencia del mundo árabe

Normalmente, las apariciones de Sadam Hussein por televisión impulsan pronunciamientos desaprobatorios, maldiciones y rezos por su muerte desde una congregación regular de aproximadamente 20 empresarios e intelectuales sauditas, pero la noche del pasado lunes fue diferente.

Neil MacFarquhar
DAMASCO, SIRIA

Dos mujeres musulmanas protestan contra la guerra en Iraq, frente a la mezquita Haji Ali, en Bombay. Foto: AP

Cuando apareció, rezaron para que Dios lo mantuviera vivo por unas cuantas semanas más.
“Quieren que Sadam Hussein se marche y esperan que lo haga con el tiempo, pero desean que resista un poco más debido a que buscan enseñarle una lección a los estadounidenses”, afirmó Khalid M. Batarfi, el editor administrativo del diario Al-Madina, al describir la escena dentro de una amplia sala en Jiddá, Arabia Saudita.

“Aquí está en juego el orgullo saudita”, agregó, describiendo un sentir que se extiende a lo largo de la región, desde Argelia hasta Yemen. “La propaganda estadounidense afirmó que iba a ser algo rápido y fácil, lo cual significaba que los árabes son débiles e incapaces de pelear. Ahora es como si el pugilista Mike Tyson peleara en contra de un debilucho. No quieren que el debilucho sea derribado en los primeros 40 segundos”.

Desde el inicio, ha existido cierta ambivalencia en el mundo árabe hacia la guerra en Iraq, ambivalencia que tiende hacia una clara hostilidad a medida que Bagdad, legendaria capital de las Mil y Una Noches, se sacude bajo oleada tras oleada de bombardeos.

Dudan del cambio


Los gobiernos de la región, nerviosos con respecto a la idea de un cambio de régimen inspirado por Estados Unidos, han estado tratando de apaciguar a Washington al tiempo que canalizan la ira para que salga de sus calles, permitiendo manifestaciones cada vez más numerosas. La ira a causa de la guerra podría enemistar a prácticamente cada régimen con su respectivo pueblo como nunca antes, según creen algunos analistas.

Desde la creación de Israel en 1948, seguida por repetidos retrocesos militares, los árabes han sentido cierta humillación en su propia región. Los supuestos beneficios de romper las ataduras del colonialismo demostraron ser una mentira: no podían elegir a sus propios gobiernos. Hartos de la retórica con respecto a la gloria perdida de los árabes, han esperado mucho tiempo la llegada de algún tipo de salvador.

El mandatario iraquí buscó llenar ese papel, logrando un vasto respaldo público en 1990 al afirmar que el camino hacia Jerusalén pasaba por Kuwait. Ya nadie cree en él, pero el anhelo persiste. Esta semana, todo parecía indicar que el pueblo iraquí, o quienquiera que estuviera combatiendo al ejército estadounidense, pudiera ganar ese papel.

¿Quién es el siguiente?

“Si el régimen de Sadam va a caer, es mejor para nuestro futuro, así como para nuestra autoconfianza y para nuestra imagen, que caiga peleando”, según palabras de Sadik Jalal Al-Azam, escritor y académico sirio. “El pueblo no está defendiendo a Sadam o su régimen, pero está dispuesto a dejar a un lado a Sadam en favor de un asunto de mayor importancia”.
Los gobiernos árabes se opusieron a la guerra en Iraq desde las primeras etapas. No compartían mucho afecto por Sadam, pero al parecer su reemplazo mediante la fuerza sentaba un precedente negativo.

“Si no sienten agrado por 100 regímenes en todo el mundo, ¿van a cambiarlos a todos?”, preguntó Buthaina Shaaban, uno de las portavoces de la Cancillería de Siria.
Esa perspectiva es intranquilizante para regímenes del área por diversas razones. En Siria, controlada por una brazo rival del Partido Baath de Iraq, el derrocamiento de baathistas en el vecino país se aproxima incómodamente a un furtivo adelanto de lo que pudiera llegar a ocurrir aquí.
“Nadie sabe quién será el siguiente”, dijo Georges Jabbour, catedrático sirio de leyes e integrante del Parlamento.

Gobernantes que han estado mucho tiempo a la cabeza han empezado a hacer ruido con respecto a la reforma.
“Tengo una pregunta acerca de la guerra”, dijo un chofer palestino en Ammán, al tiempo que su pasajero se preparaba para la diatriba acostumbrada sobre el cerrado grupo de Washington determinado a tomar Iraq para servir a intereses del sionismo y las grandes empresas petroleras. Sin embargo, su pregunta fue toda una sorpresa.

“¿Por qué sólo Sadam, por qué no todos ellos?”, dijo, recitando con fluidez decenios en poder acumulado por Yasser Arafat, el Rey Fahd, Moammar Gadhafi, Mubarak, etcétera.
La pregunta dejaba entrever cierto apoyo para deshacerse de Sadam, pero también el interrogante más extenso de porqué Estados Unidos está aislando a Iraq cuando en la región abundan regímenes represivos.

La guerra es muy joven todavía para saber hacia dónde conducirán sus efectos, y buena parte de eso depende de su resultado. No obstante, algunos árabes temen que aún pudiera terminar siendo el tipo de parteaguas histórico y suceso psicológico no visto en la región desde 1967, cuando los israelíes derrotaron a los árabes en la Guerra de los Seis Días.
“En 1967, nuestras expectativas y nuestros sueños eran muchos”, dijo Sawsan Shair, columnista de Bahrein. “Después de la guerra, el impacto fue terrible, y aún estamos sufriendo los efectos de ese impacto”.
     

 

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