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Análisis
Mal arranque para el Centro
La figura de Héctor Silva
se perfiló, desde el principio de la campaña,
como el hombre capaz de encabezar las inquietudes de un fuerte
grupo de intelectuales decididos a construir, en el país,
una opción política de centro.
Lafitte Fernández
El Diario de Hoy
El
proyecto siempre significó un esfuerzo por despolarizar
la realidad política salvadoreña.
Desde el principio se creyó que el mejor camino para
hacer esa construcción debía girar sobre la
figura de un médico que hace tiempo se metió
a la política.
Tenían razones para hacerlo: mientras Silva actuó,
durante dos períodos, como alcalde de San Salvador,
ganó fama de buen administrador.
Eso era importante en la medida que, a pesar de que Silva
llegó a ese cargo, enfundado con la bandera del FMLN,
su figura permitía despojar la imagen de malos administradores
que, históricamente, han gozado los hombres que se
ubican en la izquierda.
Silva llevaba algo más consigo: todas las encuestas
demostraban que era el político menos rechazado por
los salvadoreños.
En fin, Silva reunía las mejores condiciones que un
candidato presidencial podía llevar consigo.
Eso lo convertía en el hombre que sería capaz
de pegar todas las porciones partidarias de aquellas agrupaciones
que decidiesen matricularse en el centro político.
Para los grandes arquitectos del centro las cosas, sin embargo,
comenzaron a marchar mal desde el principio.
El primer problema es que la personalidad del Dr. Silva lo
llevó a tambalear desde que se le ofreció, con
insistencia, la candidatura presidencial.
Muchas veces dijo que pensaría la propuesta que se
le ofrecía. Luego pidió más plazo para
tomar una decisión. Poco después volvió
a prolongarlo.
Cuando finalmente dijo que sí, su candidatura encabezó
un hecho tardío.
En el momento en que eso sucedió, la cancha ya estaba
marcada. Tanto Schafik Handal como Tony Saca se habían
posesionado como dos muy fuertes candidatos.
Otros factores contribuyeron a debilitar el zarpazo de Silva:
a los salvadoreños les costó entender de qué
se trataba el centro político.
Víctor Borge, un especialista en procesos electorales
centroamericanos, fue uno de los analistas que subrayó
ese hecho.
Incluso, sugirió que el mejor camino que deben seguir
las nuevas opciones políticas es formar una nueva agrupación
y no construir un camino en el que los electores sólo
tienen, al frente de sus ojos, una organización indefinida.
A eso se habría sumado otro hecho: los partidos que
formaron la coalición del centro no poseían,
por sí mismos, una organización partidaria en
todo el país.
De acuerdo con eso, el centro no contó con un vehículo
electoral eficiente. La poca estructura la obtuvo del Partido
Demócrata Cristiana. Y esta nunca fue suficiente.
Silva se planteaba, al principio, como una oferta atractiva
para aquellos hombres de negocios y financistas de campañas
políticas.
También para aquellos que estimaron -y no fueron pocos-
que poco se podría hacer con ARENA en estas elecciones.
Sin embargo, en la medida que la figura de Tony Saca creció
como espuma, a Silva se le fueron alejando los potenciales
contribuyentes.
Eso provocó que, al final del camino, Silva llegara
a una campaña presidencial con muy poco dinero.
Eso le impidió a la coalición del centro desplegar
recursos exigidos por la campaña y colocar muy pocos
anuncios en los medios de comunicación locales.
A pesar de lo que sucedió ayer, la configuración
del centro seguirá siendo una opción viable
y necesaria para muchísimos.
El problema es: ¿Se siguió el mejor camino para
desmagnetizar la realidad política salvadoreña?
Los constructores de ese centro tendrán que replantearse
la génesis de un centro electoral.
Algo hicieron mal.
Encontrar las respuestas correctas será el nuevo reto
que tendrán un influyente grupo de valiosos intelectuales
del país.
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