La magia de Saca

Análisis de El Diario de Hoy

Hasta hace muy poco tiempo, ARENA no podía aspirar, siquiera, al purgatorio. Después de casi 15 años en el poder, mil quebraderos de cabeza y un descalabro en las elecciones de marzo, nadie apostaba un centavo por ese partido.

Por las calles de un país lleno de ansiedad y desconfianza, ARENA caminaba, con una sumarísima vestimenta electoral.
Las cosas no podían estar peor: el partido oficial tenía, al frente suyo, un FMLN victorioso y en plena borrachera por el superávit político que tenía en su chequera partidaria.

Cuatro meses después, las cosas han cambiado. Todas las encuestas colocan a Tony Saca a la vanguardia de las cuatro figuras públicas que desean convertirse en el nuevo gobernante salvadoreño. La distancia que les lleva es más que apreciable.

¿Qué brebaje le dio Saca a los salvadoreños para que, de la noche a la mañana, borrara no sólo las ansiedades sino que acabó convirtiéndose en un nuevo y fuerte líder político del país?
La verdad es que si Max Weber reapareciera con todos sus estudios sobre el liderazgo y el carisma, y se juntara con otros sociólogos y hasta filósofos de la historia, tendrían en Saca un apetitoso caso de estudio.
La figura de Saca nace de una certerísima visión de quienes dirigen a ARENA. Una vez más, esa agrupación, encuentra al hombre adecuado para un momento histórico.

Saca fue, desde el principio, un corredor, con suficientes músculos en sus piernas, capaz de correr una aceleradísima carrera de apenas 100 metros.
ARENA no tenía tiempo para construirle músculos a cualquier candidato. Quedaban menos de ocho meses para escoger a su mejor hombre y fue capaz de hacerlo.
Eso sí: Tony Saca no sólo era un hombre con voz gorda y pareja.

Era también un hombre que, en las principales encuestas, mostraba más del 50% de opiniones favorables, requisito mínimo para construir un gobernante. Su figura calzaba con aquello de que el carisma se manifiesta antes de ser políticamente poderoso.

Pero, rápidamente, Saca también aprendió que para tener éxito necesitaba, además de entrega, construir una percepción de cambio, innovación y, sobre todo, emplear su mejor arma: el poder de comunicación. Y todo liderazgo se ejecuta con la comunicación.

Pero, algo más ayudó al candidato oficial. Schafik Handal provocaba temor. Fue entonces cuando Saca entendió otro secreto: en momento de desgracia, convirtió su liderazgo en fuente y medio de salvación. Con un excelente manejo de su imagen personal, se apuntó en eso otro brutal éxito personal.

Después se juntaron otros condimentos: Saca se envolvió una campaña publicitaria de lujo que le ha dado dos ganancias adicionales: 1) lo separó de la mala imagen de su partido y logró probar que, para el salvadoreño, lo más importante es el hombre y no la agrupación en la que está embalado; 2) lo muestra como un candidato joven, dinámico y enérgico que promete soluciones y libertad. Sus contrincantes se aparecen tiesos o con un maquillaje que no calza con una percepción moderna y de cambio.

Y, como parte de una catequesis de la política, el Presidente Francisco Flores hizo su aporte: después de la huelga del ISSS, su imagen recobró aliento. Además, su enérgica lucha contra las maras, apoyada por más del 70% de su población, acabó de empujar, aún más, el coche que conduce Saca.

El empresario es algo más que una voz gorda y pareja. • Se ganó la imagen de hombre dinámico con capacidad de detener una tragedia frente al FMLN

 



 
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