La conciliación quedó a un lado

Un pacto entre opositores puso al descubierto las diferencias de visión política que existe entre quienes conforman el partido de “las manitas”. Por ahora, las deserción está descartada.

Ana Giralt
El Diario de Hoy

Hacia fuera, “las manitas” están estrechadas. Adentro, sin embargo, esto es un espejismo. La estrategia para enfrentar el proceso electoral de 2004 reveló las diferencias que existen en el Partido de Conciliación Nacional (PCN).

Las desavenencias las provocó el esfuerzo infructuoso por pactar una alianza alrededor de Héctor Silva, con los ya coligados CDU y PDC. En medio de las pláticas –que nunca cobraron la categoría de formales– los pecenistas descubrieron un pacto que esos dos partidos hicieron con un sector ortodoxo de ARENA para hacer desaparecer al PCN.

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La cúpula decidió con cálculo político
El PCN tiene claro que el candidato que se convierta en Presidente se enfrentará a un Asamblea dominada por la oposición.

No fue difícil darse cuenta. Primero, sólo Silva mostraba un interés por el apoyo pecenista. En la lista de condiciones para aceptar la candidatura –que hizo por escrito– estaba el acompañamiento del PCN.

Y segundo, la cúpula de la coalición acordó dejar para después del 21 de noviembre –fecha que inicia la campaña presidencial– cualquier plática con el PCN y, mientras tanto, éste tendría vetado el derecho de referirse a ese proceso.

El partido que dirige Ciro Zepeda Peña concluyó que eso los ponía en desventaja. ¿Por qué? Porque no tenían la garantía de que pasada la fecha, la “gran coalición de centro” se realizaría y, además, al partido le costaría más (de lo que ya le está costando) posicionar la fórmula propia y pelear para que no se repita lo que ocurrió en 1999, cuando el CDU le arrebató el tercer puesto en el caudal electoral.

En medio de todo, los “anti-PCN” no valoraron que se enfrentaban a un “rival” que lleva 41 años cimentando sus bases por todo el país. Fue eso, y el orgullo de no mostrarse débil, lo que llevó al Partido de Conciliación Nacional a decidir a competir sin compañía.

Un fin, dos medios

Un pecenista de casta era, entonces, el que encabezaría la dupla presidencial. Los nombres surgieron, y también las diferencias.

Cinco diputados, con visión nostálgica, apostaron por revivir la época militar. Fue así que surgieron los nombres de los coroneles en retiro Antonio Almendáriz y Noé González y del general Jaime Guzmán Morales.

El último descartó, de inmediato, retornar a la vida política. Los dos primeros se emocionaron con la postulación. Para su desdicha, ésta no era del agrado de quienes están cerca de Zepeda Peña, porque eso –concluyeron– haría crecer al partido y se convertiría en una amenaza para la dirigencia.

¿De que forma? Pensaron que los militares jalarían más votos que un civil, no para llegar la Presidencia, pero sí para reforzar la necesidad de un cambio de estrategia, que evite que el PCN esté en deuda con ARENA y, mucho menos, en alianzas pasajeras con el FMLN.

La idea, sin embargo, nunca fue apoderarse de las riendas del partido, mucho menos destronar a Zepeda, quien tiene más de doce años de dirigirlo, sino intentar que “las manitas” tengan la importancia de los años 70.

Los coroneles, en todo caso, no se opacaron. El apoyo que los diputados Orlando Arévalo, Juan Sorto, Dolores Rivas, Miguel Bennett (también militar) y, en cierto modo, Roberto Angulo les daban era suficiente para seguir adelante.

Los legisladores Mario Ponce, Isidro Caballero y Rubén Orellana se mantuvieron al margen, a pesar de apostarle al cambio. El agradecimiento los obligaba a ser fieles a la voluntad de quien les ha sacado de apuros, el secretario general, Ciro Zepeda.

La decisión

Zepeda trazó un plan. En una reunión comunicó –sin consulta previa– que el candidato llenaría tres requisitos básicos: trayectoria política en el PCN, formación profesional y contar con recursos para aportarlos a la campaña, ante la insuficiencia de fondos en el partido.

González llenaba el perfil. Los “nostálgicos” se emocionaron. La desilusión llegó rápido.

Elizardo González Lovo, cercano colaborador de Zepeda, les reveló que el elegido sería el diputado Rafael Machuca. La noticia la confirmaron días previos a la presentación de la fórmula ante los periodistas. No había nada que hacer.

Dagoberto Marroquín, Francisco Merino, Hernán Contreras, Julio Moreno Niños y otros miembros de la cúpula respaldaron la decisión, pues de ellos surgió la iniciativa.

El grupo “pro González” no dijo nada. El silencio era una muestra de rechazo y resignación. Pero sí sacaron sus propias conclusiones.

“Nadie se va del partido”, fue el acuerdo al que llegaron. Todos trabajarán por evitar que la coalición CDU-PDC desplace al partido del tercer puesto en las elecciones del próximo año, porque saben que la fórmula impuesta por la cúpula no es “vendible” y más que sumar votos los puede restar.



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